Los chicos despiertan y alegran la Eurocopa

Los chicos despiertan y alegran la Eurocopa

Gales trajo goles a este torneo flaco en anotaciones. Lo más bonito es su entusiasmo, su mística.

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03 de julio 2016 , 10:55 p.m.

 “Los dragones existen”, fue el feliz título de ‘Marca’ para resaltar el monumental triunfo de Gales 3-1 sobre Bélgica, segunda en el ranquin mundial y una de las favoritas para ganar la Eurocopa por su cantidad de figuras como Courtois, Hazard, De Bruyne, Nainggolan, Yannick Carrasco, Fellaini, Romelu Lukaku, Alderweireld, etc.

Pero ‘Los Dragones’, apodo de la selección galesa, fueron exactamente eso: rugieron, echaron bocanadas de fuego, se deglutieron a Bélgica y ya están en semifinales, donde el miércoles enfrentarán a Portugal.

De cómo una pequeña comarca de 20.779 kilómetros cuadrados y 3 millones de habitantes logra avanzar tanto en un torneo de 55 asociaciones, y sobre todo revitalizarlo, darle una inyección de entusiasmo y goles, de eso trata el cuento de esta Eurocopa francesa, la primera que disputa su fase final con 24 equipos. Gales trajo goles a este torneo flaco en anotaciones. Es el equipo que más convirtió: 10 tantos en 5 partidos, y uno de los que más ganó hasta ahora con 4 victorias. No es casual: sale por la victoria, ataca con decisión, hace sus pases hacia adelante ‒que parece una obviedad‒, pero es que la obsesión actual por la tenencia del balón genera tantas cesiones en retroceso que casi nos parece maravilloso. Sin embargo, lo más bonito de Gales es su entusiasmo, su mística, esa mancomunión tan verificable entre jugadores, cuerpo técnico e hinchas. Se advierte tal deseo, tanta unión, que todos juegan más de lo que pueden y el objetivo es algo cercano, posible.

En ese contexto, sobresale una bandera, el brioso Gareth Bale, cada vez más crecido como jugador de todo el campo. Lo recordamos en sus comienzos del Tottenham como un lateral izquierdo con subida y disparo, luego como carrilero con llegada, más tarde como un extremo con gol. Ahora se mueve por distintos sectores y además de la búsqueda incesante del arco aparece por derecha, armando juego, triangulando, dando pases entre líneas. Nunca será un elegante, un exquisito; sin embargo, aporta una fuerza anímica colosal, su potencia devastadora en carrera y, por supuesto, la furia de su remate zurdo. Bale está enchufado y quiere ganar esta Euro. Cuidado con Gales. El más pequeño de los cuatro países de las Islas Británicas se mantiene en pie. Y tiene todo para llegar a la final.

Enfrente tendrá a un Portugal que tampoco es potencia aunque sí posee una bonita historia futbolística. El país de Eusebio y Cristiano Ronaldo, también diminuto demográficamente aunque permanente productor de futbolistas, la va a tener brava con Gales, que juega y ataca con pasión. Portugal le ha sacado extraordinariamente bien el jugo a cada golcito. Apenas ha ganado un partido (y en alargue), pero por diferencia de gol y penales está ahí, entre los cuatro que definirán el título. Muy poco ha aparecido Cristiano Ronaldo, ultraindividualista y asumido ya como mero finalizador; simplemente espera cualquier ocasión para rematar al arco y a ello se circunscribe su aportación futbolística. En cambio, Portugal lanzó al estrellato a un joven de 18 años con mucha fuerza, carisma y algunas dosis de técnica: Renato Sanches. Benfica ya lo transfirió al Bayern Múnich por 35 millones de euros, que se elevan a 40 con objetivos. Hemos visto en Portugal a un Pepe imperial, segurísimo, veloz. De no ser por tantas acciones ruines que tuvo y tiene, Pepe sería recordado como un zaguero de los grandes. Brasil casi no tiene defensas centrales y Pepe juega para Portugal.

“Nos eliminó un país con más volcanes que futbolistas”, dijo Gary Lineker, uno de los tuiteros más iluminados, y acaso el único futbolista que reflexiona sin casete. Hablaba de Islandia, el otro pequeño gigante de la Euro. Ese islote cercano a Groenlandia con 331.886 habitantes y temperaturas gélidas pudo juntar once y clasificó por primera vez a la ronda final de la Eurocopa. Y no solo eso, también logró llegar invicto a cuartos de final tras darle vuelta al resultado nada menos que a Inglaterra.

Islandia es otra muestra de la evolución del fútbol, de la extraordinaria paridad y también del valor de la información. La televisión lleva las novedades tácticas, los métodos y tendencias a todos los confines de la tierra. Y también les muestra a los niños los grandes astros a quienes poder imitar. No hace falta que haya fenómenos islandeses a quienes mirar, de quienes aprender. La TV los aporta desde otros medios.

Inglaterra vuelve a mostrar su inocencia táctica y su endeblez futbolística. Una cosa es contar con una liga atractiva animada por cientos de buenos futbolistas extranjeros, otra es armar una competitiva selección propia. “La peor derrota en la historia” y “¡Sin palabras! Parece que estamos desesperados por salir de Europa en todos los sentidos” fueron otros dos trinos ocurrentes del exgoleador. Inglaterra parece tener siempre en su baúl lugar para una decepción más.

Los vikingos sucumbieron luego ante Francia (favorito con Alemania, aunque solo uno de los dos podrá estar en la final), pero eso no opaca la hazaña. El mundo tomó nota de ellos. De Islandia y de Gales. Aportaron la frescura, la osadía, la chispa a la Eurocopa.

“Ahora empieza la verdadera Eurocopa”, habrán dicho algunos miles de periodistas europeos cuando llegaron los octavos de final de la competencia. Lo mismo dijeron de la Copa América. Y de los últimos mundiales. De todos los torneos. Entonces, ¿para qué se juegan los partidos anteriores? ¿Por qué las copas no arrancan directamente en octavos de final? Alguien lanzó la frase aluna vez, a muchos les gustó y la utilizan regularmente. Sin embargo, como los octavos fueron famélicos de fútbol (como fue toda esta Eurocopa a excepción de los momentos emocionantes que le impregnaron Islandia y Gales), muchos cronistas arremetieron de nuevo: “Ahora empieza la verdadera Eurocopa”. Un día lo van a decir previo a la final.

No son pocos los partidarios de eliminar las definiciones por penales, aunque ayer, Alemania e Italia protagonizaron otro tedioso empate en el que, una vez más, los penales salvaron la noche espolvoreando un poco de emoción. Alemania demostró, de nuevo, por qué fue campeón del mundo y ninguno de sus jugadores recibió el Balón de Oro del torneo: porque ninguno tiene estatura de Balón de Oro. Varios son buenos, y metidos dentro de una planificación criteriosa logran resultados. Hasta ahora, el Balón de esta Eurocopa se lo lleva Gareth Bale. El único que ha alcanzado nivel estelar.

Muchos dicen que este de la Eurocopa es el verdadero fútbol. El juego serio y disciplinado. O sea que empatar 0-0 o 1-1 con escasísimas situaciones de riesgo frente a los arcos es fútbol eficiente y bien jugado. A nosotros nos gustó mucho más la Copa América. Aunque no tenga disciplina.

 

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