Ahogados en información

Ahogados en información

Ese fenómeno pone en riesgo la democracia, especialmente cuando se ejerce directamente.

notitle
16 de julio 2016 , 06:45 p.m.

Queda claro, a partir de la experiencia como docente, que hoy en día las universidades en nuestro país enfrentan el reto de proveer al estudiante de unos conocimientos que el bachillerato no enseña. Me refiero, en términos generales, a las disciplinas de historia, geografía y ética.

Semejante reto se ha visto seriamente agravado por el océano de información que hoy invade nuestra cotidianeidad. Como explica Henry Kissinger en su obra 'Orden mundial, reflexiones sobre el carácter de los países y el curso de la historia', publicada este año, esta cantidad de información, por lo general indiscriminada y de mala calidad, tiende a sofocar la etapa siguiente del proceso mental para su utilización: la formación del conocimiento. Esta etapa supone la existencia de un contexto histórico, geográfico y ético que permita valorar y ordenar la información, darle secuencia, ubicación, y una evaluación ética o estética.

Finalmente, el resultado más deseado y difícil de adquirir es la sabiduría: el conocimiento aplicado a la propia experiencia.

En ese estado, el conocimiento se utiliza dentro de unos parámetros de serenidad y seguridad frente a la materia correspondiente, porque hay suficientes elementos referenciados, conocidos o intuidos.

Por lo anterior resulta tan importante promover la lectura de libros, que generan contexto, entorno y la oportunidad de una evaluación ética, o estética, decantada, pausada.

Hay que disputarles el tiempo al correo electrónico, a Twitter y a WhatsApp.

Es tal la cantidad de información que la gente no encuentra ni el tiempo ni la serenidad para medir su efecto o su verdadero significado.

Esta situación está generando unas vulnerabilidades muy alarmantes: la posibilidad de construir mentiras con aceptación colectiva, que parten de la ausencia de la constatación de la verdad; la degradación de la democracia, por la mala calidad de los debates y decisiones; y la imposición de la arrogancia implícita del argumento fácil, el hallazgo poco elaborado.

Ese fenómeno deslegitima el poder y pone en riesgo la democracia, especialmente cuando esta se ejerce mdirectamente, pues las decisiones las toma un constituyente primario mal informado, manipulado y vulnerable.

Son ejemplos de ello el brexit y el aumento de los movimientos políticos radicales.

Cada vez hay más eslóganes, en lugar de opciones estructuradas e ilustradas.


Camilo Reyes Rodríguez
* Profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio Colombo Americana

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.