Confesiones sobre la paz

Confesiones sobre la paz

¡Ah!, si la inteligencia del corazón pudiera volar y oxigenara el aire pesado de los conflictos.

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04 de julio 2016 , 11:14 p.m.

El pasado jueves 23 de junio, cuando las Farc y el gobierno de Santos firmaban el cese bilateral del fuego en La Habana, inicié un ejercicio creativo de imaginar escenarios o ámbitos posibles de reflexión en torno al devenir de la violencia y al porvenir de la paz entre los jóvenes colombianos. Comparto aquí dos de estos escenarios:

Ámbito adolescente:

“Cuando me dijeron que mi país había vivido 9 guerras civiles en el siglo XIX… que entró al siglo XX con una guerra civil llamada Guerra de los Mil Días, y siguió en guerra a lo largo de sus décadas, recrudecida en confrontaciones partidistas, luego entre guerrillas y Ejército nacional. Y recibimos el nuevo siglo (el XXI) con un viejo conflicto armado. Cuando me dijeron que los abuelos se murieron sin vislumbrar una posibilidad de paz, que nuestros padres se acostumbraron a la resignación en la confrontación, que nosotros, los nacidos en el siglo XXI, llevamos 16 años en la escuela de la sobrevivencia y las tácticas del cruce, del rebusque, del camuflaje, para “pasar de agache”, como dice una de mis tías.

“Cuando me dijeron todo eso, me convencí de que en Colombia a la inteligencia le cortamos las alas. Me gusta creer que la inteligencia es un ave que viene del nido del corazón, que al desplegar sus alas purifica el aire y hace volar la palabra, y con ella fluyen los diálogos al interior de los conflictos. Rumbo a los acuerdos, al entendimiento de las dificultades. ¡Ah! si la inteligencia del corazón volara hacia el espacio de los escépticos, y les mostrara el mito en dónde una serpiente-río creó culturas de la selva, les hiciera ver cómo una cadena de montañas une dos océanos… les hiciera sentir cómo los Waspien, espíritus antiguos, revelan a comunidades indígenas del Pacífico los saberes del río, del viento, de los árboles… y cómo, en un solo país, se recorre el puente de sueños entre el Caribe y el Amazonas… ¡Ah!, si la inteligencia del corazón pudiera volar en Colombia y oxigenara el aire pesado de los actuales conflictos.

“Ahora, al escuchar que es inminente el acuerdo de paz entre la guerrilla de las Farc y el Gobierno Nacional, siento que las alas de la inteligencia han crecido con fuerza y las veo dispuestas a volar sobre el largo resentimiento. ¿Quiénes osarán a cortar sus alas nuevamente?”.

Ámbito docente:

“Una de las clases que no olvidan mis estudiantes es aquella en la que les hablé de las diferencias entre Bolívar y Santander: “Ellos se complementaban, profe, y no lo sabían. Si esas mentes hubiesen trabajado unidas hasta el final, Colombia habría evitado esas guerras civiles, y hoy estaríamos produciendo grandes soluciones al mundo”, me dijo uno de mis alumnos. Otra voz se escuchó en el salón recordando a Antonio Nariño: “¿Hemos dejado de ser una patria boba?”.

"Dicté esa clase en medio de una lluvia de marzo. Las gotas caían pesadas sobre las ventanas y, en su sonido, creía escuchar la voz del Libertador, en aquel recinto del Templo Histórico de Cúcuta, en 1821: “Nada más que la paz nos puede faltar para dar a Colombia todo, dicha, reposo y gloria”; y vi en los húmedos cristales la alegoría de las armas bajo el poder las leyes.

"Hoy, 195 años después, al presenciar la firma del cese del fuego entre la insurgencia de las Farc y el Gobierno colombiano, he recordado a esos alumnos, y los imagino preguntándose: “¿Qué país reconstruiremos a partir de ahora? ¿Nos daremos la oportunidad de echar a andar el diálogo en las diferencias, que no se pudo dar entre Bolívar y Santander, o reinará la intolerancia aniquilando las ideas?”.

Es esta la reflexión, afuera la noticia que envuelve, y escucho el eco de una pregunta: ¿Cuál es la lección que no aprenden los colombianos?

Miguelángel Epeeyüi López-H

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