La esquina de Bogotá que guarda la historia de la Independencia

La esquina de Bogotá que guarda la historia de la Independencia

Un florero fue la excusa que hace 206 años encendió la reyerta entre criollos y españoles.

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19 de julio 2016 , 04:26 p.m.

¡Abajo el Virrey! ¡Abajo el mal Gobierno! ¡Que quiten al Virrey! ¡Abajo los chapetones!... Estos gritos que pedían la independencia de España los aclamaron campesinos, indígenas, esclavos y criollos el 20 de julio, hace 206 años, cuando el plan de algunos salió como se esperaba.

En la noche anterior, el 19 de julio de 1810, un grupo de criollos intelectuales se reunió en el observatorio astronómico de Francisco José de Caldas, junto a él, los hermanos Antonio y Francisco Morales, Luis Rubio, José Acevedo y Gómez, entre otros.

Cansados de no tener poder político, de que sus demandas estuvieran sesgadas al deseo de la corona Española y escépticos del poder de la madre tierra en Europa por las guerras napoleónicas y la Revolución Francesa, crearon un plan que aprovechó todas las circunstancias para lograr prender la chispa de la independencia.

La estrategia, que era sencilla, fue planeada cuidadosamente. "Don José María Carbonell, llamado el ‘Chispero', organizaría a los artesanos que estarían listos para tomar la plaza de Bolívar tan pronto se anunciara la composición de la Junta Suprema en reemplazo del virrey Amar y Borbón. Y Bárbara Forero, al mando de un batallón de mujeres, se organizó para facilitar el ataque al cuartel de artillería, en caso de ser necesario", explica el periodista e historiador Enrique Santos Molano.

Así fue que en la casa blanca de balcones verdes, en una esquina de la plaza, que hoy funciona como Museo de la Independencia, comenzó una pelea entre el grupo de criollos intelectuales y el comerciante español José González Llorente.

Foto: Óscar Cabezas / CEET

Se dice que los hermanos Morales, junto con algunos de los que se habían reunido la noche anterior, llegaron al primer piso de la casa donde el español pagaba arriendo para tener el almacén donde vendía diferentes objetos traídos de Europa.

Le pidieron a Llorente un centro de mesa o un florero, depende de la versión, para darle la bienvenida al criollo Antonio Villavicencio, que supuestamente llegaba con órdenes directas desde España. Pero González Llorente se negó a la petición y esa fue la excusa perfecta para comenzar una disputa de tinte político.

Según explica Hernán Olano, director del departamento de Historia de la Universidad de La Sabana, "Antonio Villavicencio era el enviado de la Junta Suprema Central y buscaba el apoyo de los diferentes cabildos para que se pudieran realizar las sesiones de la Junta. Querían expedir una nueva Constitución en razón del cautiverio del rey Fernando VII".

Dado que Llorente era partidario de Carlos IV y no de Fernando VII, los ánimos se alzaron prontamente. “Llorente era un buen hombre, pero de muy mal genio. Vivía con la suegra, la esposa y cinco cuñadas que él mismo sostenía. Sabían que ponerle el tema de la Junta Suprema haría que explotara. Y eso fue lo que buscaron los hermanos Morales", señaló Olano.

Foto: Óscar Cabezas / CEET

Según varias versiones de la historia, no es cierto que el comerciante español sea ‘el malo del relato’ que de forma tosca se negó a prestar el famoso florero. Al contrario Llorente, que era muy cercano al Virrey porque era quien traducía los libros del inglés y francés al español para él, no era más que un comerciante que donaba el 10 % de sus ganancias para ayudar a niños huérfanos. Pero ese día cayó en la trampa, tal como los criollos lo habían pensado.

Tras la negativa, "los hermanos Morales dijeron que el español había insultado a los criollos y lo acometieron a golpes. Esa fue la señal para iniciar la rebelión", indica Santos.

