Después de la guerra

Después de la guerra

Quien está haciendo posible la paz es un nadaísta confeso, Humberto de la Calle Lombana.

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05 de julio 2016 , 05:55 p.m.

Cuando hace 58 años Gonzalo Arango nos reclutó para su causa revoltosa, compartió con sus 12 amados discípulos su divisa, y así nos presentamos como “profetas de la nueva oscuridad” ante el mundo. Tiempo después, en el 64, en medio de un profundo sueño, leí en un papiro un texto que memoricé y salté de la cama para copiarlo. Me impresionó.

Lo asumí de inmediato como una iluminación, una epifanía, casi que no podía ser mío. Salí a mostrárselo a los amigos, que se quedaban con los ojos desorbitados. Se lo puse como posdata en una carta al poeta Jaime Jaramillo Escobar, que vivía en Medellín, original que reposa en nuestros archivos. Comencé a leerlo y a publicarlo por todas partes, Hersán lo insertó en ‘Cosas del día’, Belisario lo ponderó, Patricia Lujuria cayó rendida. Pronto la red de las malas lenguas puso a circular que se trataba del poema de un soldado alemán, infundio que llegó al profeta, quien condescendiente me dijo: Tranquilo, monje, que tú eres mejor poeta que ese poema. Consuelo que no tenía por qué aceptarle. El soldado alemán nunca apareció, el poema en alemán tampoco. Lo tradujeron al inglés. Le pusieron música Los Yetis y Angelita, igualmente cantantes de peñas. Hay actualmente una versión espectacular, de Fernando Linero. Seguí escuchando el aplauso de 25 países, de Macedonia a Sevilla, de Nueva York a Santiago, de la India a China, casi todos inmersos o recién salidos de guerras.

Hace 5 años lo leí en La Habana, en una universidad. La niña que me conducía, hasta el momento muy amable, después del recital me retiró hasta el saludo. Le pregunté qué le pasaba. Me dijo que ese poema no era mío sino de John Lennon, que incluso en La Habana, en un parque, le tienen una placa como homenaje. Me han soplado que le tienen otra en España, en la calle Barón, de Alicante. Nunca oí una canción de Lennon con ese tema, y en todos sus libros no he encontrado un poema con ese título ni ese texto. Tras mucho investigar encontré que en una entrevista concedida en 1973 hace una respuesta con palabras más palabras menos de mi poema. Me tocará hablar con Apple Records o Yoko Ono. Después de la guerra sigue siendo mi poema profético, escrito con 52 años de antelación, precisamente cuando se conformaban las Farc. Un día después de la guerra se viriría en Colombia. Los nadaístas, en su gran mayoría, terminamos jugándola por la paz, y así redactamos, firmamos, e imprimimos nuestro último manifiesto, porque no creo que haya necesidad de más: ‘A la mierda con la guerra’. Donde ponemos de presente que quien está haciendo posible la paz es un nadaísta confeso, Humberto de la Calle Lombana, y que esa ingente labor lo hace digno de ocupar la presidencia de la República, pues las profecías que se cumplen no vienen solas.

Hace dos semanas, cuando se firmó en La Habana el primer compromiso y ‘Timochenko’ declaró que era el último día de guerra para Colombia, comencé a recibir en mis correos un alud de mensajes con ‘Después de la guerra’ en texto y en canciones, y la grabación del suscrito declamándolo ante un público multitudinario en la clausura del Festival Internacional de Poesía de Medellín, ha diez años. Así reza el poema, que no me lo quita nadie, y menos ahora cuando, según me anuncia el profesor Bei Ta, figurará con caligrafía bordada en mandarín en los vehículos de transporte terrestre de China:

Un día / después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / te tomaré en mis brazos / un día después de la guerra / si hay guerra / si después de la guerra hay un día / si después de la guerra tengo brazos / y te haré con amor el amor / un día después de la guerra / si hay guerra si después de la guerra hay un día / si después de la guerra hay amor / y si hay con qué hacer el amor.


Jotamario Arbelaéz
jotamarionada@hotmail.com

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