Algunos motivos por los que parte del Ejército de Turquía se rebeló

Algunos motivos por los que parte del Ejército de Turquía se rebeló

El principal es el deseo del presidente Recep Tayyip Erdogan de islamizar todas las instituciones.

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18 de julio 2016 , 12:53 a.m.

Nadie en Turquía predijo lo que finalmente ocurrió el viernes por la noche, pero en un país que ha vivido cuatro golpes militares, numerosas señales indicaban que podría volver a producirse uno.

En los últimos años, gobiernos e instituciones extranjeras de un lado, y ciudadanos, académicos y opositores turcos han mostrado su preocupación por el creciente autoritarismo exhibido por Erdogan. Sus primeros años como primer ministro desde su elección en el 2003 pasaron relativamente desapercibidos.

Pero desde que en agosto de 2014 se convirtió en el primer presidente de Turquía directamente elegido, su estilo de gobierno ha ido tomando tintes que muchos tachan de dictatoriales. Erdogan quiere cambiar la Constitución turca, adoptada en 1980 tras el último golpe de Estado exitoso, para implantar un sistema presidencial al estilo estadounidense que aumentara considerablemente sus prerrogativas.

Según Aykan Erdemir, investigador de la Fundación para la Defensa de las Democracias de Washington, el golpe fue el resultado de muchos factores, incluido el miedo del ejército al nuevo sistema.

Erdemir explica que, entre las razones del golpe, se incluye “el rediseño de la ley de los altos tribunales, así como la negativa de Erdogan a ser imparcial”.

¿Por qué fracasó el golpe?

Sinan Ulgen, director del centro de pensamiento Edam y profesor invitado del Carnegie Europe, puntualiza que este no fue un golpe de todo el ejército como en casos previos, sino de un pequeño grupo. “Estaba fuera de la cadena de mando, era un grupo relativamente pequeño” en el ejército que, sin embargo, logró secuestrar al jefe del Estado Mayor. “No fue una operación diseñada por (todo) el ejército, y se vio. Sin el apoyo completo del ejército, no tenían ni capital ni capacidades”, considera.

Erdemir apunta que la era de los golpes consumados –como los ocurridos en 1960, 1971, 1980 y 1997– ha terminado, y que la opinión pública es hostil a esta perspectiva. Esta vez, el país mostró mayor solidaridad, e incluso los tres partidos de la oposición condenaron la intentona golpista en el parlamento.

Los partidos no tienen un “recuerdo agradable” de los previos golpes de Estado, considera Erdemir. Ulgen añade: “Cuando la gente se dio cuenta de que los golpistas no tenían el apoyo del ejército, vieron que era más fácil estar en contra”.

Natalie Martin, profesora de la Universidad de Nottingham Trent de Reino Unido, señaló que el levantamiento parecía “casi destinado a fracasar”, algo que creó suspicacias. “Es enteramente posible que se tratara de un falso golpe”, admite.

Erdogan, consumado estratega, es consciente de que la malograda operación le ha brindado nuevas oportunidades para estrechar su control sobre Turquía, pero se enfrenta a una decisión difícil. “Puede construir basándose en el hecho de que todos los partidos lo respaldaron y edificar una nueva era de consenso o puede aprovechar la oportunidad para consolidarse como dirigente en solitario”, señala Erdemir.

“Depende casi completamente de Erdogan: el camino que elija tendrá consecuencias enormes. El optimista que llevo dentro apuesta por la vía democrática, pero el realista y pesimista me dice que Erdogan jamás desaprovecharía una ocasión así” para consolidarse en el poder, opina Ulgen.

Con AFP

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