La violencia en Estados Unidos

La violencia en Estados Unidos

Las tensiones raciales y la falta de control a las armas han provocado una enorme crisis nacional.

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11 de julio 2016 , 06:58 p.m.

Llegando a Burdeos (Francia), le pregunté al muchacho que llevaba las maletas a nuestro cuarto si el área donde está el hotel era segura. Sin inmutarse, el chico me respondió: “Por supuesto que sí, aquí la policía no mata a la gente en la calle”.

Al principio, su respuesta me pareció ingeniosa, típica de un joven francés orgulloso de su país, aunque muy defensiva, quizá por el atentado terrorista en noviembre del 2015 en París. Aparte de su dejo antinorteamericano, Timoteo olvidaba que en el 2005 hubo también encuentros mortales entre la policía y los jóvenes franceses de los suburbios de las grandes ciudades.

Cuando salimos a visitar la ciudad, Alemania jugaba contra Italia en la Eurocopa y me sorprendió ver a los policías municipales completamente desarmados, dedicados a evitar que los borrachos cayeran en las vías del tren. En Francia no hubo incidentes violentos que reportar, las noticias de violencia vinieron de Estados Unidos.

El martes 5 de julio, en Baton Rouge (Luisiana), dos policías blancos mataron a un hombre negro al que iban a arrestar. Su asesinato fue captado en un video y su difusión en las redes sociales generó protestas del movimiento 'Black Lives Matter' (las vidas negras importan).

El miércoles 6 de julio, un policía latino mató a otro hombre negro durante un incidente de tráfico. El motivo de la detención no ha quedado claro, pero el video filmado después del incidente con el hombre sangrando es sumamente dramático, tanto que el gobernador del estado, Mark Dayton, se preguntaba en público: ¿sí habría sucedido esto si el conductor y los pasajeros hubieran sido blancos?

El jueves 7 de julio, la violencia dio un giro a la inversa en Dallas (Texas), cuando un francotirador negro disparó contra los policías blancos que vigilaban una manifestación de protesta, y mató a 5 e hirió a 7 más. El asesino se había parapetado a escasos metros de donde Lee Harvey Oswald le disparó al presidente John F. Kennedy en 1963.

Es normal que, dada la frecuencia con la que suceden tiroteos de policías blancos contra ciudadanos negros, y asesinatos masivos de inocentes con armas de fuego en Estados Unidos, un joven que vive fuera de EE. UU., como Timoteo, tenga esa imagen del país. Y aunque no creo que Estados Unidos esté viviendo su apocalipsis, sí es evidente que las pésimas relaciones raciales, la desigualdad del sistema de justicia en el trato a blancos y negros y la falta de control en la venta de armas han provocado una enorme crisis nacional. Peor aún, no creo que ninguno de estos graves problemas tenga solución a corto o mediano plazo.

Después de la elección de Barack Obama a la presidencia, muchos pensaron que el ancestral problema del racismo había sido superado, pero los hechos demuestran lo contrario. Las encuestas del Pew Center nos muestran que solo un 46 por ciento de los blancos consideran que las relaciones raciales están bien, mientras que solo un 34 por ciento de los negros están de acuerdo.

En la comunidad negra hay un miedo legítimo a la policía que se ha exacerbado desde el asesinato de un joven negro en Ferguson (Misuri), en el 2014, a manos de un policía blanco, y que continúa saliendo a la superficie hoy en Luisiana y Minnesota. Según la encuesta del Pew Center, el 75 por ciento de los negros dicen que la policía los maltrata, cuando no los mata.

En cuanto al control en la venta de armas, soy todavía más pesimista. Si el asesinato masivo de niños en un kindergarten de Newtown, Connecticut; de fieles en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur y de jóvenes gais en un bar de Florida no conmovió a los congresistas que están en el bolsillo de la National Rifle Association, nada los va a convencer de que su interpretación de la segunda enmienda de la Constitución debe ser enmendada para proteger a la población de un país sumamente violento.


Sergio Muñoz Bata

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