Que todo el mundo te cante...

Que todo el mundo te cante...

Umberto Valverde repasa la historia musical de Cali a propósito de su cumpleaños número 480.

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11 de julio 2016 , 03:35 p.m.

Antes de la aparición de la radio, en Cali se escuchaba un repertorio de rumbas criollas, bambucos, torbellinos, guabinas y música de la costa norte colombiana. En la ciudad se realizaron varios carnavales en la década del veinte del siglo pasado, registrados en la novela Rosario Benavides, de Gregorio Sánchez Gómez.

A través de la radio, sobre todo entre 1935 y 1940, los caleños descubrieron su vocación en la programación nocturna de la CMQ, Radio Progreso y Radio Habana, todas ellas de Cuba, donde se difundía al Trío Matamoros, Ignacio Piñeiro, la Sonora Matancera, la Orquesta Riverside y Benny Moré. Los discos de 78 rpm llegaban de Estados Unidos a través del puerto de Buenaventura y aterrizaban directo a la zona de tolerancia, un sector entre los barrios Obrero y Sucre, que tuvo su auge en los años cincuenta y donde se crearon más de cien bares para gozar de esta música, bares frenéticos y libertarios sexualmente.

El cine mexicano, el llamado cine de rumberas, sirvió de alimento para los recientes bailarines que requerían puntos de referencia. Ahí encontraron entonces a María Antonieta Pons, Meche Barba, Amalia Aguilar, Ninón Sevilla y Rosa Carmina. Las rumberas llevaban el pecado encima porque bailaban, mostraban las piernas, movían las caderas, convirtiéndose en diosas del trópico. Además, se sumaron los bailarines de mambo, como Resortes, en la época del pachuco bailarín. Este cine promocionó a dos agrupaciones: La Sonora Matancera y la orquesta de Pérez, estas dos fueron las preferidas de Cali en los años cincuenta.

El 7 de agosto de 1956, varios camiones cargados de dinamita explotaron en la calle 25 entre carreras segunda y cuarta. Cali perdió el 35 por ciento de su área total y murieron 4.000 personas. Para una ciudad devastada y entristecida nació como reacción la Feria de Cali que se llevó a cabo en 1958. La primera feria duró cuarenta días, desde el 6 de diciembre de 1958 hasta el 13 de enero de 1959. La primera orquesta que vino fue la de Pacho Galán, además de los cantantes Leo Marini y Carlos 'Argentino' Torres, conocidos por haber grabado con la Sonora Matancera.

Cali entra al mundo de la modernidad a través de la música. La Feria de Cali se convierte en la plataforma para el conocimiento de las diversas corrientes musicales y para abrir las puertas de una ciudad provinciana. En primer lugar, toman la hegemonía los ritmos tropicales, con predominio del porro, el merecumbé y la cumbia.

A partir de los años sesenta, los barrios populares imponen la presencia de la pachanga, el jala jala y el boogaloo, antecedentes de la salsa. Tirar paso es parte de la vida de los caleños. Es la fascinación de la ciudad y un elemento cultural que los identifica. A diferencia de otras regiones, el caleño lleva la música adentro, el tambor le suena desde el pasado. Cali tiene una presencia negra tan considerable como Bahía (Brasil) y La Habana.

El triunfo de la salsa se produce en 1968, cuando Eduardo Lozano Henao, director de la Feria de Cali, contrata a Richie Ray y Bobby Cruz, en el año que se impone el tema Bella es la Navidad. Para ese momento, ya se había generado un hecho insólito, los discómanos (hoy llamados DJ) habían decidido acelerar los temas del boogaloo y pasarlos de 33 rpm a 45 rpm. En las décadas del setenta y el ochenta el gusto musical de Cali se inclinó abiertamente por la salsa.

Dos personas influyen en el desarrollo salsero de nuestra ciudad: Humberto Corredor y Larry Landa. A ellos se les debe durante casi dos décadas la presencia de orquestas de Nueva York, Puerto Rico y Cuba. Larry Landa trae la Fania All Stars en 1980, a Eddie Palmieri, todas las orquestas de pachanga y charanga, el recientemente fundado Conjunto Clásico, por supuesto a Celia Cruz, la mejor cantante del siglo.

Por casi dos décadas, Larry Landa se convierte en el adalid de la salsa y también fue el fundador del Carnaval de Juanchito. Como orquesta base de su discoteca, Larry Landa conformó una agrupación llamada la Charanga de Juan Pachanga, con Alfredo de la Fe como director y Héctor Lavoe como cantante invitado en su corta estadía en Cali de cuatro meses.

Cali es la memoria musical más completa y exigente de todo el Caribe. La salsa no es una moda: es la vida misma de un pueblo, con un movimiento de orquestas, bailarines, coleccionistas, escritores, artistas plásticos y cinematografistas. “Todo se lo debo a Cali”, afirmaba Jairo Varela, quien dejó 210 composiciones registradas y llegó a Cali en 1981 para encontrar el terreno propicio para su música.

El triunfo de la salsa es la victoria del barrio como entidad social, de la cultura popular que se entronca con el devenir histórico. Es el triunfo del barrio Obrero, del Séptimo Cielo, del bar Nápoles y Cangrejos, de los bailes de Ganso, donde se aprendió a bailar pachanga. La cultura salsera es un auténtico patrimonio cultural; no es el único, pero es el más importante. Está ligada a la memoria de la ciudad y no es ajena al sentimiento popular. Es un hecho tangible: La memoria musical de la salsa en el mundo es Cali, ya no es Nueva York, ni San Juan, ni La Habana. En esas ciudades, hoy en día solo se escucha reguetón. Cali es salsa, aunque el presupuesto del Petronio Álvarez triplica al Mundial de Salsa.

Cali es la música del Grupo Niche, es el legado de Jairo Varela defendido hoy en día por José Aguirre y los hijos de Varela, el más grande músico de nuestra ciudad. Cali es la memoria de la pachanga. Cali vibra, sueña y baila con la música de Jairo Varela, su mejor hijo adoptivo, a quien fueron a enterrar 500.000 caleños sin convocatoria alguna. Sin sus músicos, sin los bailarines de salsa, como Mulato y su escuela Swing Latino, Cali es una de las ciudades más violentas del mundo, una ciudad donde hay que vivir el momento, como decía Bienvenido Granda, porque el futuro es incierto, porque es una ciudad que niega lo mejor de ella. Es una ciudad de vetos y exclusiones, donde toda la cultura oficial ha fracasado.

Por Umberto Valverde
Para CARRUSEL

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