Editorial: El nuevo Fiscal General

Editorial: El nuevo Fiscal General

Néstor H. Martínez tiene el gran desafío de construir confianza y dejar atrás las tormentas en curso

11 de julio 2016 , 08:35 p.m.

Ninguno de los antecesores de Néstor Humberto Martínez, elegido este lunes por la Corte Suprema como nuevo Fiscal General de la Nación, ha tomado posesión de su cargo en un clima de tranquilidad. Pero es verdad también que desde la creación de la Fiscalía, en 1991, no ha habido un momento en el que coincidan, como hoy, tantos factores que afecten su imagen y credibilidad. En la más reciente encuesta de la firma Gallup, su imagen desfavorable alcanzó un preocupante 55 por ciento.

De ahí la urgencia que había por poner fin a la perjudicial interinidad en el ente acusador. Esta por fortuna terminó, y ha llegado un timonel con una hoja de vida que lo muestra como idóneo para capotear las tormentas en curso y, como lo necesita el país, llevar pronto el barco a buen puerto.

Pero antes deberá vérsela con no pocas tempestades. Unas tienen origen en las preguntas abiertas que dejó su anterior timonel. Otras, no menos intensas, con lo que a diario viven miles de colombianos víctimas de conductas delictivas y que sienten en carne propia su ineficiencia, que es uno de varios males que hoy la aquejan. Traducido a cifras, hablamos de 1,6 millones de procesos represados y apenas 50.000 condenas proferidas cada año.

Podría decirse, en consecuencia, que el gran desafío del nuevo Fiscal pasa por atender lo macro sin descuidar lo micro. Es vital para él aprender de los errores de sus predecesores. Dicho de otra forma, pensar más en el ciudadano y sus necesidades que en los 25.000 funcionarios a su cargo y los 2,5 billones de pesos de su presupuesto. Una barrera sólida contra el tejemaneje político será muy necesaria en las puertas de su despacho. Desde el primer momento debe dejar absolutamente claro que la independencia, la transparencia y la humildad serán el sello de su gestión.

Que tales virtudes prevalezcan es un reto ligado al de permitir que lleguen a la entidad nuevos paradigmas en sus lógicas internas que la hagan mucho más eficiente. Se trata de que sea el ciudadano –más que otras ramas del poder, más que los involucrados en los casos más sonados, por citar dos ejemplos– el primero en sentir que soplan nuevos aires. En esta materia, la trayectoria de Martínez, en la que sobresale un paso por el Banco Interamericano de Desarrollo, donde tuvo una tarea muy similar, es un parte inicial de tranquilidad.

Las mejoras en este sentido repercutirán en la vida de la gente, claro, pero también serán un aporte fundamental para la paz. No se puede pasar por alto que el recién elegido será –de no mediar un imprevisto– el Fiscal del posconflicto ni que en sus manos tendrá la responsabilidad de proporcionarle a la jurisdicción transicional las investigaciones para que esta tome decisiones cruciales sobre qué guerrilleros podrán ser amnistiados y cuáles deberán acudir ante el Tribunal Especial para la Paz.

Todos los anteriores desafíos para Martínez tienen un denominador común: el de construir confianza, sin importar que se vea obligado a pisar callos. Aquellos que son ineludibles cuando se desempeña un cargo público siguiendo la máxima, que él mismo ha expresado, de servir siempre a la comunidad, nunca de servirse.

editorial@eltiempo.com

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