'Véndase todo'

'Véndase todo'

De acuerdo a la directora del IDU, el ostentoso Plan de Desarrollo está financiado solo en el papel.

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07 de julio 2016 , 04:48 p.m.

Entrevistada por El Espectador (5/7/2016), la directora del IDU, Yaneth Mantilla (a quien de entrada el entrevistador denomina “funcionaria estrella” del Distrito Capital), declara que el plan B para financiar las obras del Plan de Desarrollo “es que se tendrán que vender bienes del Distrito … Estoy cogiendo una serie de bienes remanentes del IDU, avalados en 105.000 millones, para venderlos y hacer proyectos. Son, por ejemplo, predios que han quedado de las obras. Y con la venta de lo que sea” (ojo al parche). “Yo quiero que vendan todo para poder hacer obras. Y ojalá me dejen recursos de la ETB para poder hacerlas”.

La atribulada directora del IDU nos informa que quiere hacer 72 obras contempladas en el Plan de Desarrollo, por valor de 23 billones, de los cuales no cuenta ni con la tercera parte. Por eso quiere vender la ciudad “y lo que sea” para financiarlas.

Parte de esas obras, afirma la señora Mantilla, son proyectos que el IDU le ejecuta a TransMilenio, “ahí vamos a terminar tres, más las siete troncales que queremos hacer”. Previamente advierte que en tres años y medio no será posible realizar las que se proponen. En consecuencia le dejarán un “banco de proyectos” al próximo alcalde.

Las dudas que surgen de las declaraciones de la directora del IDU son: si en el Plan de Desarrollo presentado por la Administración y aprobado sin examen crítico por el honorable Concejo Distrital, hay una magnífica partida de 49 billones para movilidad, ¿no es lógico que salgan de ahí los recursos para las siete troncales de TransMilenio “que queremos hacer”?

De las interesantes declaraciones de la señora Mantilla deducimos que los 89 billones del Plan de Desarrollo 2016-2020 nada más existen en el papel, es decir, el ostentoso plan no está financiado en la realidad. Los funcionarios tienen que ponerse a conseguir los recursos, y en esa tarea aseguran, con acento imperial, que van a “vender lo que sea” para levantar los billones necesarios, o parte de ellos, pues lo que no obtengan se lo legarán al alcalde siguiente en un banco de ilusiones, sin nada para vender.

Comprendo el afán de las administraciones por hacer obras, pero me parece que es la peor de las prácticas administrativas emprender proyectos sin tener en caja la plata contante y sonante, empeñando vigencias futuras, feriando los bienes de la ciudad (“vendiendo lo que sea”), endeudándola, ahogando a los ciudadanos con toneladas de impuestos y tarifazos en los servicios públicos. Proyectos que además van a quedar inconclusos (¿para darle al próximo alcalde la oportunidad de terminarlos?) y cuya utilidad urbanística no está clara. La prosperidad a debe es el camino directo al infierno de la crisis, como lo analizó en su espléndido ensayo “La prosperidad a debe y la Gran Crisis 1925-1935” (1981) el magistrado Alfonso Patiño Rosselli, asesinado años después en la toma y retoma del palacio de Justicia.

Recuerdo que en sus seis años de administración el alcalde Jorge Gaitán Cortés adelantó cientos de obras públicas (avenidas, escuelas, acueductos, alcantarillado, ampliación del alumbrado público y domiciliario, ornato, parques, etc.). Nunca ejecutó un proyecto que no tuviera asegurada la liquidez para financiarlo. Por eso, tras recibir una ciudad que estaba (1961) endeudada en algo más de mil millones de pesos (en parte gracias a los absurdos puentes de la 26 del alcalde Mazuera), la entregó (1966) con una deuda por debajo de los trescientos mil pesos, y sin ninguna obra pendiente del plan que se había trazado y que cumplió en su totalidad. Con una gestión administrativa adecuada, cuidadosa y honesta, Gaitán Cortés no tuvo necesidad de vender los bienes de la ciudad para financiar su progreso.

También recuerdo que María Fernanda Rojas, directora del IDU en la administración anterior, sacó adelante en un año las obras que dejó en estado de calamidad la alcaldía de Moreno Rojas, y logró evitar la catástrofe en la avenida Circunvalar por los deslizamientos que se produjeron con motivo del fuerte invierno del 2012. No precisó vender la ciudad para arbitrar los recursos que esas obras requirieron.

Está a tiempo la administración Peñalosa de reexaminar su plan de troncales de TransMilenio. Como lo denunciaron El Tiempo y El Espectador en días pasados, los buses diésel que sirven ese sistema de transporte no solo causan una elevada contaminación ambiental, sino auditiva. Los bogotanos dicen “estar desesperados” con el ruido de los buses de TransMilenio, que, según expertos, alcanza de 90 a 120 decibeles, frente a un máximo tolerable de 60. ¿Cómo les quedará el oído cuando la ciudad esté “llena de buses de TransMilenio por todas partes” según aspira el señor alcalde Peñalosa?

¿Por qué insistir en ese sistema inadecuado para una gran ciudad? El metro subterráneo y el tranvía eléctrico son rápidos, silenciosos, no contaminan, se pueden construir por concesión o por APP, y van a solucionar efectivamente el problema de movilidad de la capital, mientras que las troncales lograrán empeorarlo, como está demostrado.

Que la última encuesta Gallup dé al señor Peñalosa como el alcalde peor calificado del país por los ciudadanos, no es gratuito. Ahora bien, ¿la “funcionaria estrella” del Distrito quiere “vender todo”? Muchos estamos dispuestos a apoyarla si en la venduta se incluyen ella misma y el alcalde Peñalosa.


Enrique Santos Molano

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