La paz querida

La paz querida

Cuando se habla del enfoque territorial para la paz debe entenderse desarrollo local, rural.

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07 de julio 2016 , 05:53 p.m.

La posibilidad de que las comunidades del conflicto puedan pasar, en un término razonable, de condiciones de desarrollo de tipo preindustrial a las que hoy caracterizan a las sociedades avanzadas no debería considerarse una utopía.

Es preciso planificar el posconflicto teniendo en cuenta la coincidencia histórica de la paz con la transición hacia sociedades sostenibles, que hoy marca la agenda del mundo. La educación para la sostenibilidad es el motor de estas transformaciones. Cuando hablo de condiciones de tipo preindustrial, me refiero a carencia o mala calidad de electricidad, educación, salud y conectividad. Miles de personas han sido desplazadas de estos precarios pueblos. La paz entraña el desafío de que regresen y de que puedan construir en ese mismo territorio una vida colectiva alineada con el siglo XXI.

El Kroc Institute for International Peace Studies, de la Universidad de Notre Dame, analizó el papel de la educación para la sostenibilidad en los procesos de Guatemala, El Salvador, Filipinas, Líbano, Irlanda del Norte y Sierra Leona, entre otros países. Y encontró dos lecciones que podemos aprender. Que la educación del posconflicto debe ser pensada en términos de funcionalidad territorial y que la ampliación de la cobertura educativa debe facilitar el retorno de los desplazados. Esto sugiere que la educación para la sostenibilidad debe orientarse hacia la promoción del desarrollo local mediante esquemas productivos y energéticos autosostenibles.

Cuando se habla del enfoque territorial para la paz debe entenderse desarrollo local, rural. Estamos hablando del 94 % de la superficie del país y del 32 % de la población. La construcción de la paz querida implica a nuevos actores. El sector privado, la cooperación internacional y los agentes financieros son claves para acelerar los cambios. Educar para la sostenibilidad incluye: fomento de las economías locales, energías renovables, agua potable, nuevas ciudadanías, adaptación para el cambio climático, resiliencia, agricultura y ganadería sostenibles, fortalecimiento de identidades locales.

Y una última cosa, la verdadera paz, que es el desarrollo sostenible, hay que inventarla en cada territorio, para lo cual la innovación social y el fomento de procesos de diálogos colectivos pueden ser de gran ayuda.


Manuel Guzmán Hennessey

@GuzmanHennessey

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