Luis Armando Sierra, con el sueño de dirigir en las Grandes Ligas

Luis Armando Sierra, con el sueño de dirigir en las Grandes Ligas

Historia del joven firmado gracias al Internet, creía que sería su año como beisbolista fue 'coach'.

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17 de julio 2016 , 03:05 p.m.

La mañana del domingo 27 de septiembre pasado, luego de realizar su trabajo preliminar en el estadio de los Yankees, Luis Armando Sierra Crissón se dirigió al Parque Monumento, ubicado detrás del jardín central de la mítica casa del equipo de Nueva York.

“ ‘¡Wao!: ¡Grandes Ligas es Grandes Ligas!’ “, se dijo en su pensamiento, mientras sus acompañantes, beisbolistas del equipo Medias Blancas de Chicago, lo llamaban para tomarse fotos y grabar videos al lado de los números retirados o de las imágenes de los famosos peloteros de la divisa de la ‘capital del mundo’.

Era el cierre de la serie de cuatro juegos. Y desde el primer día que pisó el estadio, el jueves, quiso llegar hasta el lugar en que se rinde honores a estrellas históricas como Babe Ruth y Joe DiMaggio, entre otros, pero que no había podido acercarse por ocupaciones.

“No me lo creía. Me sentía como un niño pequeño. Siempre quise estar en el Yankee Stadium y estaba en el Yankee Stadium”, recuerda sobre su llegada, inolvidable para él, porque ese mismo día allí se reunió, por primera vez en el año en Estados Unidos, con sus padres, Luis ‘Mello’ Sierra y Erika Crissón.

Esa visita al estadio de los Yankees y la presencia de sus padres, en medio de la emotividad, casi culminaron un año de expectativas en Estados Unidos del joven barranquillero que quiso ser un beisbolista de Grandes Ligas y que en ese 2015 se desempeñaba, por primera temporada, como coach del equipo Medias Blancas, pionero colombiano en ese cargo.

Propuesta inesperada

Una tarde de finales de enero del año pasado, dos semanas antes de reportarse a los campos de entrenamiento como pelotero de la organización, Sierra jugaba béisbol en PlayStation, en la sala del apartamento de sus padres, en el norte de Barranquilla, con el sanandresano Steve Brown, su amigo, casi hermano de crianza y también pelotero, cuando recibió un correo electrónico de un asistente del Vicepresidente de Chicago solicitando su número de celular en Colombia.

Estaban solos en el apartamento, entre tres y cuatro de la tarde. Brown, tirado en la hamaca color crema con marrón colgada casi sobre la pared que da hacia la calle. Sierra, sentado en el sofá café, más cerca de la entrada del apartamento. Había pasado como una hora de la solicitud del número de celular cuando entró una llamada. Era el mismo asistente. Dijo que el Vicepresidente, Buddy Bell, estaba en junta y quería hablar con él.

Luego de saludarlo y preguntarle de cómo creía que la había ido en el 2014, Bell fue al grano: –El equipo tomó una decisión contigo: te ofrecemos trabajar de coach.

Sierra Crissón no dudó en aceptar, pensando que podía hacerlo como dirigente en las ligas menores. Bell le agradeció por aceptar el ofrecimiento y le dijo que era buena persona.

–Eso no es todo –agregó–. Queremos que estés en el staff de Grandes Ligas, con los latinos, vas a estar con el equipo, dentro del dugout.

Sierra quedó mudo y solo reaccionó, tras escuchar la risa de Bell que sabía que estaba impresionado, preguntando: ‘¿dónde firmo?’.

Entonces recordó que, por fuerza mayor, en los campos de entrenamientos de 2014 realizó labores de coach con los equipos de las menores. Y se enteró que Nick Capra, director de campo entonces de las menores, estaba cerca y enterado de todo.

