El cine también llegó a las veredas de Jardín

El cine también llegó a las veredas de Jardín

El primer Festival de Cine de Jardín, que culmina este lunes, quiso acercarse a la población rural.

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04 de julio 2016 , 10:09 a.m.

Cayó la tarde y con la noche fueron llegando los vecinos. Uno tras otro ocuparon las sillas rojas de plástico de la caseta comunal, esta vez convertida en sala de cine. De fondo, acompañaba el canto animado de chicharras y grillos.

La comunidad de la vereda San Bartolo, del municipio de Jardín, se preparaba para hacer parte del primer festival de cine del municipio de Jardín (suroeste).

A la caseta, de paredes de ladrillo y techo de guadua, fueron llegando personas de la junta de acción comunal, del cabildo indígena, campesinos y algunos jóvenes, todos ávidos por descubrir qué historia iba a estar proyectada sobre el telón blanco.

La vereda está ubicada a media hora del casco urbano de Jardín, linda con la cuenca San Bartola que marca el límite entre ese municipio y Andes. Sus habitantes se dedican, principalmente, al cultivo de café, plátano y banano. Allí viven alrededor de 100 familias rodeadas del manto verde que cubre las numerosas montañas que se ven por doquier.

Cuando la luz se proyectó en el telón, más o menos 40 personas llenaban el salón. Los lugareños, en silencio, fijaron sus ojos atentos a la historia que comenzaba a narrarse. A medida que se desarrollaba la trama, hubo espacio para un par de bromas y comentarios lanzados al aire, como cuando se comparte en familia.

El 1° Festival de Cine de Jardín: ‘solo se perdona lo imperdonable’, que se lleva a cabo desde el pasado viernes hasta este lunes, quiso acercarse también a la población rural del municipio y para esto programó la proyección de la película Mateo en las veredas Verdún y San Bartolo.

Mateo es una película colombiana de la directora bogotana María Gamboa. Cuenta la historia de un adolescente que trabaja con su tío cobrando extorsiones a comerciantes, pero por su bajo rendimiento y problemas de disciplina en el colegio es obligado a asistir a los ensayos del grupo de teatro que dirige el cura del pueblo. Esta experiencia le permite a Mateo descubrir que existen posibilidades diferentes al destino, que parecía reducirse a las penurias de la pobreza o a la cruda realidad de hacer parte de la guerra.

Oswaldo Osorio, coordinador de programación del Festival, comentó que llevar largometrajes a las veredas no fue tarea fácil, pues sabían que se encontrarían ante un público diferente al del municipio, al cual tenían que cautivar con una historia que los atrapara.

“Escogimos Mateo porque es una película corta, en español, que cuenta una historia que puede ser cercana a ese público del campo. Un filme que no tiene el aire de intelectualidad que pueden tener otras películas de la muestra central”, afirmó.

La organización del Festival eligió las veredas Verdún y San Bartolo para las proyecciones porque se caracterizan por tener una comunidad unida y participativa. Y es a ese público receptivo al cual quiere llegar el Festival con una propuesta pedagógica para fomentar una cultura audiovisual en la región y para incentivar lecturas diferentes de la realidad del país.

Marta Rodríguez, habitante de la vereda y asistente a la película, comentó que ve con buenos ojos que la organización del Festival los haya tenido en cuenta. “Muy bueno que hayan traído el festival hasta la vereda porque genera unión, compartimos, estamos en comunidad. La película enseña mucho para los que estamos viviendo este momento del conflicto”, comentó.

Por su parte, Gloria Rodríguez, también habitante de San Bartolo, afirmó que “hubo muy buena respuesta de gente joven y niños, y eso es lo principal porque nosotros ya vivimos lo que íbamos a vivir, nos toca épocas muy duras en el país. Como ya vimos toda esa guerra y sangre, entonces uno brega a que no se vuelva a presentar, por eso nos toca aportar algo, luchar porque haya tranquilidad y hermandad”.

Cuando Mateo llegó a su fin, los espectadores aplaudieron entusiasmados y compartieron café con buñuelo para despedir la velada.

Diana Sofía Villa M.
Para EL TIEMPO

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