Justas proporciones

Justas proporciones

No me explico por qué la presunta participación de las Farc en política ha sido tan discutida.

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08 de julio 2016 , 06:09 p.m.

No me explico por qué la presunta participación de las Farc en política ha sido tan discutida. ¿Acaso no es política, a punta de bala, la que ha hecho ese grupo guerrillero a lo largo de 60 años? En las ciudades no nos ha tocado soportarlos, pero, regados por el país, hay municipios en donde ese grupo subversivo ha hecho lo que le ha dado la gana. Desde influir en la elección de alcaldes, de concejales, hasta controlar el ir y venir de las familias campesinas, a las que ha extorsionado. Y además les ha quitado a sus hijos menores para enlistarlos en comandos criminales en donde les enseñan a matar, y ha sonsacado a sus hijas para prostituirlas. El llamado ‘ejército del pueblo’ ha dominado y destruido poblaciones, tumbado torres de energía, reventado oleoductos cuyos derrames que envenenan los cultivos y las agua de ríos y quebradas.

Lo notable es que las Farc, al negociar la paz con el Gobierno, dejaron de cometer algunos delitos. Y, sellado el proceso de paz, la población campesina dejará de padecer más desgracias. Por eso es tan importante que culmine el proceso. Será ponerle fin a la guerra que ha sufrido la población campesina. La paz en el campo, la más anhelada, debemos apoyarla quienes por vivir en las ciudades no hemos padecido en carne propia los horrores de la guerra. Injusto sería que desde la seguridad de nuestros hogares no apoyáramos esa paz que anhelan con urgencia millones de colombianos que habitan montañas, selvas y llanuras. Con la paz tendrá que llegar el Estado a donde nunca ha llegado.

En cuanto a que las Farc lleguen al Capitolio, no vale la pena escandalizarse. Por allá han pasado ‘paras’, narcos, exconvictos, esposas, hijos, tíos y primos de todos los anteriores. Es exagerado ofrecerles diez curules, pero darles tres curules en la Cámara es suficiente. Llegar gratis al Senado sería un golpe para los partidos pequeños que han ganado sus curules con grandes esfuerzos y con altos costos. Para hacer política sin balas, pero con votos, las Farc tienen que hacer méritos para poder conquistar electores.

Y los negociadores de las Farc, que llevan 4 años en La Habana, disfrutando de paz y de buena vida, deben asegurar el control de sus huestes entregadas al narcotráfico. Su rebelión es noticia grave: demuestra que no hay unidad de mando, pero les sirve a las autoridades para localizar el ataque. El presidente Santos les dijo: si no se entregan, las Fuerzas Armadas les caerán encima y terminarán muertos, o en la cárcel. A estas alturas del proceso no hay vuelta de hoja.


Injusticias y abusos

Andrés Camargo, un ciudadano lleno de cualidades humanas y profesionales, luego de pagar una pena injusta, volvió a la cárcel. La Corte Suprema de Justicia, ensañada con el exdirector del IDU, lo mandó a La Picota. Contra Camargo no se han cometido injusticias, sino atropellos. Entre tanto, en la Corte Constitucional actúa sin problema el señor Jorge Pretelt, culpable, entre otros delitos, de exigir coimas para expedir fallos. Con razón el prestigio que tuvieron las cortes está por el piso. Con razón aquí ya nadie cree en la justicia.

¿Y hasta cuándo 48 millones de colombianos estaremos en manos de dueños de camiones y de camioneros? Llevan un mes con el país de ruana, sin que las autoridades logren satisfacerlos. ¿Responderá alguien por las millonarias pérdidas?


Lucy Nieto de Samper
lucynietods@gmail.com

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