Herrumbre colombiana

Herrumbre colombiana

Hay que empezar por chatarrizar el oxidado y corrupto sistema judicial colombiano.

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18 de julio 2016 , 06:59 p.m.

Una y otra vez una palabra de origen vasco merodea la política nacional. A ‘lo viejo’ se le dice en euskera txarra, que en español devino en chatarra. Según el 'Diccionario de la lengua española' (DLE), se trata de la “escoria que deja el mineral de hierro”. En estos días dicha escoria está representada en el denominado ‘cartel de la chatarrización’, una mafia que supuestamente está detrás del paro camionero. Una megapandilla que cada vez más se menciona con respecto al transporte público de Bogotá. En fin, la chatarrización está a la orden del día y nos está llevando a pensar que lo que hay que chatarrizar es a Colombia entera.

O al menos algunas instituciones y personas. Y lo digo con el mayor respeto por los honestos chatarreros de profesión. Hay que empezar por chatarrizar el oxidado y corrupto sistema judicial colombiano, y buscar producir del ya inservible hierro mohoso del actual sistema una justicia de acero incorruptible. Lo mismo se hace necesario en el caso del Congreso o, para ser justos, con buena parte de sus componentes. Es urgente chatarrizarlo y disminuirlo a sus justas proporciones: sobra más de la mitad de tan honorables óxidos. Por supuesto, habrá que chatarrizar también las armas de las Farc y desenmohecer a la izquierda y derecha colombianas. En cuanto al exfiscal Montealegre, creo que ya le llegó su fecha de vencimiento, así como a Horacio Serpa, al general (r) Bedoya, al senador Gerlein, al magistrado Pretelt y a los vociferantes y ruidosos comentaristas deportivos.

Oxidada está desde hace ya casi tres siglos la concepción de mundo del chatarrizable Procurador. ¡Chatarrizarlo! Colombia está llena de herrumbres: en los páramos las minerías legales e ilegales, lo mismo valga para la tala de árboles en el Chocó, la Orinoquia y la Amazonia.

Pasando a otros temas, creo que ya es tiempo de chatarrizar el Himno Nacional, así como el escudo. El primero porque además de incomprensible es, como decía Alfredo Iriarte, un multimueble poético en el cual no importa dónde vayan los versos, son intercambiables, y el resultado final sería el mismo. En cuanto al segundo, pues bien, basta con mirarlo para entender que hace rato perdió muchos de sus símbolos. Colombia está echando humo por todas partes como cualquier buseta bogotana.

Mauricio Pombo

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