'No soy un santo, ni un superhéroe': Antanas Mockus

'No soy un santo, ni un superhéroe': Antanas Mockus

EL TIEMPO habló con el exalcalde en el lanzamiento de 'Dale ritmo a Bogotá'.

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18 de julio 2016 , 08:55 p.m.

El lanzamiento de ‘Dale ritmo a Bogotá’, que pretende evitar que los conductores invadan los cruces, generando congestiones monumentales, es solo la primera intervención en cultura ciudadana que emprende el alcalde Enrique Peñalosa, de la mano de Antanas Mockus y el trabajo de Corpovisionarios. Violencia intrafamiliar, riñas, asuntos de género y violencia escolar, serán temas prioritarios. Además, nuevo símbolo invitará a la gente a escuchar. Lea de qué se trata.

¿Cómo se siente estar en frente de un proyecto de cultura ciudadana como ‘Dale ritmo a Bogotá’?

Contento porque se sumaron muchas ideas. En esta primera intervención los ciudadanos usarán las luces de parqueo para que los conductores entiendan que no hay que bloquear la intersección y respetar el semáforo. Eso va a requerir de buen juicio. No queremos obligar a la gente a cumplir la norma, sino que entienda por qué esto es una infracción de tránsito. Fueron 12.000 multas que pagaron los bogotanos sin que supieran por qué. Esta es la acción más recurrente de los conductores.

Después de la estrategia en los cruces, ¿qué otras problemáticas se van a impactar?

Vamos a trabajar en el tema de riñas, causa de muertes y de lesiones personales. Bogotá y Colombia han sido eficaces en reducir el homicidio, estuvimos en 80 por 100.000 y vamos en un 18 o 19 por 100.000, pero estas agresiones siguen. Debemos intervenir los factores de riesgo como salir a ciertas horas, con ciertas compañías, beber alcohol. Minimizando, usted deja de sumar posibilidades de riesgo. Vamos a trabajar temas de género, de la forma como se construyen las nuevas relaciones de pareja, vamos a hablar de machismo, de masculinidad, de esa forma tradicional de concebir a un hombre: no sea cobarde, responda con un puño, no sea niña, todas esas seudobligaciones que son tan diferentes para las mujeres. El tema de las violencias hay que tratarlo desde una perspectiva de género. Me leí un libro sobre homicidios de mujeres en México. Es impresionante, el hombre tiene cierta posibilidad de reincidir, la mujer casi nunca lo hace; de hecho, cuando mata, es contra el hombre que más ha querido, una agresión por dolor. Además trataremos el tema de violencia intrafamiliar y en los colegios. Todo de la mano del Distrito.

¿Bogotá está preparada para el posconflicto?

La sociedad colombiana va a vivir con gente que en el pasado fue muy violenta y vamos a tener que tener un grado razonable de indulgencia, pero también el desafío de no propiciar la continuidad de sus violencias. Debe haber una hora cero, en la que todos dejemos de ser agresivos.
Y ¿qué es eso que usted tiene en la oreja?
Este es un símbolo en construcción, un prototipo. Es una invitación a oír, a escuchar al otro. Los detalles vendrán después.
¿Por qué cree que su sola presencia en una campaña genera confianza en las personas?

Suerte. He salido bien librado de situaciones complejas, me hubieran podido recordar como el profesor que se bajó los pantalones en el Auditorio León de Greiff. Si la gente no me hubiera perdonado no hubiera habido segunda alcaldía. Hay también mucha generosidad de la gente. Tal vez, en algunos casos, he hecho méritos pero esa es como la tercera explicación. Este es el orden: suerte, generosidad y méritos.

Mi contacto con las ciencias sociales y con la filosofía contemporáneas han ayudado a que yo sirva como puente entre ese mundo académico y el mundo de los ciudadanos.

Otra cosa, que no me las sé todas. El primer día como alcalde me leí el Código de Policía, eso resolvía una cantidad de pequeños problemas, por ejemplo, quién recoge la arena cuando los camiones dejan el reguero en la calle, qué pasa si el perro de un vecino muerde a mi hijo, qué derechos tiene uno y qué hay que hacer. Para mí fue asombroso.

