Un oso, un reto y un trino

Un oso, un reto y un trino

¿Cuál es la mejor manera de fijar incentivos que permitan proteger especies amenazadas?

06 de julio 2016 , 07:01 p.m.

Un trino malinterpretado de la senadora del Centro Democrático Paloma Valencia en el que advertía sobre ataques de osos de anteojos a reses en Totoró, Cauca, mostró una vez más el lado oscuro de las redes sociales. Ocurrió que la redacción confusa del mensaje detonó un episodio más de matoneo y, como es la lamentable norma en estos casos, anuló cualquier posibilidad de comenzar una discusión que sin lugar a dudas es pertinente, debe darse.

El debate en cuestión es el de cuál es la mejor manera de fijar incentivos que permitan proteger especies amenazadas y el papel que le debe corresponder al Estado en tal esfuerzo. Y ello incluye, por supuesto, la necesidad de explorar nuevos estímulos para que quienes están en contacto con aquellas sean los primeros aliados de la causa para evitar su extinción.

Es un hecho que la progresiva destrucción del hábitat de especies como el mencionado oso de anteojos, el jaguar o el puma americano trae como consecuencia que estos se vean forzados a alimentarse con animales domésticos de propiedad de algún particular. Casos de este corte se han registrado recientemente en el Magdalena Medio, el parque Chingaza e incluso en plena área metropolitana de Medellín, donde se detectó la presencia de pumas en la reserva natural La Romera.

Cuando algo así sucede, lo que suele pasar es que el afectado, y a veces la comunidad, ignore el riesgo de desaparición de la especie y emprenda la búsqueda del animal con el único fin de salvaguardar su patrimonio.

Es aquí donde es posible y necesario actuar. Cómo hacerlo es lo que debe discutirse. Es indispensable definir si le corresponde al Estado, como lo sugirió la parlamentaria, indemnizar a los propietarios de los animales muertos o si esto puede correr por cuenta de organizaciones no gubernamentales, como ya algunas empiezan a hacerlo.

Estamos ante un desafío: proteger especies cada vez más expuestas por la acción del hombre y de cuya supervivencia dependen las condiciones del lugar que albergará la vida de nuestros hijos y nietos. Asuntos de este talante merecen reflexión serena, deliberación informada. Todo lo contrario de los términos en los que, cada vez más, se dan las interacciones en las redes.


editorial@eltiempo.com

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