Actualidad política y moda económica

Actualidad política y moda económica

La promoción y la diversificación de exportaciones han pasado a ser historia antigua.

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13 de julio 2016 , 06:26 p.m.

Víctima de un nuevo episodio de bronquitis recurrente, hube de suspender mis actividades habituales, entre otras la de escribir esta columna, hasta cuando el restablecimiento de la salud me permitiera reanudarla. Como en los días precedentes, el tema principal continúa siendo el del retorno a la paz. Solo que esta vez aparece salpicado por los incidentes del llamado paro camionero. La peligrosidad de su mantenimiento se ha exteriorizado en choques accidentales con la Fuerza Pública y en colapso del abastecimiento de los mercados. Desde todo punto de vista, merecía y sigue mereciendo atención prioritaria.

La táctica de confiar su terminación al cansancio de sus promotores no ha demostrado ser la más efectiva ni la más apacible. En cualquier momento puede agotarse la paciencia y ceder su lugar a la exacerbación de los ánimos. Ninguna situación conflictiva se ha resuelto en la vida colombiana con la táctica de esperar y dejar hacer. Ni siquiera con los nervios bien templados y cierto desdén por su limitada magnitud urbana y sus razones.

Hacía rato abrigábamos el temor de que estallaran de una u otra manera las pasiones momentáneamente refrenadas y dieran paso a protestas tempestuosas. A ningún gobierno le ha resultado bien la táctica de la fatiga y el agotamiento del eventual interlocutor, mucho menos si el escenario para la medición de fuerzas es el de calles y carreteras, bajo la guarda de los cuerpos institucionales de Policía.

La insistencia en el debate sobre los convenios de cese bilateral del fuego y dejación de armas de Farc en manos de la ONU, todo ello convenido en La Habana, parecía innecesaria, dada la aceptación abrumadoramente mayoritaria de la población colombiana. Sin embargo, el recuerdo de los plebiscitos y referendos frustrados ha traído a la memoria el riesgo de abandonarse al exceso de confianza de sus promotores.

Tal el caso del glorioso general Charles de Gaulle en la cúspide de su prestigio y de sus impagables servicios a su patria, la Francia eterna, al absolver el electorado el cuestionario de un referendo sobre gestiones futuras. El electorado le dijo no en aspectos específicos, y el prócer resolvió retirarse de la esfera gubernamental y optar, sin asomo de amargura, por la redacción de sus memorias magistrales.

El presidente Juan Manuel Santos le ha formulado cordial invitación al expresidente Álvaro Uribe Vélez a examinar lo actuado en La Habana, a exponer sus criterios y los de su corriente política para restablecer la paz y cancelar la disputa armada que por años ha sufrido Colombia. Gallarda invitación a discutir en mesa redonda asuntos esenciales de nuestras instituciones democráticas, tomando pie en las reuniones de La Habana, sin elevar a dogma inviolable todo lo allí en principio negociado o convenido.

Por lo demás, ha correspondido a Colombia la triste suerte de aparecer, según informe de la Organización de las Naciones Unidas, como mayor productor de cocaína en el mundo, con multiplicación también vertiginosa de la materia prima original. No sabíamos los compatriotas a dónde habría de llevarnos la suspensión de las aspersiones aéreas, y ahora debemos dolernos de sus consecuencias de daño a la comunidad nacional e internacional.

Los resultados han sido extrarrápidos, pero no así los de los productos legítimos de exportación. Los periódicos destacan que ni el dólar caro ha hecho reaccionar a esta. ¿No será porque la política en vigor ha sido de apertura, pero no hacia afuera, sino hacia adentro? A los mecanismos del mercado se ha atenido el país, con dirección única irreversible y énfasis en la capacidad competitiva de nuestros productos. La promoción y la diversificación de exportaciones han pasado a ser historia antigua, por no decir anticuada. En la actualidad, la condición deficitaria se halla en boga.

Abdón Espinosa Valderrama

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