La mejor manera para que la pelea no quedara dentro del almacén era aprovechar el viernes, día del mercado, cuando casi toda la población se reunía en un solo lugar. Así, algunos de los criollos se hicieron estratégicamente en diferentes puntos de la plaza para avivar la chispa de independencia entre la gente y convertir los gritos en el inicio de una revolución independista.

Cuando el altercado se movió de la casa al mercado, los espectadores tuvieron que decidir cuál bando iban a apoyar. En este sentido, un factor importante para avivar los ánimos fue el papel que jugaron algunos estudiantes en la rebelión. Según explica Mauricio Restrepo, docente de Historia de la Universidad del Valle, "los interesados en abrir la Junta fueron apoyados por estudiantes en su mayoría del Colegio Mayor del Rosario (hoy Universidad del Rosario) que para la época eran muy revoltosos. Así, estos grupos ayudaron –junto a adultos– a alborotar la gente que ya estaba asustada por lo que ocurría".

Restrepo agrega que con el fin de conseguir apoyo, los criollos también hicieron distintas promesas a la gente, como la de rebajar impuestos, recuperar el orden social y conseguir un gobierno en Bogotá que alejara por completo la incertidumbre.

La famosa frase que dijo ese día el político criollo José Acevedo y Gómez sobre lo que sucedía en la plaza demuestra el ambiente de descontento que se vivía con la administración española:
“Santafereños: si dejáis perder estos momentos de efervescencia y calor, si dejáis escapar esta ocasión única y febril, antes de doce horas seréis tratados como sediciosos; ved los grillos, los calabozos y las cadenas que os esperan”.

Foto: Óscar Cabezas / CEET

La amenaza era inminente, por lo cual el Virrey accedió a firmar el Acta de Constitución de la Junta de Notables criollos, que a partir de ese momento asumió el mando. Para Santos, la importancia de ese viernes radica en que fue el momento cuando "se le quebró el pescuezo al régimen colonial que había durado doscientos setenta y dos años".

Así, el pueblo se revolucionó, tomó la oportunidad que los criollos habían creado y desde ese momento empezó el proceso de la revolución para la Independencia, que finalmente y después de varios hechos terminó, oficialmente, el 7 de agosto de 1819 con la Batalla de Boyacá.

206 años después

La casa blanca con ventanas y balcones verdes, construida desde 1500, ha sido testigo de los hechos que han marcado la historia de Bogotá y nuestro país como el 20 de julio, el Bogotazo y el asesinato de Galán.

Gracias a su ubicación, frente a la plaza, ha sido peleada desde sus inicios por quienes querían estar en la zona vip y ver los fusilamientos y procesiones de épocas pasadas, y conciertos, obras de arte, protestas, muestras culturales y otra clase de eventos de hoy.

Doscientos seis años después de la famosa tarde del 20 de julio de 1810 funciona el Museo de la Independencia en la casa que vio cómo empezó la revolución. En los dos pisos que tiene se dividen el espacio siete salas diferentes, en algunas de las cuales está expuesto todo el proceso de Independencia y los resultados de esta lucha que aún hoy continúa, de diferentes maneras.

Foto: Óscar Cabezas / CEET

Seguramente, todos los próceres que han luchado por este país y su Independencia quedarían satisfechos al entrar en la última sala del recorrido de esta exposición permanente. En esta, se muestra que la lucha por la igualdad y la ciudadanía valieron la pena.

En 1810, Francisco José de Caldas junto con otros criollos empezaron el cambio para que las condiciones del pueblo cambiaran. En esa época, para ser un ciudadano era requisito ser hombre, mayor de 21 años y profesional. De la misma forma, el concepto de identidad cobró una importancia radicalmente diferente entre las dos épocas. Antes, por ejemplo, explica Restrepo, no había un gobierno efectivo que formara un solo país; hoy, por el contrario, "nuestra identidad es nacional, tenemos la bandera, unas solas leyes. Somos colombianos".

MANUELA POLO NAVAS Y ANDREA MORANTE
ELTIEMPO.COM

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