Gracias a lectores de EL TIEMPO, familia superó la tragedia de Armero

Gracias a lectores de EL TIEMPO, familia superó la tragedia de Armero

Luego de 6 meses de conocer la historia de Edilma Loaiza y su hijo, la solidaridad cambió sus vidas.

notitle
08 de julio 2016 , 08:19 p.m.

“He leído su artículo en el periódico y de verdad estoy conmocionado e indignado. Conmocionado por todo lo que han tenido que pasar la señora Edilma y su hijo Edward, e indignado por cómo los han tratado las instituciones civiles y eclesiales (…) Por favor, cuénteme cómo puedo ayudar a esta familia; no vivo en Colombia, pero mi familia vive allí y somos de un corazón generoso. Quedo atento a sus instrucciones”.

Este mensaje, que llegó a la redacción de EL TIEMPO el pasado 26 de diciembre, fue enviado desde Estados Unidos por Gerson Parra, uno de los miles de lectores que conocieron la historia de Edilma Loaiza y su hijo, Edward Caicedo, dos sobrevivientes de la avalancha de Armero, que 30 años después han sorteado los obstáculos aún mayores que la sociedad les impuso, luego de la tragedia natural.

En esa nota, Edilma contaba cómo vio morir a tres de sus hijos y a su esposo en el lodo que enterró su casa. Cómo tuvo que cortarse la pierna izquierda, que le quedó atrapada, para escapar de la podredumbre. Cómo soportó luego la crueldad de las religiosas de una clínica de reposo, la indolencia de los empleados bancarios que nunca respondieron por las inversiones que su esposo le había dejado y la inoperancia de las ayudas para los damnificados.

Madre e hijo no pudieron contener las lágrimas al recibir una donación inesperada en la sede del Minuto de Dios. Foto: Corporación Minuto de Dios

Luego de digerir el crudo relato, Parra fue una de las más de 40 personas e instituciones que decidieron actuar en pro de esta mujer y de su hijo, quienes hoy atesoran con gratitud una lista de sus benefactores, algunos de los cuales prefieren permanecer en el anonimato.

En ese listado figura, por ejemplo, Marcela Benavides, una odontóloga que le hizo un tratamiento gratuito a Edilma. Y Fernando Benítez, que pertenece a la tercera edad y llegó hasta Soacha, desde Florencia (Caquetá), solo para entregar una donación. (Lea también: Armero: 30 años de la tragedia anunciada que nadie evitó)

“Nosotros pensamos que ese diciembre lo íbamos a pasar mal –dice hoy Edilma en el apartamento que está pagando en Ciudad Verde, en el municipio de Soacha–. Hasta el 24 estuvimos muy regular, pero llegó parte de mi familia y nos dijeron ‘Ustedes para qué se quedan aquí aguantando hambre, caminen para Ibagué. Échense dos pantalones, que allá mi ropa les queda buena’ ”.

La tenaz sobreviviente de Armero, que hoy tiene 58 años, viajó también con el propósito de contarle a su familia todo lo que había sucedido en las últimas tres décadas de su vida, un testimonio que había formado parte del documental El valle sin sombras, del cineasta Rubén Mendoza.

Edward recuerda: “El artículo se publicó el 26 de diciembre, pero nuestro operador de celular estaba dañado y solamente el 28 de diciembre se arregló. Nos comenzaron a llamar personas, y yo pensaba que me estaban mamando gallo porque era el Día de los Inocentes. Fueron muchas las llamadas de gente que nos quería conocer y darnos una ayuda. Gente que lo había leído en el periódico impreso y otros por internet. Algunos solo querían felicitarnos, decirle a mi mamá que era muy valiente. Otros nos ayudaron económicamente. A todos les agradecemos mucho porque fueron un apoyo moral muy grande”.

En diciembre dimos a conocer su dramático testimonio.

“Hasta enamorados me salieron –bromea Edilma–. Pensaron que, tal vez con el documental, yo había cogido mucha plata y me proponían que se venían a vivir acá conmigo. Otros me invitaban por allá a pasear”.

“Estábamos donde mi cuñada –prosigue– y yo le hacía el oficio para ganarme la comida. Yo no soy perezosa. En enero, me seguían entrando llamadas de personas que me enviaban giros de 50, de 30, de 20.000 pesitos. Uno mandó un 1’200.000, otro nos puso desde Estados Unidos el equivalente a 60.000 pesos. Era un estudiante que dijo que no ganaba mucho, pero la historia lo había conmovido y envió la plata desde allá. Hasta de Suecia, una niña que se comunicó con nosotros nos giró 100.000 pesos. Así completamos como tres millones”. (Además: Un diciembre diferente para dos sobrevivientes de Armero)

Caminando con sus muletas, Edilma se aparecía varias veces por semana en una empresa de giros de la capital del Tolima y ya la reconocían por el nombre. Con lo que recibía, pagaba los servicios o algún mercado, y también iba ahorrando. Al regresar a Bogotá, le sobró algún dinero para la cuota de su apartamento, ya que si pasa más de tres meses sin pagar, pierde el convenio que ella y su hijo lograron con una caja de compensación familiar.

El minuto de dos

Fue un comienzo de año esperanzador, ya que si bien Edward se había quedado sin trabajo en diciembre, la solidaridad de los colombianos llegó en el momento oportuno. “Pasé hojas de vida por todo lado, y estaba difícil. Un amigo de la iglesia a la que asistimos me dijo que le pasara una, y como al mes me llamaron de una empresa de medicina prepagada. Con ellos trabajo en ventas. Ha sido duro. Nunca me había demorado tanto en conseguir trabajo, fueron como cinco meses”.

