Con extorsiones de 500 hasta 100.000 pesos atormentan a estudiantes

Con extorsiones de 500 hasta 100.000 pesos atormentan a estudiantes

Según la Secretaría de Educación de Bogotá, durante el 2015 hubo 540 casos de acoso escolar.

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10 de julio 2016 , 08:56 p.m.

Hace tres años los días transcurrían con normalidad, Nicolás iba a su colegio en la localidad de Kennedy, tenía amigos, redes sociales, todo lo que un joven de 14 años quiere hacer en sexto de bachillerato.

Diana, su madre, cuenta que cuando su hijo entró al colegio público en cada salón podía haber 34 estudiantes pero que, con el tiempo, ese número se incrementó a 42. “Llegaron jóvenes en situación de vulnerabilidad y por eso se agrandaron los grupos, nos preocupaba que el rendimiento académico bajara”.

La institución había sido recomendada a la familia y por eso dos de los hijos de la pareja entraron a estudiar allí. “Yo quería que entrara en la mañana porque me dijeron que la jornada de la tarde era pesada, pero como no había cupo, a Nicolás le tocó asumir ese horario”, agregó la madre.

A finales de abril el comportamiento del adolescente cambió aún más. “Un día me dijo que ya no quería volver al colegio. Nos hablaba de gente muy pesada, pero nada más. Nosotros lo íbamos a recoger y aunque veíamos jóvenes de muy mal aspecto a la salida dejamos que el niño siguiera asistiendo al colegio”.

Todo empeoró cuando los padres de familia se dieron cuenta que Nicolás había cerrado todas sus redes sociales. “Ya no tenía Facebook. Eso sí se me hizo muy raro porque a esa edad todos los jóvenes se la pasan en eso. Al final pensé que era algo relacionado con niñas o algo así”.

Pero luego empeoró: Nicolás comenzó a adelgazar e incluso a bruxar sus dientes mientras dormía. “Bajó su rendimiento académico y eso nos alertó porque él tenía siempre muy buenas notas, es un joven muy pilo. Los profesores notaron su cambio de ánimo, pero nada más”.

Así pasaron varios días hasta que Nicolás no pudo más y explotó: “Ese día yo le noté la cara descompuesta, y se agarró a llorar desconsolado. Nos reveló todo lo que sabía sobre las barras bravas del colegio”.

 

 

La extorsión

Hace unos meses Nicolás comenzó a ser amenazado por un grupo de estudiantes del colegio que hacen parte de una banda del sector que se reconoce a sí misma como barras bravas de Millonarios y se visten con prendas alusivas a este equipo. “Ya había escuchado sobre las pandillas porque en el 2014 atacaron al colegio, se habían entrado y agredido a niños”, recordó Diana. En esa época, los padres se enteraron de que habían instalado unas cámaras, pero nada más.

El joven siguió con su relato. Aceptó que las cosas que se habían desaparecido de la casa eran para pagarles a los integrantes de la banda. “Eso explicaba por qué le habían robado el celular, lo mismo pasó con una tableta que era de su propiedad”. Los estudiantes les cobran cuotas, primero de 500 o de 1.000 pesos, y luego de hasta 40.000 para dejarlos en paz. “Mamá, nos dicen que si no pagamos publican en Facebook que uno es un marica, nos amenazan con chuzarnos, nos cobran por devolvernos los cuadernos y hay zonas por donde no podemos pasar”, le confesó Nicolás a sus padres.

Según Diana, los directivos del colegio saben de esta situación, pero es poco lo que hacen. “Cuando fuimos a contar todo, no nos pusieron atención, solo nos dijeron que al colegio no se podían llevar objetos valiosos y que si era extorsión pusiéramos una denuncia formal. A la fecha, nadie se ha manifestado”. También fueron a la Secretaría de Educación (SED), pero les pidieron que pasaran una carta y no más. “Eso en la fila uno escuchaba toda clase de quejas de lo que les pasa a los estudiantes”.

La decisión de la familia fue radical. Retiraron a sus dos hijos del colegio, todos se salieron de redes sociales y ya están haciendo trámites para radicarse en otra ciudad. “Todos los colegios cercanos han cambiado. La pandilla la conforman algunos estudiantes de cada plantel, unos 200, y los rumores en la calle enfatizan en que uno no se puede meter con ellos porque trabajan para un 'sayayín' del ‘Bronx’. Estamos hablando de colegios de Kennedy, Timiza, Patio Bonito y La Rivera”, contó Diana.

Ahora esta madre, que ya renunció a su empleo, ata cabos: recuerda cuando su hijo llegó con moretones en las piernas y le decía que se había caído. “Todo esto ha sido devastador para mi familia. Un día encontré a mi hijo visitando una página de internet sobre técnicas para suicidarse. Ahora nos toca comenzar de ceros porque cuando llevamos a Nicolás al médico, había perdido ocho kilos en menos de un mes”.

Hoy, Diana reconoce que antes de que esto le pasara a su hijo no se había preocupado por denunciar lo que pasaba en el colegio. “Somos indiferentes, ciegos y sordos frente a esta realidad. Nuestros niños se están matando y no estamos haciendo nada”.

Ya no son agresiones aisladas

Este relato ya no es un caso aislado en Bogotá. El 12 de abril del 2016, Citynoticias (de El Tiempo Casa Editorial) denunció el hecho de un niño golpeado por negarse a pagar una extorsión.

El menor terminó con contusiones, hematomas en el abdomen y una herida abierta en la cabeza. Sus padres dijeron que el agresor fue otro estudiante.

La hermana mayor del pequeño, y enfermera de profesión, percibió que el niño aparecía con morados en los brazos. Al preguntarle qué le había generado tales morados, este respondía que eran por caídas mientras jugaba en el colegio Fanny Mikey (barrio Villa Diamante de Ciudad Bolívar).

Como los moretones seguían apareciendo, la familia interrogó al pequeño, hasta que reveló que un compañero de la institución educativa le exigía hasta 10.000 pesos para poder entrar al baño o participar en los juegos. También contó que le exigía pagarle las onces al presunto intimidador y a otros niños, y lo amenazaba con golpearlo si se negaba o si le contaba a sus padres.

El estudiante confesó que se cansó de la situación y decidió no pagar más, por esta razón, el presunto agresor lo habría golpeado e intentado arrojarlo por las escaleras. Según Ricardo Ruidiaz, director de la Fundación Amigos Unidos, tres de cada diez estudiantes han sido víctimas de la llamada microextorsión.

“Aunque la gran mayoría de pandillas de Bogotá está en el negocio de la droga, una de las actividades que sostiene este mercado ilícito es la microextorsión escolar. Muchos escolares, por el alto consumo, se ven endeudados y luego amenazados por estos grupos”.

Para el experto, lo más grave es que muchos estudiantes somatizan la situación y terminan con problemas de salud. “Los padres se enteran de la microextorsión cuando empiezan a notar perdida de dinero y objetos en la casa”, explicó Ruidiaz.

De hecho, según la Secretaría de Educación (SED), durante el año 2015 se registraron 540 casos de hostigamiento escolar, de los cuales 74 ocurrieron en la localidad de Kennedy.

Del caso de Nicolás, la SED no tiene conocimiento, porque carece del número de radicado con el que la familia habría puesto en conocimiento el caso.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO
Escríbanos a carmal@eltiempo.com o siga mis historias en @CarolMalaver

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