La Corte pela el cobre

La Corte pela el cobre

Como me dijo un querido amigo: tenemos problemas demasiado grandes, para una corte tan chiquita.

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16 de julio 2016 , 06:38 p.m.

No me gustaba toda la ley de equilibrio de poderes. Era peligroso que para la necesaria eliminación de la reelección presidencial en Colombia, se le colgara una reformita al Poder Judicial, hasta dejarla convertida en un árbol de Navidad condenado a no ver el 24 de diciembre. Ya quedó claro que no lo verá.

Es impúdico que los magistrados de esta Corte Constitucional, varios investigados por sobornos, venta de tutelas y por grabar en secreto conversaciones (métodos mafiosos), no se hubieran declarado impedidos para tumbar una reforma que establecía un sistema efectivo para investigarlos y juzgarlos. Por eso, por decencia, la constitucionalidad de esta reforma la debió haber resuelto un grupo de conjueces no impedidos. Sobre todo en el caso de la presidenta de la Corte, María Victoria Calle, cuyo esposo, el exconsejero de Estado Gustavo Gómez, lideró hasta manifestaciones en la plaza de Bolívar contra la reforma de equilibrio de poderes.

Pero lo que más ofende son los argumentos utilizados por los honorables magistrados.

La figura de la “sustitución de la Constitución” se la inventó la Corte Constitucional para secuestrar el poder constituyente, de manera que hoy no solo ellos opinan sobre los vicios de forma, función que le atribuyó la Constitución del 91, sino también, y cada vez con mayor frecuencia, a través del callejón furtivo que se fabricó con la teoría de la “sustitución de la Constitución”. Examinan y tumban reformas porque consideran que tienen vicios “de competencia”. ¿De cuándo acá se atribuyen una función que no tienen? Los guardianes de la Constitución se apoderaron de ella.

En el fallo dicen que el equilibrio de poderes les “viola la independencia judicial”. ¿Cómo puede ser que un magistrado o un fiscal tenga más garantías juzgado por los políticos que por un órgano independiente, judicial, técnico, de su misma jerarquía, que creaba la reforma bajo el nombre de Tribunal de Aforados?

En un párrafo, la Corte pela el cobre y confiesa por qué: “El congresista puede considerar que existen fuertes pruebas contra un alto dignatario, pero estar convencido de que su destitución puede tener efectos catastróficos para el país y por ello, consultando el bien común, opinar y votar a favor del investigado”. Que, traducido, significa que la Comisión de Acusación de la Cámara es garantía de total impunidad de las malas conductas en que pueden incurrir estos funcionarios. Que delincan, porque tumbarlos es peor. Como el 8.000 con Samper.

Y qué contradicciones en las que incurre la Corte Constitucional en este fallo. Al tiempo que rechaza el control político del Congreso, para que los investiguen y los juzguen sí prefieren a los políticos. Pero depende. Montealegre nunca acudió al llamado de los parlamentarios para que explicara los algoritmos de 4.000 millones de la Springer.

Pero eso no es todo. ¿Cómo puede ser sustitución de la Constitución la segunda reelección de Uribe, pero la primera no? ¿Cómo puede ser sustitución de la Constitución incorporar en carrera a unos pobres funcionarios públicos que llevan años en interinidad, a la administración pública?

Y al revés: ¿cómo puede no ser sustitución de la Constitución un plebiscito que rebaja caprichosamente el umbral? ¿Cómo puede no sustituir la Constitución una justicia paralela a la constitucional, que solo juzgará a determinadas personas? ¿No sustituye la Constitución que el Presidente legisle? ¿O que el Congreso no cumpla debates reglamentarios? ¿O que se dicten reformas constitucionales desde La Habana? La Corte Constitucional tiene bajo llave la posibilidad de reformar la Constitución. Y esa llave no la entrega sino cuando le llegan las instrucciones de los que está tratando de complacer.

Pero, en cambio, sí es sustitución de la Constitución que al Fiscal y a los magistrados los investiguen sus pares.
Como me dijo un querido amigo: tenemos problemas demasiado grandes, para una corte tan chiquita.

Entre tanto... Ya no necesitan explosivos. Ni granadas. Ni AK-47. Solo una multitud y un camión. ¿A qué mundo nos estamos dirigiendo?

Esta columna cederá unos días el espacio, motivo vacaciones.

MARÍA ISABEL RUEDA

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