Guido Mosquera, de brillar en el baloncesto a luchar por su vida

Guido Mosquera, de brillar en el baloncesto a luchar por su vida

En los 80 fue innovador en este deporte. Luego de una tromboflebitis le amputaron la pierna derecha.

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15 de julio 2016 , 08:33 p.m.

Aquel año de 1982, cuando Colombia organizó el Mundial de Baloncesto, con la presencia de poderosas selecciones y ese pasillo glorioso en el que los aplausos retumbaban y su nombre coreaban ya no es el mismo para Guido Mosquera, aquella figura que por juego y carisma llegó al corazón de muchos aficionados a este deporte en el país, esos mismos seguidores que hoy en día le brindan su total apoyo, luego de que por una enfermedad le amputaran parte de su pierna derecha. Este chocoano de 58 años está ganando el juego de su vida y su fortaleza le permite anotar de tres puntos al dolor.

Nacido en Quibdó el 9 de octubre de 1957, Mosquera nació para el baloncesto. Su padre, Dimas Mosquera, sin embargo estaba interesado en que Guido se dedicara al estudio. Con esta mentalidad, lo mandó hacia Bogotá cuando él tenía 17 años y estaba recién graduado del colegio. La consigna era estudiar biología en la Universidad Distrital, pero se vinculó a la Liga de Bogotá de baloncesto y ahí todo cambió.

“Mi papá me mandó para Bogotá a estudiar, pero el baloncesto me pudo más. Inicialmente llegué a donde uno de mis hermanos, estaba radicado acá y no hubo problemas. Me vinculé con la Liga de Bogotá y ahí se me abrieron muchas puertas”, le comentó Guido Mosquera a EL TIEMPO en un tono muy ameno y calmado. (Lea también: Colombia venció a Paraguay y clasificó al Fiba Américas 2017)

De ahí en adelante la vida solo estaba rodeaba de pantalones cortos, rebotes y canastas. Su vida dio un giro importante. El baloncesto se había convertido en su adicción y su estatura (1 metro 91 centímetros) lo convertía en uno de los mejores postes del país. Primero brilló en las categorías juveniles, pero su calidad lo llevó rápidamente a destacarse jugando con los profesionales, eso sí, ahí tuvo que cambiar de posición y pasar a ser un alero. Estos movimientos tácticos le sirvieron para ser un jugador más polivalente: anotaba, ganaba rebotes y asistía.

Precisamente por su alto nivel fue inmediatamente llamado a la Selección Colombia a jugar un torneo suramericano y posteriormente el Mundial que se hizo en el país en 1982. “Representé a Colombia desde 1978 hasta 1994. El Mundial fue una experiencia espectacular e inolvidable. Por ser locales pasamos directos a la última fase. No ganamos ni un partido; jugamos siete y perdimos los siete (risas), pero tuvimos buenas actuaciones. Pensamos en que íbamos a salir adelante en el baloncesto, pero no fue así”, comentó jocosamente, mientras recordaba las derrotas sufridas, añadiendo que el nivel solo les dio hasta ese tope.

El buen baloncesto lo llevó a ser seleccionado como uno de los mejores jugadores colombianos en un torneo en Taiwán, tener medios tiempos en el campeonato nacional en los que anotaba 28 puntos, con la mano caliente, sin fallar ningún lanzamiento. Sin duda alguna fue y será siendo uno de los genios de este deporte y su retiro se dio cuando ya el cuerpo le dijo no más. “Siempre me gustó el baloncesto, pero decidí ponerme a estudiar porque el cuerpo me dolía mucho (risas)”, añadió.

El juego de su vida

Guido ha sido una persona trabajadora y con gran proyección. Terminó su carrera de derecho y se especializó en derecho laboral. Sacó adelante a su esposa (Luz Mariela Rentería) y a sus dos hijas; Luz Mariela, la mayor, estudió microbiología, con maestría en Bélgica y recién iniciado un doctorado en Kansas (EE. UU.), mientras Lina María, la menor, está en quinto semestre de medicina.

Él trabajó durante 10 años en una EPS, que fue intervenida y de la cual no dio su nombre, en la que fue asesor jurídico y manejaba procesos penales, civiles y administrativos. “Fue una buena escuela, pero salí a tiempo”. (Vea: Lecciones para mejorar el baloncesto colombiano)

Pero la oscuridad cayó a su vida. El 30 de diciembre del 2015 comenzó a sentir un fuerte dolor en su pierna derecha y se vio obligado, con la ayuda de algunos de sus vecinos, a salir rumbo al hospital. Las malas noticias iban a llegar por sí solas.

“Aparentemente estaba sano. Yo corría tres veces a la semana, no tomaba sino en diciembre, no fumo, trasnocho poco, pero el 30 de diciembre me dio un dolor muy fuerte en la pierna derecha. Yo no quise ir al Chocó a estar con mi familia y eso parece que me salvó. Allá no tenemos hospitales decentes y gracias a los vecinos me llevaron al hospital. Tenía una trombosis arterial y me tuvieron que operar para retirar unos coágulos de sangre que me estaban haciendo daño”, dijo Mosquera detalladamente.

