No más termópilas

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Digámonos la verdad de una vez por todas: la letra del himno de Colombia es espantosa.

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11 de julio 2016 , 07:52 p.m.

Es cierto que nos emociona oír el himno nacional, sobre todo si estamos fuera de Colombia. Que nos convoca, que nos mueve, que nos alegra. Que a veces nos pone la piel de gallina y nos hace asomar un par de lágrimas.

Dicen los jugadores de la Selección de fútbol que pocos momentos hay tan emocionantes como el de oír el himno de Colombia poco antes de defender los colores patrios en una cancha extranjera.

Es cierto que conmueve cantar el himno con otros cuarenta mil colombianos aunque unos canten bien, y otros no tanto. Aunque unos vayan muy rápido, movidos por una emoción de locomotora, y otros se queden repasando cada frase.

Es emocionante, y sobre todo para eso está el himno de un país: para emocionar. Por eso en tantos países dicen que el suyo es el segundo himno más hermoso del mundo: porque, eso sí, parece haber un acuerdo tácito en que el más bello es el francés, la Marsellesa.

Lo dicen, realmente convencidos, en medio planeta. Y muchos lo piensan en Colombia. Pero, digámonos la verdad de una vez por todas: la letra del himno de Colombia es espantosa. Y ya sé que muchos me estarán tildando de antipatriota por decirlo. Aunque muchos de ellos piensen lo mismo que yo.

Es recargado, es pretencioso y, en muchos apartes, incomprensible. Lo hemos repetido sin cesar desde antes de tener uso de razón, y lo seguimos repitiendo como una oración medieval, sin entender la mitad de lo que decimos.

Hay que reconocerle a su autor, Rafael Núñez, varias veces presidente de Colombia, la valentía con la que sacó adelante su amor por Soledad Román en aquella sociedad pacata y doblemoralista que lo criticó por contraer matrimonio civil y que más tarde lo ensalzó por cometer el error de firmar el concordato. Valiente era, sin duda. Y culto e inteligente. Pero el himno que nos dejó, originalmente compuesto para su natal Cartagena de Indias, no da cuenta de sus virtudes, ¡Digámonos la verdad! Es tan cargado de adjetivos, tan cursi, tan falsamente poético, que si uno se detiene a oírlo solo puede imaginar a Álvaro Uribe Vélez cantándolo emocionado, con frac ombliguero y la mano en el corazón, así como se la puso cuando oyó por primera vez el himno de los Estados Unidos.

Ahora que estamos escribiendo una página gloriosa de nuestra historia, ¿no sería el momento de pensar en recomponer la letra del himno nacional?


Fernando Quiroz

@quirozfquiroz

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