Editorial: Estados Unidos y sus fantasmas

Editorial: Estados Unidos y sus fantasmas

El país del norte está sumido en un clima que combina en dosis iguales agitación y tensión.

08 de julio 2016 , 08:17 p.m.

Días más calmados ha conocido Estados Unidos. En una campaña electoral ya de por sí marcada por la pugnacidad de los contendores y la polarización que ha generado, esta semana una serie de hechos dejaron al país del norte sumido en un clima que combina en dosis iguales agitación y tensión.

Primero fue la muerte, a manos de policías, de dos ciudadanos afroamericanos. Dos eslabones más de una cadena que en el último tiempo no ha hecho sino crecer, y con no pocos episodios absurdos, motivo de justificada indignación.

Luego, el jueves en la noche, un francotirador asesinó a cinco policías presentes en una manifestación convocada en Dallas, Texas, para, justamente, protestar por estas dos muertes. También resultaron heridos otros siete agentes del orden en el que ha sido el hecho con más muertes de policías en Estados Unidos desde el 11 de septiembre.

Las víctimas por las que se congregaron los manifestantes en Dallas son Alton Sterling, de 37 años, y Philando Castile, de 32. Sterling, vendedor de CD en la puerta de un supermercado, falleció en la madrugada del miércoles a consecuencia de los disparos que agentes del orden le propinaron en Baton Rouge, Luisiana, cuando ya había sido reducido (portaba un arma) y se encontraba en estado de indefensión.

Al día siguiente, cuatro disparos de un arma accionada por un miembro del departamento de policía de Saint Anthony, Minnesota, tuvieron como blanco a Castile. Esto ocurrió durante una operación rutinaria de registro en una carretera y luego de que la víctima, según asegura su esposa, advirtiera que portaba un arma. Su agonía la registró ella con su celular, y la difundió en directo a través de la red social Facebook.

Lo acontecido logró que los más temidos fantasmas que acechan al sueño americano quedaran de nuevo expuestos. Estos van desde la facilidad con que las personas no solo acceden a armas de fuego, sino que hacen uso de ellas para segar vidas de forma masiva, hasta uno con nombre propio: el racismo. En este caso, el de quienes ostentan las armas del Estado. Y aquí las cifras son motivo de justificada alarma: el porcentaje de afroamericanos muertos por policías este año dobla al que corresponde a dicha población en el total de los habitantes del país.

Un argumento más para afirmar que en esa nación, por tantos años referente en distintos terrenos, persiste una fractura mucho más honda de lo que la sociedad está en capacidad de admitir. Esta vez no fue el terrorismo, no fue un enemigo externo, fue un hecho aislado, según ha quedado claro. Pero este dictamen, dado el contexto, está lejos de tranquilizar. Todo lo contrario, es un síntoma extremadamente preocupante.

De lo anterior también es muy diciente que el siempre inoportuno aspirante republicano Donald Trump haya enviado un mensaje en clave de mesura: “Nuestra nación está demasiado dividida. Demasiados americanos han perdido la esperanza. Las tensiones raciales han empeorado, no mejorado”. En medio de todo, es alentador que al menos en el diagnóstico hay un consenso. El reto ahora es lograrlo en todos aquellos terrenos en los que las grietas son cada vez más visibles.

editorial@eltiempo.com

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