El primero de enero despertó preguntándose qué había pasado y una enfermera le explicó su cuadro médico y le dio la primera de sus malas noticias: debían amputar del tobillo hacia abajo. “Me duró unos 10 minutos el shock. Ahí ya no me dio tan fuerte porque ya tenía todo más claro y sabía que tocaba hacerlo. La verdad todo el deporte que hice me salvó y los médicos no sabían cómo había resistido. Tuvieron que eliminar los coágulos y el cuerpo médico aseguró que nadie aguantaba ese dolor”.

Sin embargo, en la segunda cirugía vieron que había más grumos de sangre en toda la pierna y definitivamente le apuntaron desde la rodilla hacia abajo. Un golpazo para Mosquera, quien vivió toda su vida del deporte y aún lo seguía siendo, pues es entrenador de baloncesto en una escuela y en la Universidad Central.

“Estuve hospitalizado por 60 días. Lo importante es que mentalmente no me he caído. La gente del baloncesto me ayudó y me apoyó; fue increíble. Ahora estoy en el proceso preprótesis y estoy para que la EPS (Cafesalud) me dé la prótesis rápido”, aseguró entre risas, en un tono esperanzador.

Día tras día, Guido Mosquera tiene largas y dolorosas jornadas de terapias para el fortalecimiento físico. Trabaja, en especial, la pierna izquierda, pues será esta la que cargue todo su cuerpo, pero también hace trabajos de brazos y abdomen.

“Voy a terapias toda la semana, hay unas que son en la casa y otras son en el centro médico. Trabajo en el fortalecimiento de la pierna izquierda y el muñón. Son terapias en las que termino molido, pero contento, porque el trabajo se nota. Cada día me siento más fuerte”, añadió.

Guido, de la gente

El carisma, su metodología a la hora de enseñar, ser un gran ser humano y un buen consejero han hecho de Mosquera un ejemplo y motivación de muchas personas para seguir adelante en cualquier tipo de proyecto. Amigos de la vida y del baloncesto así lo hicieron saber en charla con este medio.

“Él (Guido) me daba consejos. Como persona es grande y con buenos principios, nunca lo vi yendo a tomar o emborracharse, fue lo máximo compartir con él”, fueron las palabras del entrenador de Búcaros, Bernardo González, las cuales coincidieron con las de José Tapias, quien conoce a Mosquera desde el año 74. “Guido es un hombre de gran calidad, bien especial. Un gran jugador. Tenía un gran don de gente. Todos lo quieren y la gente lo respetaba”.

Precisamente es ese carisma el que lo tiene aún con mucha energía por derrochar. Lleva 28 años como entrenador de los equipos de baloncesto masculinos y femeninos de la Universidad Central con un proyecto claro: que los estudiantes combinen el deporte y el estudio para el desarrollo profesional. Además, tiene una escuela de niños de 4 a 17 años en el barrio El Cortijo.

“Cuando yo inicié a dar clases en la Central solo el 10 por ciento de los estudiantes-deportistas se graduaban. Nos propusimos con un grupo a cambiar eso y que ellos pudieran jugar y estudiar; para eso se dan las becas, y ahora el 95 por ciento se gradúa. Mi aporte ha sido aconsejar y mostrarles que sí se puede. Les digo que el deporte no es para toda la vida, y que aprovechen la oportunidad. Di con muy buenos grupos de jóvenes, muy asequibles y la mayoría no necesitaron mucha cantaleta (risas)”, aseguró.

Y su autoridad y palabras son tan fuertes que uno de sus estudiantes, el que más duró en terminar la carrera, fue al hospital a visitar a Guido y agradecerle de corazón por su ayuda. “Uno de los jóvenes que más recuerdo fue el que se demoró 10 años en graduarse, empezó en 1991 y se graduó en el 2001 (risas). Fue hasta el hospital y me dijo: ‘yo me gradué por usted’ ”. Son esas muestras de cariño las que tienen a Guido como si no hubiera pasado nada con su vida.

Los boleros y las salsas que tanto le gustan y en su juventud bailó aún se escuchan dentro de él para poder sonreír y seguir adelante. En su cabeza sabe que ya venció un momento duro y que todavía le faltan muchas clases por dar y esfuerzos por hacer por la juventud amante del baloncesto. Como dijo el seleccionador del equipo colombiano de baloncesto, Guillermo Moreno Rumié: “hay Guido para rato...”.

“Quiero ver a mis hijas ser independientes. Aportar todo lo que pueda a las nuevas generaciones, estar sano. Con mi estado de ánimo no hay problema y quiero durar mucho tiempo en buena forma”, concluyó con la más animada de sus carcajadas.

FELIPE VILLAMIZAR M
Redactor de EL TIEMPO
@FelipeVilla4

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