Disidencias: no hay proceso de paz que escape a ellas

Disidencias: no hay proceso de paz que escape a ellas

Tentación de narcotráfico o la minería ilegal está ahí. Solidez del mando de las Farc es fuerte.

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09 de julio 2016 , 09:40 p.m.

La disidencia dentro del frente primero de las Farc, cuyos verdaderos alcances aún no se conocen bien, puso por primera vez al país a hablar sobre un fantasma que ha aparecido en casi todos los procesos de paz, tanto en Colombia como en el mundo: el de las facciones que se niegan a dejar las armas.

Estudios académicos indican que hasta un 30 por ciento de los miembros de los grupos armados o regresa a la ilegalidad o simplemente nunca se pliega a las negociaciones, pero expertos en las Farc consideran que en el caso de la guerrilla colombiana esta cifra ni siquiera llegaría al 10 por ciento de toda su tropa, por factores como el peso del tema ideológico y la solidez del mando.

En el último proceso de paz antes del actual con las Farc, el que llevó al desmonte de los grupos paramilitares, se desmovilizaron colectivamente 32.000 irregulares. Cifras de la Agencia Colombiana para la Reintegración muestran que 4.384 de esos desmovilizados fueron condenados después por reincidir en otros delitos. Pero casi ocho de cada 10 se mantienen en los programas de reincorporación a la vida civil.

El surgimiento de las ‘bacrim’ –que aparecieron poco después de las desmovilizaciones en zonas controladas por los ‘paras’ y que aún hoy son un desafío para el Estado– representa el mayor lunar de ese esfuerzo de paz.

Las capturas y golpes contra las bandas muestran que al menos dos de cada 10 ilegales habían estado antes en los grupos paramilitares. Pero esa proporción crece hasta el 90 por ciento cuando se trata de jefes. De hecho, la cúpula del ‘clan Úsuga’ está integrada, sin una sola excepción, por desmovilizados.

¿Qué puede pasar, entonces, con las Farc? A diferencia de las autodefensas, que eran una confederación atomizada y algunos de cuyos jefes incluso terminaron asesinados por sus pares, esa guerrilla tiene una estructura altamente jerarquizada y su efectividad, resalta el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), ha quedado demostrada en el acatamiento de la orden de cese de hostilidades. Según la Fiscalía, la violencia asociada al conflicto durante el cese del fuego bajó un 94 por ciento.

La unidad se ha hecho evidente también por la presencia de algunos de los jefes más radicales en la mesa de La Habana, como ‘Romaña’, el ‘Paisa’ y ‘Joaquín Gómez’.

Aunque la disciplina ‘fariana’ es fuerte, esto no garantiza que para algunos de sus combatientes y mandos medios no sea una opción atractiva seguir en la ilegalidad y quedarse con la plata del narcotráfico y la minería ilegal que antes le entregaban al secretariado. Solo el frente primero mueve unas dos toneladas de cocaína cada mes, además de los ingresos que percibe por la explotación ilegal del coltán. Y es un escenario lógico esperar que algunos guerrilleros se dejen tentar.

María Victoria Llorente, de la Fundación de Ideas para la Paz, dice que es posible que algunas de las “partes más criminalizadas no estén de acuerdo porque no ven compensación suficiente con el tránsito hacia la legalidad”. Y añade: “Lo que no me parece correcto es que quienes están en contra del proceso aprovechen esto, que pasa en todos los procesos de paz, para despertar temor entre los colombianos. Creo que la paz que se ha firmado es de verdad”.

Alejo Vargas, director del Centro de Pensamiento y Seguimiento al Diálogo de Paz de la U. Nacional, coincide: “Siempre hay disidencias”, hay que “trabajar para que sean las menos posibles”, pero “no creo que eso vaya a poner todo en riesgo”.

Para el coronel Alfonso Velásquez, profesor de la Universidad de La Sabana, el Estado debe esforzarse por ocupar los espacios que dejen los frentes desmovilizados y en tener una estrategia que muestre a los rebeldes que desmovilizarse es una opción mucho mejor que seguir delinquiendo. La decisión de utilizar los bombardeos –arma que en los últimos 10 años quebró la voluntad de guerra de las Farc– contra las bandas criminales más grandes (‘los Úsuga’, ‘los Pelusos’ y ‘los Puntilleros’) va en tal sentido.

Y Alejo Vargas lo secunda, diciendo que la Fuerza Pública tendrá que golpear con toda su fuerza a los que escojan la vía de la criminalidad.

Ariel Ávila, analista y subdirector de Fundación Paz y Reconciliación, pide no precipitarse en el análisis y no olvidar que en las filas de las Farc aún hay muchos miedos frente al salto a la paz –“muchos temen que los asesinen”– y que todavía está por verse el efecto de la pedagogía iniciada por los mandos llegados de Cuba. Por eso, dice, más que hablar de disidencias hay que analizar la situación como “de riesgo, pero con capacidad de maniobra”, pues claramente hay un gran trabajo que hacer dentro de las filas de la insurgencia.

De hecho, comenta, “cuando arrancó la negociación con el M-19, el 80 por ciento (de sus bases) no estuvo de acuerdo, y al final fueron todos”.

“En todos los procesos de paz va a haber disidencias –continúa–. Con los paramilitares fue de más del 20 por ciento y con las Farc puede ser del 10 por ciento o menos; no va a ser tan dramático, pero, así no sea el frente primero, igual va a haber gente que se quede por fuera. Eso es normal”.

JUSTICIA

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