Estas son las razones por las que no se inicia el diálogo con el Eln

Estas son las razones por las que no se inicia el diálogo con el Eln

Estancamiento ideológico y un mando federado, entre las causas.

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09 de julio 2016 , 10:15 p.m.

Cuando faltan menos de dos meses para firmar un acuerdo de paz definitivo con las Farc, múltiples factores –siendo el más destacado la negativa a abolir el secuestro– tienen estancados los diálogos con el Eln.

El ambiente en torno a las negociaciones con la segunda guerrilla del país está enrarecido y, a pesar de los mensajes que se han enviado en doble vía, no se avizora una posibilidad real de comenzar con la fase pública de las conversaciones en el corto plazo.

El Eln tiene un mando federado, lo que hace que la toma de decisiones interna no sea expedita. A lo que se le debe sumar que en varias de sus estructuras existe una relación estrecha con factores ilegales como el secuestro, la extorsión y –entre otros– la minería ilegal, lo que desata escenarios complejos que estancan una decisión unánime, o por lo menos mayoritaria, de mostrar verdaderos gestos de paz.

Además, el recrudecimiento de sus actos terroristas en las últimas semanas, atentando contra la infraestructura y asesinando a uniformados de la Fuerza Pública, han potenciado la desconfianza sobre la verdadera voluntad del Eln de abandonar la guerra.

Este estancamiento parece una constante histórica, según se desprende de los múltiples intentos fallidos de negociación que se han tenido con esa guerrilla.

Desde 1974, en el gobierno de Alfonso López Michelsen –pasando por todos los mandatarios que han comandado la Casa de Nariño después de él–, se ha explorado la posibilidad de dialogar con esa guerrilla, pero todos –como parece que también puede suceder ahora que se firme la paz con las Farc y este grupo se quede en la ilegalidad– han fracasado.

Su cúpula actual, integrada por Nicolás Rodríguez Bautista, alias Gabino; Israel Ramírez, alias Pablo Beltrán; y Eliécer Herlinto Chamorro, alias Antonio García, no ha logrado que todas sus escuadras acepten abandonar el secuestro para comenzar la fase pública de negociación. Piden que se dé inicio a los diálogos y se aborde ese punto en la mesa, algo que rechaza el Ejecutivo.

Una insistencia de esa guerrilla es realizar una convención nacional para buscar unidad de criterio, pero los entendidos del tema aseguran que no hay claridad sobre cómo quieren hacerla. Incluso, algunas voces dicen que el Eln siente una especie de complejo de hermano menor con las Farc y por eso buscan diferenciarse, entre otras cosas, con este tipo de dilaciones.

Y a esto se suma, como dice el exprocurador Jaime Bernal Cuéllar, que “el Eln tiene una ideología que no quiere, de ninguna forma, modificar”.

Opiniones similares tienen otros expertos consultados por EL TIEMPO, que conocen a fondo a esa guerrilla y han seguido muy de cerca el desarrollo de la fase exploratoria de diálogos con el gobierno de Juan Manuel Santos, la cual llevó al anuncio –el 30 de marzo en Caracas (Venezuela)– de una agenda común de negociación y que debería haber pasado a la etapa pública en Quito (Ecuador).

“Alguna vez dije que el Eln enredaba hasta un aplauso y esto les cayó muy mal. Les falta coherencia interna, unidad de mando y un mínimo de realismo político, así como les sobra capacidad para dinamitar oleoductos, asesinar policías o secuestrar civiles inocentes. Deben convencer al país de que van a abandonar estas prácticas para que un proceso con ellos tenga credibilidad. Es lo que todos deseamos.Se trata de una organización con mucho pasado y arraigo en ciertas regiones y mucha gente valiosa caída en sus filas, que no puede resultar inferior a su responsabilidad histórica”, aseguró Enrique Santos, exdirector de EL TIEMPO y persona cercana a los diálogos de paz que promueve el gobierno de su hermano, el presidente Santos.

El Eln ha insistido en que es el Gobierno el que pone trabas a la continuación del proceso, pero en sus pronunciamientos no han respondido a la exigencia clara que Santos hizo desde el primer momento para que liberen a los secuestrados a fin de dar el siguiente paso bilateral.

El arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve –quien conoce muy de cerca a esa guerrilla–, le dijo a este diario que el proceso de paz con el Eln sí puede darse, pero depende de un oxigenamiento en las dos delegaciones y de que ese grupo ilegal comprenda que “el tiempo de la lucha armada acabó”.

“Les veo futuro, y es que ellos no firmaron una agenda por deporte sino sabiendo que el momento histórico es un imperativo y que la seriedad con la que hay que enfrentarlo no permite incoherencias como la que ya tuvieron con el tema del secuestro”, dijo Monsalve.

La Casa de Nariño ha sido clara en que la fase pública con el Eln debe comenzar desde los logros conseguidos en la mesa de La Habana, para implementar un solo posconflicto en el país.

Es por eso que el catedrático de la Universidad Nacional Alejo Vargas plantea una solución: “Que se reúnan de nuevo las dos delegaciones de manera privada, puede ser con el acompañamiento de un tercero, como los países garantes o la Comisión Facilitadora Civil o un grupo de colombianos que las partes escojan, y allí encontrar una solución para destrabar los diálogos”.

En un reciente editorial de la revista Insurrección –medio de comunicación por el que se expresa esta guerrilla– el Eln insistió en que la paz “no se trata solo de silenciar las armas de la insurgencia”, por lo que, a su juicio, el Gobierno debería aceptar modificar parte del Estado. Algo que está completamente descartado por el Ejecutivo.

Ahora que se viene la firma del fin del conflicto con las Farc, con la anuencia de toda la comunidad internacional, al Eln no le queda otra salida –concluyen los analistas– que sumarse a los diálogos de paz, porque, de lo contrario, recibirán un trato igual al de las bandas criminales.

“Todos esos miles de soldados que tenemos por el territorio nacional (...) los traeremos a perseguir a quienes se queden por fuera”, fue un mensaje reciente del presidente Santos. 

Como una banda criminal

Con la firma del fin del conflicto con las Farc, y de persistir la negativa del Eln de aceptar las condiciones mínimas que se requieren para negociar públicamente la paz, el Gobierno quedaría facultado para utilizar todo el peso de la Fuerza Pública para combatir a quienes se queden en la ilegalidad.

Esto se traduce en que si la negociación con el Eln no avanza, esa guerrilla perdería el estatus político que se le reconoce en medio de los diálogos, por lo que recibirían el mismo trato que se les da a las bandas criminales, bombardeos incluidos.

POLÍTICA

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