Los tratamientos para corregir las várices sin sufrir tanto

Los tratamientos para corregir las várices sin sufrir tanto

Con el avance de las técnicas médicas se puede disminuir riesgos y secuelas en pacientes.

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05 de julio 2016 , 07:19 p.m.

Hace unas décadas apenas, a cada persona afectada por várices le esperaba una consulta con un cirujano general.

Mediante pruebas clásicas, basadas en palpación y observación en el consultorio, colocación de ligas y maniobras en la camilla, determinaba la magnitud y extensión del daño, antes de planear la intervención en salas convencionales y con anestesia general.

El especialista hacía una incisión grande en la ingle y escarbaba con pinzas hasta encontrar el origen de la vena enferma; luego la separaba del sistema circulatorio y le introducía un artefacto similar a una guaya que se empujaba hacia abajo, hasta que la punta del alambre saliera por el extremo de la vena a nivel del tobillo.

Luego se tomaban las dos puntas de la guaya y, con una maniobra brusca, se arrancaba la vena.

Luego se practicaban infinidad de incisiones sobre las dilataciones de las várices y se sacaban con pinzas, dejando unas heridas que se cerraban con puntos de seda, como los de vestir. El paciente despertaba de la anestesia al cabo de dos o tres horas y se le cubrían las heridas con unas gasas empapadas en alcohol; luego, con un vendaje de algodón para que absorbiera el sangrado y, por último, un elástico desde los dedos del pie hasta la ingle.

Con todos los cuidados pasaba a una habitación para reposo por dos o tres días.

El asunto no terminaba ahí, por dos semanas no se podía mover mucho, debía tomar analgésicos y vigilar los vendajes. A veces había dolor de difícil manejo, porque se afectaban los nervios que acompañaban la vena. Al recuperarse de este tortuoso proceso, el paciente cambiaba las várices por unas cicatrices incómodas y antiestéticas de por vida en sus piernas.

Cambiar para mejorar

Suena impresionante, pero era real. Por eso tanto los pacientes como los especialistas celebraron la aparición de las técnicas endoluminales (endo, por dentro; luminal, la luz del vaso). Gracias a ella se opera la vena afectada desde adentro de una manera mínimamente invasiva, lo que requiere una corta incapacidad; hay menos dolor y una rápida recuperación.

El láser, la radiofrecuencia y el Enof son tres tipos de procedimientos que hoy se usan. Lo que hacen es fibrosar (volver inservible) la vena mediante energía térmica o fibrosis química.

Estas técnicas tienen la ventaja de que se pueden hacer en una sala de procedimientos y no en una sala de cirugía, y sin anestesia general, como antes.

Los nuevos equipos láser son tan efectivos que ofrecen procedimientos sin anestesia local, porque se basan en una longitud de onda tan alta que no genera dolor al sellar la vena.

Estos métodos solo se acompañan del uso de medias de várices de compresión no muy fuerte, por un tiempo menor a dos semanas, para favorecer una rápida fibrosis del vaso.

Por lo general, el paciente está en capacidad de retornar a sus actividades al terminar el procedimiento, sin reposos extensos.

Estos avances en la tecnología médica han sido avalados por la comunidad científica del mundo y son hoy la mejor opción terapéutica para las várices en términos de costos y calidad de vida.

JORGE HERNANDO ULLOA
Para EL TIEMPO
* Cirujano vascular, Fundación Santa Fe

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