Los 'istas'

Los 'istas'

Me intriga ver la reacción violenta de tantas personas cuando les tocan a sus ídolos políticos.

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06 de julio 2016 , 05:25 p.m.

La política y cualquier cosa que aluda a ella serán siempre un campo minado. El solo hecho de expresar alguna simpatía por determinado personaje de ese medio es suficiente para que salga una comparsa de energúmenos que se sienten ofendidos en su honor si no participan del mismo gusto. Es más, creen que esa preferencia distinta es un ataque directo contra el líder que admiran y saltan a defenderlo con una artillería muy pesada de insultos personales.

Debo aclarar que la política no me interesa en absoluto porque no creo en la forma como se ejerce en este país ni en el mundo. La naturaleza del poder es la corrupción, y de esta no nos escaparemos mientras siga habiendo instancias para ambicionarlo. De modo que no soy de izquierda (me considero demasiado burguesa como para irme por esa corriente) ni de derecha, Dios me libre, ni de centro, porque no sé ni dónde queda. Coincido con los que me dicen que en política ando muy perdida y que no opine sobre eso. Pero no creo que se necesite ser un experto en el asunto para detenerse en la personalidad de sus adalides y la de sus ardientes seguidores, y tratar de ponerlo en palabras. La escena humana siempre será fascinante para mí en este difícil arte de existir.

Me intriga ver la reacción violenta de tantas personas cuando les tocan a sus ídolos políticos, gente que en su perfil no tiene otra identidad que la de ser ‘ista’ del apellido de sus héroes. Y bajo ese sufijo fanático, que borra cualquier rezago de individualidad, protegen su posición muy peligrosa de desterrados de sí mismos, pues con seguridad no encontrarán nada dentro de ellos que los valide fundamentalmente, o si no, ¿cómo explicar esa fijación demente por la figura de un redentor que los salve de su propia pequeñez? ¡Qué reconfortante debe ser para los que no saben qué hacer con su odio que encontrar un fetiche que lo dignifique! Podría ser esa la explicación de que el ‘ista’ recalcitrante vea enemigos en todas partes y no pueda sino escupir improperios a diestra y siniestra ante la impotencia de mirarse por un segundo y preguntarse “¿de dónde viene tanta rabia?”. La respuesta real nunca es exterior, de eso estoy segura.

La ira que corroe nuestro hígado existe en el inconsciente antes de que la pongamos sobre algo. El ‘ista’ que no advierte esto simplemente busca el escenario perfecto para representarla y no hacerse responsable de ella.


Margarita Rosa de Francisco

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