Otra llamada providencial se produjo hace tres semanas. Voceros de la Corporación Minuto de Dios les ofrecieron estudiar su caso. María Rubi Traslaviña, directora de operaciones sociales de esa entidad, dice: “Después de que salió el reportaje en diciembre, buscamos contactar a la señora Edilma y a su hijo. Se les hizo un acompañamiento psicosocial, y a través del Cirec (centro de rehabilitación), apareció un donante, un profesional del derecho al que no le gusta aparecer, pero lleva con nosotros una relación de hace rato. A Edilma y Edward no se les dijo nada, solo los citamos el 21 de junio porque les queríamos presentar a una persona...”

Madre e hijo llegaron pensando que se trataba de una beca de estudio. Los recibió el padre Diego Jaramillo, presidente de la organización y sucesor de Rafael García Herreros. Él les entregó un comprobante de consignación, y con la emoción, Edilma leyó que eran 200.000 pesos, por lo cual agradeció efusivamente al religioso. Pero al pasarle el papel a Edward, este leyó la cifra correcta: 20 millones y medio de pesos.

“Yo sentía el estómago lleno, luego lo sentía vacío, Edward temblaba, yo también. Me quedé sin palabras. Hasta me dieron ganas de vomitar. Nosotros nos mirábamos y nos parecía mentira, hacía tantos años que no veía tanta plata junta, así fuera en un papel. Yo lloraba y les decía ‘gracias, gracias’. No tenía más palabras, y eso que soy bien parlanchina”. Edilma Loaiza logró salvar su apartamento y, aunque aún le queda un saldo por pagar, ahora puede mirar al futuro con mayor tranquilidad.

En enero, un hombre que solo se identificó como Sergio les había ofrecido pagar seis cuotas de la vivienda, y así lo cumplió religiosamente. Pero el peligro de colgarse en los pagos seguía latente. Con lo que gana Edward y los productos de belleza que vende su mamá han ido mejorando el apartamento. La más reciente adecuación fue poner un piso corrugado en la cocina, para que no resbalen las muletas de Edilma.

“Otra señora, Elvira, se convirtió en mi hada madrina –añade ella–. Me llamaba casi todos los días y me preguntaba que si teníamos para comer. Yo le respondía ‘Sí, señora’, y ella me decía ‘No creo’. Y me hacía ir hasta su casa, me empacaba mercados y me daba para los servicios. Un día le dije: ‘Señora Elvira, Edward ya consiguió trabajo’, y ella dijo ‘No importa, llévense este mercado para que tengan ahí’ ”.

De regreso al nevado

Edilma mira su álbum de fotos, donde están congelados los recuerdos de Armero, de antes de la avalancha. Recorre con el dedo la última imagen de los tres hijos que murieron allí. “A mí ya no me da tristeza, yo ya hice de cuenta que ellos están arriba”. Duró más de 15 años sin querer ver esas fotos. Lloraba mucho. En cada niño que pasaba los veía. Pero ya no. Siente que es un capítulo superado.

“El documental me sirvió para cerrar muchas heridas. Lloré mucho allá en Armero, el hombro de Rubén Mendoza fue el que más me aguantó. Pero para mí fue como sanar, cerrar un luto que yo había guardado por muchos años. Yo jamás había contado mi historia”.

El propio Mendoza hizo la gestión y consiguió un donante que quiere aportarle a Edilma la prótesis de la pierna izquierda. Ella ha cotizado diferentes modelos y ya encontró uno que no es tan costoso. “No quiero abusar de ese señor y por eso busco la mejor cotización. Ya me mandaron a hacer terapias, a vendarme, y estoy esperando la respuesta”.

No obstante, el cineasta, director de películas como Tierra en la lengua y La sociedad del semáforo, insiste en que toda la solidaridad proviene de la gente del común y no del Estado. Edward coincide en ello: “Nos sentimos abandonados por el Estado, como si no fuéramos colombianos, como si no fuéramos damnificados de Armero. No sabemos qué pasó con esos terrenos, nuestros muertos están ahí”.

Cuando ocurrió la avalancha, él era un bebé de 22 meses y terminó con una pierna herida, pero hoy prefiere mirar hacia adelante: “Hay una posibilidad de irnos de Bogotá. Una amiga que trabaja en ecoturismo me ofreció trabajar en una finca en el Tolima, para alquilarla en eventos. A mí me gusta mucho la idea. Esa finca queda cerca al nevado del Tolima, y es para los turistas que quieran visitar el Parque Nacional de los Nevados”.

Sería toda una metáfora, luego de que otro nevado se llevó lo que tenían. Edilma lo ve así, pero cambia los protagonistas: “Alguien nos dijo: ‘Lo que el diablo les quitó, Dios se los va a recompensar’ ”.

La lista de Edilma

Cuaderno en el que Edilma escribe los nombres de sus donantes y la última foto de los hijos que perdió en Armero.

Con su puño y letra, ella lleva un registro de quienes la ayudaron luego de ver el documental o el artículo con su historia. Están Sergio, Elvira Torres, Alcira, Hellen Warin, Rita Román, Juan Carlos Llano, Andrés Rúa, Gladis Becerra, Luis Barrios, Marcela Benavides, Juan Miguel Salom, Gerson Parra, Alexánder Arango, Olga Susa, Rubi Traslaviña, el padre Diego Jaramillo, Karina Pinzón, María Mercedes Segura, Paula Segura, Nancy Valbuena, Gladis Álvarez y familia, Rubén Mendoza, Martha Pedroza, la familia Benítez, Erik Gil y señora, la familia Varón, Yensi Correa, Camilo Moreno, señoras del grupo de oración, Darío Nova y Luisa Caicedo, además de otros que pidieron reserva de sus nombres.

JULIO CÉSAR GUZMÁN
Editor Cultura y Entretenimiento

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.