Iván Duque Escobar (q.e.p.d.)

Iván Duque Escobar (q.e.p.d.)

Su existencia estuvo marcada por su obsesión con la cultura, la lectura, sus amigos y su familia.

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07 de julio 2016 , 04:36 p.m.

Iván Duque Escobar murió el pasado domingo en la ciudad de Medellín. Sobre él puede decirse infinidad de cosas. Fue auditor externo de la Organización de Naciones Unidas, ministro de Minas y de Desarrollo, gobernador de Antioquia y registrador del Estado Civil, entre varios cargos. Pero creo que, más allá de todos esos méritos, Iván fue durante su vida un colombiano excepcional, un ser químicamente bueno.

Su existencia no solo estuvo marcada por un trabajo tesonero en el que honró el servicio público, sino por su obsesión con la cultura, la lectura, la buena conversación, su biblioteca, sus amigos y su familia. Su amistad me acompañó durante 21 años, cuando con su hijo -y mi amigo- Iván Duque Márquez surcábamos su casa atiborrada de libros, que se escondían en los meandros de su eterna biblioteca. En un pequeño refugio de esa babel de textos pasábamos las tardes preparando las clases de la universidad o distrayéndonos con libros de muchos temas y de muchos tiempos. Era la entrada al paraíso y, seguramente, esos tiempos marcaron mi interés por infinidad de temas.

De Iván me quedan las largas conversaciones sobre historia de Colombia en las cuales la vida de Bolívar resurgía con detalles inéditos para cualquier persona; testimonio de ello son varios libros que consagró a múltiples aspectos de la vida del Libertador. También, las detalladas charlas sobre la Revolución Francesa en las que con emoción evocaba los discursos de Danton, las frases de Sieyès o simplemente traía a colación la importancia de los principios revolucionarios en nuestro Estado de derecho.

Ni hablar de sus lúcidas interpretaciones sobre literatura, en las cuales aparecía una cita, un argumento o una manera de contar, que hacía que al final del relato me sugiriera el nombre de algún libro, que procedía a buscar en la Librería Nacional de Unicentro. De su tiempo final me quedó una recomendación maravillosa: 'Correr el tupido velo', de Pilar Donoso, hija ya fallecida del escritor chileno del boom latinoamericano José Donoso. Un regalo para el alma.

Con Duque Escobar encontré un gusto enorme por la búsqueda de libros de segunda en muchos de los vericuetos en el centro de Bogotá, en el amor por la historia de Francia que me llevó con el tiempo a buscar una vieja ciudad medieval francesa para adelantar mis estudios doctorales, además de poder leer a Michelet, Montesquieu o al imperecedero Montaigne en francés. Con la motivación de Iván recorrí las calles de París buscando cada espacio por donde se movió el Libertador. Con cada sitio recorrido recuperaba las frases emocionadas de Iván; no eran nuevas rutas, vivía sus frases viendo las placas de la rue Vivienne, la 63 de rue Richelieu, recorriendo el Palais Royal o, simplemente, sentándome en alguna banca solitaria de la catedral de Notre Dame, donde el Libertador presenció la coronación del emperador en 1804.

Así me ha pasado en muchos lugares donde busqué los rastros del Libertador como una manera de recuperar las palabras lúcidas y llenas de emoción de Iván. Las rutas caminadas, ya fuera en Madrid, Roma, Berruecos, Cuenca, Panamá, Quito o Lima, son la respuesta a ese fetichismo por los detalles históricos y por la memoria del Libertador que marcaron tantas charlas con Iván padre y de las cuales hoy surge su vívido recuerdo. Los amigos son ese bien tan escaso que llega con las gratas conversaciones, con esos encuentros en los cuales comulgan las ideas, la camaradería y la motivación compartida por el conocimiento. Iván se queda entonces aquí, sus palabras son un presente, su entusiasmo es una constante.

Hace ya algún tiempo, Iván le hizo un homenaje a Quevedo cuando en su cotidianidad vivía en conversaciones con los difuntos que se encontraban en sus doctos libros. Ese legado lo exalto hoy al igual que la amistad de su hijo. Hoy lo seguiré escuchando con la admiración y fascinación de siempre, con la tristeza que se acumula en el espíritu y en los ojos.

Un abrazo fraterno a María Paula, Iván, Andrés y toda su familia.

Requiescat in pace


Francisco Barbosa

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