Editorial: De cara a los transgénicos

Editorial: De cara a los transgénicos

Los organismos genéticamente modificados abundan y pueden ser la solución de muchos problemas.

07 de julio 2016 , 07:40 p.m.

Pocas palabras sobre las nuevas tecnologías alimentarias generan tanto ruido, con tan pocas nueces, como el de organismos genéticamente modificados, los llamados transgénicos. Aunque al parecer su presencia está más determinada por el enfrentamiento entre quienes las califican como la salvación para la hambruna mundial y quienes las consideran un atentado contra la naturaleza y la vida misma, a este debate parece sobrarle emoción y faltarle una buena dosis de razón ilustrada.

Hace una semana, más de cien científicos laureados con los premios Nobel de física, química y medicina enviaron una carta a Greenpeace (la organización ambientalista de mayor reconocimiento en el mundo) con un mensaje contundente: que abandonen su campaña contra los organismos genéticamente modificados (OGM).

Argumentan que hasta ahora existe suficiente evidencia científica sobre su seguridad en la salud humana y animal, y además su “impacto medioambiental es menos dañino y son de gran ayuda para la biodiversidad”.

La puja se centra en el llamado arroz dorado, que, de acuerdo con los científicos, produce mayor cantidad de betacaroteno y tendría el potencial de beneficiar a más de 250 millones de personas con deficiencia de vitamina A (principal causa de ceguera en niños). Sin embargo, Greenpeace rechaza la semilla y afirma que dicho arroz no ha sido comercializado y por lo tanto su potencial es una suposición.

Se trata de una postura que los defensores de los OGM refutan diciendo que si ello no ha sido posible es porque estos ambientalistas han obstaculizado la comercialización y destruido los campos de cultivo. También cuestionan la oposición sectorizada de Greenpeace, muy fuerte en Europa y Asia pero no en Estados Unidos, y su silencio frente a la transgénesis en otros campos.

Aquí hay que reconocer el papel de Greenpeace en la defensa del medioambiente, su constante batalla por proteger especies amenazadas y la valentía al denunciar las agresiones contra la naturaleza, pero eso no impide que en esta discusión las conclusiones emanadas del rigor de una ciencia libre de intereses se puedan poner sin temor sobre la mesa.

Es hora de remontar los miedos infundados –por la supuesta aparición de gérmenes terroríficos– surgidos de la controversia que generó en su momento la genética recombinante (cuando se logró la introducción de genes humanos en la bacteria E. coli, en levaduras, etc.). Eso nunca ocurrió, y hoy son claros los beneficios de dicha tecnología.

Los OGM no invalidan para nada la existencia de cultivos ecológicos ni la preservación de los organismos no modificados. También se ha demostrado que no afectan a las demás especies y que en muchos casos requieren menos químicos agrotóxicos, contaminantes de primera línea en cultivos tradicionales.

Hay que decirlo sin ambages: los organismos recombinantes y modificados están por todas partes y pueden ser la solución de muchos problemas. Otra cosa es que estos tengan dueño y que, debido a patentes y propiedad intelectual (que son otro tema), los beneficios lleguen a unos pocos, aumentando así la inequidad, causa de problemas mayores.

editorial@eltiempo.com

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