La Finca: familia unida que cultiva y sirve a la mesa

La Finca: familia unida que cultiva y sirve a la mesa

En este lugar de Chía conviven la huerta y el restaurante, así como las pizzas con las picadas.

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07 de julio 2016 , 07:05 p.m.

La Finca, en Chía, no resultó de ningún plan de mercadeo meticulosamente pensado, no hubo una estrategia milimétrica, ni un chef detrás diseñando platos raros. La Finca creció a punta del empeño de una familia y las sugerencias del público que la adoptó como propia.

Luis Cuervo es el padre. Años atrás, orgulloso de tener un hijo graduado como ingeniero agrónomo, decidió darle espacio en el terreno familiar para que aplicara sus conocimientos en materia de cultivos orgánicos, hidropónicos y aeropónicos.

Daniel, el hijo, empezó a producir lechugas, acelgas y otra gama de vegetales (tienen certificado de buenas prácticas agrícolas BPA, del ICA). Intentaron venderlas en supermercados, pero en aquel momento el carácter orgánico no era importante.

La familia no quiso ver mezclados sus cuidados vegetales con otros. “Pensamos que si queríamos aportarle algo a la humanidad, teníamos que hacer el esfuerzo solitos”, cuenta don Luis. Así que hace cuatro años pusieron un pequeño mercado en un costado de la finca.

La gente de Chía fue llegando, fueron apreciando los vegetales, el voz a voz los fue impulsando y las sugerencias no se hicieron esperar: “Si tienen tan buenos ingredientes ¿por qué no preparan una ensalada u otras cosas para comerlas aquí mismo?”.

Escuchar a los clientes ha sido una máxima para la familia Cuervo. Hace dos años instalaron su cabaña comedor, con un horno de leña especial y hacen pizzas que enmarcan la calidad de sus vegetales.

La lista de pizzas es extensa, se divide entre tradicionales, gourmet y dulces. Claro, llevan mozzarella y salsa de pomodoro importada, pero desde la rúgula hasta el tomate cherry presentes en algunas son fruto de la finca.

De la mano de la transformación del lugar, Daniel Cuervo complementó sus conocimientos de agronomía con el arte de preparar pizzas (en la pasada edición de Alimentec, alcanzó el segundo lugar en varias competencias en torno a esta elaboración). Y en las tardes de fin de semana de La Finca, el público lo ve ir y venir, entre los cultivos, el comedor y la cocina.

La Finca se sigue transformando. Hace un par de meses, lo primero que un visitante veía al llegar era el cultivo de fresas. En todas sus etapas, desde la flor hasta la fruta. Son las fresas que se sirven con crema a las finas hierbas en la carta de La Finca.

Pero, en días recientes, las fresas pasaron a la parte trasera de la huerta, y el espacio que ocupaban, ahora es una zona de recreación para fiestas (primeras comuniones, bautizos y cumpleaños tienen un espacio allí). Todo se hace, reitera Luis Cuervo, pensando en la gente.

Las demás recetas salen del mismo horno, desde el pescado (trucha a la papillote) hasta las costillas, pasando por la punta de anca, las chatas y la pechuga de pollo. Estos platos se venden por porción entera o media (a un promedio de 25.000 y 15.000 pesos, respectivamente).

Don Luis cuenta una anécdota: “Mucha gente de Chía, cuando tiene visitas, les dice que los van a invitar a La Finca. Ellos creen que compraron un terreno. Cuando llegan acá, entienden la broma: ‘Esta es La Finca’”.

Otro de los motivos que han llevado a que los vecinos se sientan parte de este lugar reside en que la labor de la familia Cuervo no se queda solo en cultivar y atender las mesas –algo destacable en la amable atención de don Luis y su esposa, Luz Helena–, sino también en la educación.

Entre semana, cuando La Finca está cerrada al público, hacen cursos para adultos mayores y también para niños de colegio en torno a cómo hacer su propia huerta. Son de cuatro y ocho horas, según lo que quieran los alumnos. El paquete completo, explica Daniel, es de 28 horas e incluye materiales. Los cursos son teórico-prácticos.

Por lo pronto, La Finca está abierta los fines de semana con su arenera para niños, su pequeño laguito, su huerta, su patio trasero con algunos animales de corral y sus sabores inolvidables (como la oblea rellena de arequipe y finas hierbas), familiares (como la picada y la aguapanela con queso) y, ¿por qué no?, también de moda reciente, como los smoothies y el néctar verde de legumbres.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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