En prisión, murió el capo de capos de la mafia siciliana

En prisión, murió el capo de capos de la mafia siciliana

Bernardo Provenzano, jefe supremo de la Cosa Nostra, falleció a los 83 años.

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13 de julio 2016 , 09:24 a.m.

Bernardo Provenzano, apodado el 'Tractor' o 'Binnu' u tratturi', en italiano, fue hasta este miércoles el jefe supremo de la Cosa Nostra, la mafia siciliana. Falleció a sus 83 años, pero dejó una vida rodeada de misterios, acoso y violencia.

El antiguo jefe criminal se encontraba internado en el hospital de San Paolo en Milán (norte de Italia), donde recibía tratamiento por un cáncer que le había sido diagnosticado hacía varios años.

Había sido detenido en el 2006 tras pasar 30 años en la clandestinidad. Fue encarcelado en un régimen estricto de alta seguridad para que cumpliera varias condenas perpetuas, las cuales recibió a causa de la captación que durante décadas hizo del Estado italiano.

Nacido en 1933 en Corleone (Sicilia), bastión histórico de la Cosa Nostra, Provenzano ascendió poco a poco en los escalones de la mafia hasta alcanzar un auge hacia 1970.

Desde entonces, se mantuvo en la clandestinidad donde participó en las decisiones más importantes de la cúpula mafiosa como mano derecha de Toto Riina, el jefe histórico de la mafia, arrestado en 1993, al que sustituyó a partir de entonces.

Ambos eran Corleones, es decir, miembros del clan que dirigió la mafia siciliana con mano de hierro durante más de dos décadas.

Un hombre del delito

En sus últimos años "en activo", la Policía le había incautado cerca de 6.000 millones de euros fruto de su meticulosa labor. Como heredero de Riina, "jefe de todos los jefes", detenido en 1993 probablemente con ayuda de Provenzano, supo equilibrar la brutalidad con diplomacia. Esto sumado a su característica sobriedad, le permitió usar su riqueza para modernizar la estructura criminal de la Cosa Nostra.

En ese sentido, licitaciones públicas y la recaudación del "pizzo" –impuesto extorsivo que pagaban religiosamente los comerciantes– le sirvieron para cimentar un auge de la mafia en la isla de Sicilia. Sin embargo, el tráfico de drogas y sus métodos brutales fue lo que le permitió mantenerse en la cima.

No obstante, esa fortaleza quedó en entredicho cuando fue recluido en la cárcel de máxima de seguridad de Terni, en Umbría (centro de Italia). Allí comenzó a padecer de diabetes, y tan solo un año después de su detención tuvo que ser operado de un tumor de en la próstata.

Dicha intervención fue pagada con dineros del Estado italiano.

Capturado tras décadas en libertad

Su leyenda plagada de métodos atroces contrasta con su imagen de hombre tranquilo y sobrio. De hecho, durante su detención conservó el mutismo que lo caracterizó en toda su carrera delincuencial.

Según el diario ‘El País’ de España, el capo “estableció una especie de tregua después de los peores años de violencia para tratar de esquivar la fuerza del Estado”.

De hecho, su permanencia en la clandestinidad se produjo por su capacidad para permear las instituciones del Estado o para reemplazar la autoridad.

Una prueba de que podía permitirse una vida tranquila en Sicilia fue la máquina de escribir Brother, la cual utilizaba en los últimos años de clandestinidad para escribir pequeños papeles que transmitía a los otros jefes de la mafia a través de corres humanos.

Provenzano manejó con mano dura un ejército de 'mandaderos' obedientes y no utilizaba teléfono ni ordenador ni nada que la policía pudiera descubrir con medios técnicos. A pesar de esa desconfianza, era un fuerte creyente en dios. Hace más de diez años, en su escondrijo fueron encontradas cinco manoseadas biblias, con anotaciones y subrayados.

Sin embargo, según ‘El País’, el 11 de abril de 2006 sus hombres en la población siciliana de Corleone se vieron sobrepasados por la Policía italiana, que apoyada por helicópteros, capturó al Provenzano en una granja.

Luego de su captura, se supo que el capo mafioso solía reunirse todas las semanas con un sacerdote para confesarse y hablar de religión. De hecho, vivía como cualquier humilde campesino siciliano entre ovejas, barro y ricota.

Provenzano llegó a ser el hombre más poderoso de la mayor organización criminal de Europa y era quien garantizaba el equilibrio entre diferentes intereses, a veces en conflicto.

ELTIEMPO.COM y AFP

 

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