Editorial: La culebra sigue viva

Editorial: La culebra sigue viva

Isis sigue causando horror en su tránsito hacia el terrorismo. Los países deben redoblar esfuerzos.

04 de julio 2016 , 10:30 p.m.

El mundo continúa viendo, entre el repudio y la impotencia, los horrores que causa el Estado Islámico, que, a través de atentados como el de la madrugada del pasado domingo frente a una concurrida heladería de Bagdad, con saldo de 120 muertos y 130 heridos, quiere enviar el mensaje a Occidente, pero también al mundo musulmán, de que sus recientes retrocesos en Libia e Irak –donde perdió la estratégica ciudad de Faluya, que ocupaba desde enero del 2014– no han representado para esta organización la estocada final. Lo ocurrido también pone en dolorosa evidencia la incapacidad del frágil Gobierno iraquí para enfrentar esta infame arma de guerra.

El final del Ramadán ha sido el marco para esta nueva arremetida que ha cobrado la vida de por lo menos 300 personas en una serie de ataques que incluyen el que tuvo lugar en el aeropuerto Atatürk, de Estambul, el martes pasado, y el del restaurante de Dacca, Bangladesh, también el sábado, donde un grupo de fundamentalistas ligado a ISIS asesinó brutalmente con armas blancas a veinte personas, la mayoría extranjeros a los que habían tomado como rehenes. Estas víctimas hacen crecer un lamentable saldo fatal que ya llega a las 1.400 vidas perdidas en sus múltiples acciones terroristas desde junio del 2014.

El caso es que haber perdido cerca del 45 por ciento del territorio bajo su control en Irak y 20 por ciento en Siria ha forzado un cambio de rumbo en su accionar, que pone mayor acento en el terrorismo puro y duro, en detrimento de la guerra de posiciones y su interés en azuzar viejas tensiones entre musulmanes chiitas y sunitas. Un giro que, con toda razón, pone nervioso a Occidente, que pasa a ser un blanco prioritario en este nuevo escenario.

Para los analistas, por la manera como ha desarrollado su estrategia, en la que es tan primordial el componente mediático, Isis necesita sostener ante sus seguidores y, más importante, potenciales militantes una imagen victoriosa al precio que sea. Aquí hay que tener en cuenta su permanente competencia con otros grupos de talante ideológico similar a la hora de atraer a nuevos militantes.

Ello implica ocultar sus retrocesos en el campo de batalla poniendo todos los reflectores sobre su capacidad de hacer daño en forma sorpresiva, brutal e indiscriminada, utilizando carros bombas y atacantes suicidas, entre otros medios.
Ante tal desafío, la coalición de países que lucha contra Isis deberá tomar nota de las nuevas prioridades de su enemigo para redoblar sus esfuerzos orientados a desarticular redes y prevenir acciones. Es necesario. Y es que esta transformación es vista por muchos conocedores como un paso más en su consolidación en una versión más grande, sofisticada, y en consecuencia letal, de Al Qaeda.

Pero lo anterior en el entendido de que la vía militar, aunque fundamental, no puede ser la única manera de acabar con Isis. Establecer con certeza qué es lo que hace que este grupo sea tan seductor para tantos jóvenes en el planeta –no solo de países musulmanes–, y buscar maneras efectivas de desactivarlo es tan importante como rastrear sus redes y neutralizar sus planes.

EDITORIAL
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