Muy violento y poco religioso, el perfil del terrorista de Niza

Muy violento y poco religioso, el perfil del terrorista de Niza

El tunecino tenía antecedentes delictivos, pero no a ese nivel. Aún no hay vínculos con yihadistas.

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15 de julio 2016 , 07:45 p.m.

El perfil sicológico de Mohamed Lahouaiej-Bouhlel no les ha permitido a las autoridades establecer si este hombre que acabó con la vida de al menos 84 personas e hirió gravemente al menos a otras 202 el jueves en Niza era un desequilibrado o un yihadista convencido.

Sin embargo, el procurador de París aseguró que el modo de operar, la hora y la fecha por demás simbólicas evocan las consignas del Estado Islámico y no ha dudado en referirse a él como un terrorista.

Esto, a pesar de que el ministro del Interior francés, Bernard Cazeneuve, a la pregunta de si podía afirmar que el atacante estaba “relacionado con el islam radical”, respondió que no.

De Mohamed Lahouaiej Bouhlel no se podría decir que era un ciudadano ejemplar, pues tenía en su historial judicial varios cargos por amenazas, actos violentos, robos y degradación, todos cometidos entre 2010 y 2016. Pero nunca levantó ni una sospecha por terrorismo. (Lea también: Autor de matanza en Niza sacó licencia y alquiló camión para atentado)

Los señalamientos más graves de los que fue objeto este tunecino de 31 años, nacido el 3 de enero de 1985, fueron violencia intrafamiliar y una agresión con arma a un automovilista, por la que fue condenado en marzo del 2016. Sin embargo, la que usó en esa ocasión no fue un arma de fuego, sino que le lanzó un golpe a su interlocutor con un palé, es decir, una de esas placas de madera que se emplean como base para almacenar y trasladar mercancías.

En bicicleta

Lahouaiej-Bouhlel era chofer de entregas y trasteos en una camioneta de transportes más bien pequeñita, que solía estacionar a unas cuadras de su residencia, ubicada en Abattoirs, un barrio popular del norte de Niza.

No tenía doble nacionalidad, solo un permiso de residir y trabajar en Francia desde 2005. Se había desempeñado antes como botones en un hotel de Niza y luego consiguió trabajo como conductor transportador.

Habitualmente se desplazaba en su bicicleta para recoger la camioneta, y como en el edificio de cuatro pisos en el que vivía no disponía de un parqueadero para ella, la subía por las escaleras y la guardaba en su apartamento. Allí vivía solo, y sus vecinos lo recuerdan precisamente como un “solitario, silencioso, cerrado, aislado y de pocos amigos”.

De hecho, aseguraron que no parecía ser un hombre religioso, todo lo contrario: “Bebía alcohol, comía cerdo y usaba drogas”, le dijo Walid Hamou, el primo de la exesposa de Lahouaiej-Bouhlel, al Daily Mail. (Además: Europa se blinda tras el atentado en Niza, Costa Azul de Francia)

Una vecina de la que no se reveló su identidad le aseguró al diario Le Figaro: “Mohamed Lahouaiej-Bouhlel era gentil conmigo. Siempre que tenía una dificultad, me daba una mano”.

Sin embargo, también asegura que a veces se comportaba extrañamente y que en una ocasión le pidió que le arrendara su buzón de correo. “Eso me pareció extraño”, confesó la mujer, que al negarse a hacerle este favor fue tachada de “mala” por Lahouaiej-Bouhlel.

Fumaba hachís

Otros residentes del edificio especificaron a varios medios franceses que fumaba hachís, que no era muy limpio, que le gustaban los juegos de azar, que no guardaba el ramadán y que no iba jamás a la mezquita; en otras palabras, no practicaba la religión musulmana y además tenía un temperamento violento que también le trajo conflictos judiciales, pues golpeaba a su mujer sin ningún escrúpulo. Incluso, hace seis años, los vecinos del apartamento que compartía con ella fueron testigos de cómo la policía tuvo que intervenir durante un fuerte altercado.

Con ella, a quien califican de “musulmana discreta”, tenía tres hijos, cuyas edades están entre los 18 meses y los 5 años. Ella se dedicaba solamente al hogar y él trabajaba, pero desde el año pasado Lahouaiej-Bouhlel se separó de su esposa y dejó el edificio Bretagne, en la zona obrera de Le Rouret, situado en el número 8 del bulevar Henri Sappia.

Los habitantes de este edificio recuerdan que este hombre nunca devolvía el saludo, era discreto, esquivo y no se interesaba por estar en contacto con sus vecinos. (Lea también: ¿Por qué Francia está en la mira de los terroristas?)

Este viernes en la mañana, el domicilio del sospechoso y el de su exesposa fueron requisados por los policías del Raid, las fuerzas élite de lucha antiterrorista francesa. A ella la llevaron en detención preventiva, pues las autoridades tratan de establecer si Lahouaiej-Bouhlel actuó con su complicidad.

Del resto de su familia se sabe poco, solo que sus padres están divorciados y viven en Francia y que el resto de su familia reside en M’saken, una ciudad de Túnez que este hombre solía frecuentar y, según los registros de migración, la cual visitó por última vez hace ocho meses.

Y fue precisamente su trabajo como chofer de entregas lo que le permitió alquilar fácilmente, desde el lunes pasado, el camión de 19 toneladas con el que arrolló a unas 300 personas y que debía devolver el 13 de julio, víspera del atentado.

Lahouaiej-Bouhlel acudió a la empresa Via Location, de Saint-Laurent-du-Var, en el departamento de Alpes-Maritimes, y presentó toda la documentación que le solicitaron: permiso para conducir un camión pesado, permiso para ser chofer, un cheque por 2.000 euros como depósito del camión, el pago por adelantado del valor del alquiler, su tarjeta de identidad y residencia y un formato con sus datos personales.

Las autoridades están tratando de establecer todavía cómo fue que el camión pudo entrar en el Paseo de los Ingleses, que estaba cerrado a la circulación y ultraasegurado por la fiesta nacional.

Una de las hipótesis que se manejan hasta ahora es que Lahouaiej-Bouhlel habría podido entrar al perímetro de seguridad pretendiendo que debía hacer una entrega de helados, más aún teniendo en cuenta que se trataba de un camión frigorífico.

Uno de los testigos declaró al semanario L’Obs que llegó a pensar en un primer momento que el hombre solo había perdido el control del vehículo, pues alcanzó a verlo por la ventana y aseguró que “se veía nervioso y con la mirada perdida”. Otro declaró: “El camión estaba casi sobre nosotros. Tuve tiempo de ver la cara del conductor: era barbudo y parecía divertirse”, dijo el sobreviviente.

MELISSA SERRATO RAMÍREZ
Para EL TIEMPO

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