Adelantó el viaje tres días, lo hizo 18 de febrero, y al día siguiente estaba en el campo de entrenamiento en Arizona, Estados Unidos, recibiendo las instrucciones del cargo. “Quiero que hagas lo que te pidan, no lo que tú puedas hacer. Estarás como apoyo de los peloteros latinos, con tu inglés, en las prácticas de bateo, en el mitin para que ellos entiendan. Estarás en todas partes”, le dijo un funcionario.

Quiso como pelotero

El primero de mayo de 2004, el buscatalentos de Rojos de Cincinnati, el puertorriqueño Jorge Oquendo, firmó en Barranquilla a dos peloteros locales, entre ellos a Sierra Crissón. Oquendo llegó gracias a unos videos que los padres del deportista, Erika (también dirigente de pelota caliente) y Luis (expelotero y entrenador), elaboraron y mandaron aprovechando la novedosa tecnología del Internet.

Erika había quedado impresionado con una jugada que como paracortos su hijo había hecho en el Once de Noviembre de Cartagena, el mismo estadio donde su padre, Armando ‘Niño Bueno’ Crissón, había contribuido para darle a Colombia, como segunda base, el primer título mundial de cualquier deporte en 1947.

Nacido el jueves 23 de julio de 1987, Sierra Crissón, al ser firmado por Rojos, fue a una granja de República Dominicana, en mitad de la nada. De allá quiso alguna vez regresarse a Colombia, pero la visita de sus padres lo aguantó. Su mamá le dio la clave para salir: “batea”, le dijo. Pasó de .200 de promedio a .300. Y fue llevado a EE. UU.

En el 2007 firmó con Medias Blancas y ascendió, jugando varias posiciones, como segunda o receptor, hasta llegar a Triple A. Pero una lesión en el hombro derecho, en pretemporada de 2013, aguantó su desarrollo. Pensaba que el 2015 era su año para ascender a Grandes Ligas. Y ocurrió, no como jugador, sino como coach, con todos los privilegios que tienen los que están en las mayores.

Por partida triple

El nombre de Sierra fue bien recibido en el grupo de latinos de Medias Blancas, encabezados por el cubano José Abreu, el venezolano Carlos Sánchez y el dominicano Melkis Cabrera. Además es de gran valía la presencia de su amigo y excompañero en el equipo Caimanes de Barranquilla, el lanzador colombiano José Quintana.

El joven coach tiene su armario entre latinos en el vestuario en el U. S. Cellular Field. Y el número que lo identifica es el 96. En un día de partido por la noche llega al estadio a la una de la tarde y sale a la medianoche. Salvo a un bolazo que recibió el 24 de julio de 2015, durante una práctica de bateo y que le costó 16 puntos de sutura con fractura en la cara, su trabajo lo desarrolla con normalidad, como soporte en el entreno y ‘puente’ comunicativo con los peloteros latinos y la dirección técnica.

“Antes miraba el béisbol de manera simple, ahora veo que hay más responsabilidad y entiendo a mi papá, que es mánager. Veo que esto no es tan fácil. Y estoy aprendiendo que esto es anticiparse al juego, pura estrategia”, sostiene.
Crece en esta segunda temporada. Además de seguir con Chicago, a comienzo de año estuvo en el cuerpo técnico de Colombia que, en Panamá, clasificó al Clásico Mundial. Y el pasado domingo, también como pionero colombiano, fue parte del cuerpo técnico de Resto del Mundo en el Juego de Futuras Estrellas, en San Diego.

“Ha sido un gran año para nuestro béisbol en las mayores: por primera vez el enfrentamientos de dos lanzadores y ellos, Julio Teherán y Jose (Quintana, así sin tilde lo pronuncia), dos días más tarde, también como pioneros de nuestro país en esa posición, participan de un Juego de Estrellas… Y vienen muchas cosas más… ¿Cómo me veo en el futuro? Dirigiendo en algunos años en Grandes Ligas”...

Estewil Quesada Fernández
Redactor de EL TIEMPO

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