Vivimos muy conectados, pero desconcentrados / Opinión

Vivimos muy conectados, pero desconcentrados / Opinión

Al dividir la atención entre más de una tarea pueden aparecer omisiones, errores y confusiones.

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05 de julio 2016 , 07:19 p.m.

La atención es una de las capacidades cognitivas más importantes y necesarias para aprender, llevar a cabo una labor e incluso establecer relaciones con los demás.

Esta habilidad permite seleccionar la información a través de los sentidos, dirigir y controlar los procesos mentales y actuar en correspondencia con estos. Está asociada a la concentración, es decir, la acción de mantener la atención focalizada sobre un objeto o sobre la tarea que se esté ejecutando.

Aunque es una facultad que todos tenemos, opera de manera diferente en cada uno. Algunas personas tienen niveles de atención más largos o más cortos que otras o se enfocan más en unos estímulos, dependiendo de características individuales.

Igualmente, es una habilidad sensible a circunstancias internas y externas. Atendemos de manera diferencial dependiendo del estado de ánimo; la atención puede estar dispersa cuando estamos tristes o ser mejor cuando estamos contentos, a gusto o nos identificamos con lo que hacemos.

Por ejemplo, un niño puede estar muy concentrado cuando ve una película que le interesa y menos cuando está en clase de matemáticas, si la asignatura no es su fuerte. Actúa diferente ante el cansancio, el estrés o bajo los efectos del alcohol.

Estamos preparados para prestar atención a varias cosas al mismo tiempo. Prueba de eso es que mientras atendemos una tarea, mantenemos varias conversaciones por Twitter, SMS y chat; revisamos el correo y Facebook; estamos pendientes de los amigos en Skype y también hacemos llamadas por WhatsApp.

Podríamos decir que atendiendo a esa inmensa plasticidad del cerebro, este se ha ido acomodando a las exigencias dadas por el uso continuo de la tecnología. Ha cambiado su forma de trabajar, afirman algunos. Ahora en lugar de acumular tantos datos debe hacer un mayor número de asociaciones, procesar un volumen mayor de datos, hacer actividades breves, cortas y rápidas, y realizar lecturas simultáneas, entre muchas nuevas tareas.

Pero la atención es una capacidad limitada. La necesidad de conectividad permanente y de manejar grandes caudales de información, además de la asociación y el rendimiento y productividad del mundo de hoy, también pueden estar impactando negativamente nuestra capacidad de atención.

Aunque no lo parezca, volver a centrarse es un esfuerzo inmenso que toma tiempo y pone a prueba la resistencia a la distracción, lo que a su vez produce una tensión extra y niveles importantes de estrés. También afecta la consolidación de la memoria y hace pensar de forma mucho más superficial.

Al dividir la atención entre más de una tarea pueden aparecer omisiones, errores, lapsus e incluso confusiones. Estar al máximo rendimiento, de modo prolongado y sin descanso, genera fatiga que al acumularse afecta los niveles de funcionamiento.

Aunque los procesos de atención funcionan de manera automática, la mayoría del tiempo es posible, con acciones sencillas, cuidarlos y “mantenerlos en forma”.

Se han descubierto muchas ventajas en el hecho de prestar atención total a una única cosa en cada momento, de seleccionar solo los estímulos relevantes o fijar momentos para cada posibilidad que ofrece el universo infinito del internet.

MARÍA ELENA LÓPEZ
Para EL TIEMPO

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