Una espiral de violencia en Estados Unidos

Una espiral de violencia en Estados Unidos

Las agresiones de la fuerza pública a la población afroamericana se han vuelto frecuentes y letales.

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08 de julio 2016 , 09:51 p.m.

Una vez más ha quedado claro en EE. UU. que el mantra de los defensores de la segunda enmienda según el cual poseer armas genera más seguridad es absolutamente falso.

Los episodios de Baton Rouge y Falcon Heights terminaron en la muerte de dos ciudadanos afroamericanos gracias a tensiones históricas entre esta población y una fuerza policial predominantemente blanca, pero también gracias al escalamiento de una interacción entre ciudadanos armados y policías que se salió de control.

Las agresiones de la fuerza pública a la población afroamericana se han vuelto frecuentes y letales, tanto que ya hasta los conservadores no niegan que haya un problema racial latente. En EE. UU. y solo durante el 2016, por cada millón de habitantes afroamericanos, 3,23 fueron asesinados por la policía. Se trata de una tasa solo superada por los asesinatos de miembros de tribus nativas en ese país. Solo 1,41 blancos por cada millón han terminado igual. (Lea también: Veterano de guerra estaría detrás de la masacre de policías en Dallas)

Como lo sugirió Obama, esto es evidencia de una disparidad racial enorme que existe en el sistema penal. La población afroamericana y la hispana siempre cuentan con mayores probabilidades que la población blanca de ser requisados, enjuiciados, de ir a la cárcel y de pagar penas más altas. Ello revela que la fuerza policial y el sistema penal se han convertido en un reproductor más de las aún fuertes formas de discriminación heredadas de la esclavitud.

Y si a este volátil escenario se le suma la disponibilidad efectiva y prácticamente incontrolable de armas por parte de ciudadanos comunes, estos encuentros con la policía, permeados de miedo y altísimos niveles de desconfianza interracial, jamás tendrán el potencial de resultar en algo distinto a lo visto en Luisiana y Minnesota.

Pero, esta vez, a la ya dolorosa tragedia en estos dos estados se sumó la acción de un francotirador en Dallas que acabó con la vida de cinco policías. La espiral de violencia se ha desarrollado aún más gracias a que el sistema penal parece actuar con gran mano dura contra la población afro, pero no ha encontrado la forma de judicializar y castigar a los pocos miembros de la policía que actúan como garantes de la ley en las calles, jueces y finalmente verdugos. Todo en uno.

Las muertes de Castile y Sterling resultan de la combinación de la posesión generalizada de armas y lo que denominan el ‘declive en el estándar del miedo razonable’ al que tiene derecho un policía, fenómeno que está asociado con fuertes tensiones raciales. Un sistema penal incapaz de castigar a quienes cometen estos actos e incapaz de prevenirlos lleva al miedo y la rabia que motivaron al francotirador. La espiral de violencia da así un primer giro, lista para continuar reproduciéndose.

SANDRA BORDA G.
Decana de Ciencias Sociales de la Universidad Tadeo Lozano

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