¿Por qué cuando uno le dice a la gente que está quebrantando la ley se remite a la acción de otro para justificarse?

Tenemos que emprender una lucha contra los ‘fue que’: Fue que había trancón, fue que no me dieron a tiempo un papel. Somos muy buenos para inventar excusas y hay que combatir esa habilidad. Es mejor decir la verdad y pasar la vergüenza. Llegué tarde porque me levanté tarde.

En las nuevas pedagogías ya no importa tanto la disciplina del ‘quédese callado’, sino que hay mucha más comunicación. Es mejor corregir sin que la gente se dé cuenta.

¿Cómo devolverle a la ciudadanía la confianza en las instituciones?

Los prejuicios que tenemos sobre los demás influyen más en la propia conducta que los prejuicios que uno tiene sobre sí mismo, es el famoso dicho: para dónde va Vicente, para dónde va la gente. Creo que tenemos una visión de nosotros mismos que no nos merecemos, debemos ser más optimistas, no decir que todo está bien, pero aceptar que hay cosas que han mejorado sustantivamente y, claro, que hay cosas por hacer. Hay una relación agresiva contra las instituciones. Si un ciudadano piensa que todos los funcionarios públicos son ladrones, pone la vara tan bajita que casi todo funcionario se va a sentir invitado a hacer lo mismo. Necesitamos recuperar la capacidad de indignación, pero que esta se ejerza sin absolutizar el juicio, es decir, no decir que todos los empleados públicos son corruptos. Si hubiera un cinco por ciento de empleados públicos corruptos, el país se desbarataría en una semana. La confianza es deliciosa y perderla es doloroso. Esta se construye lentamente y se pierde de un totazo.

¿Y ese término del ritmo de dónde lo sacaron?

Cuando uno es niño la familia lo lleva a uno a su ritmo, según lo que consideran conveniente, cuando uno se independiza, se vuelve mayor de edad, responde por su propio ritmo. Esto es una innovación en el vocabulario de Distrito: no hablar de velocidad, ni de movilidad, sino de ritmo. Este concepto es clave en la pedagogía, en los negocios. La sociedad se transforma por su capacidad de transformar conscientemente su ritmo.

¿Cuándo se debe pasar de la pedagogía a la sanción?

Eso es bien interesante. Maimónides, que es un teólogo judío, decía que cuando la gente no ama a Dios hay que educarlos a la brava, pero si la gente tiene un poquito de educación entonces se le puede educar en el amor. Si usted es educado, no anda pendiente de qué tamaño serán las sanciones. Las emociones neurales, que son la vergüenza, la culpa y la indignación, estas son muy importantes en la vida social, si a uno no le diera pena uno se portaría peor.

Esta semana, un médico reaccionó de forma agresiva contra un perro que mordió a su hijo y la reacción en redes fue apasionada. ¿Qué tan bueno es ese tipo de sanción social?

Cada uno de los que recibieron la noticia la multiplicó. A la gente le gusta sentir indignaciones morales; es más, cree que es su deber indignarse, y hay unos que se indignan más porque no tienen nada más que hacer sino indignarse. Esta es la evolución de castigo físico y económico al castigo en la reputación, la imagen. La sociedad lo convierte en una radiografía, es duro, hay que sobrevivir. Esa es la lógica de los escándalos.

¿Pero está bien o mal?

El principio básico de una sociedad de derecho dice que los ciudadanos no castigan en el sentido en que castiga la ley, no pueden encerrar en la cárcel, no pueden expropiar. El juicio debe ser imparcial, proferido con un juez, con un jurado, con garantías. Para juzgar a alguien hay que respetar sus derechos. Qué le consta a usted.

¿Qué hacer con la justicia por mano propia?

Un 38 por ciento de la gente apoya la limpieza social, eso es demencial.

¿Usted siempre ha sido moralmente correcto?

No. No soy santo ni superhéroe. Alguna vez fui malo con un perro. Una vez, con un estudiante; fue tal la presión sicológica, en el diálogo conmigo, que se confundió de piso. Pensó que estaba en el primero y saltó desde un tercer nivel y se partió un brazo. Después me mostraba el yeso, luego estábamos otra vez de amigos. Él había salido de la clase cabreado, molesto, pero todo pasó, me perdonó.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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