Elie Wiesel, una 'luz para las naciones' apagada a los 87 años

Elie Wiesel, una 'luz para las naciones' apagada a los 87 años

El premio nobel de paz en 1986 y sobreviviente de Auschwitz se dedicó a luchar contra la injusticia.

notitle
03 de julio 2016 , 07:45 p.m.

Si el número 46664 identificaba al prisionero Nelson Mandela, a Elie Wiesel le marcaron en el brazo izquierdo el suyo, A-7713, y con ese tatuaje, amargo recuerdo de Auschwitz, murió el sábado en Nueva York.

Escritor, periodista, activista de derechos humanos, premio nobel de la paz, profesor universitario y, sobre todo, crítico de las atrocidades humanas y de la indiferencia, Elie Wiesel terminó a los 87 años una vida llena de persecución y angustias, pero también de recompensas. (Ver: A los 87 años murió Elie Wiesel, escritor y premio Nobel de Paz)

A los 12 años fue obligado con su familia a vivir en un gueto de la localidad rumana de Sighet, ocupada entonces por Hungría, y a los 16 quedó recluido en Auschwitz, uno de los campos de concentración que sirvieron a los nazis para intentar exterminar a los judíos.

Wiesel sobrevivió, no así su padre, Shlomo, quien murió en Buchenwald, y tampoco sobrevivió una hermana menor de Elie, aunque su madre y dos hermanas más sí pudieron salvarse de la persecución nazi. “Si sobreviví tiene que haber sido por alguna razón”, recordaba en 1981 en una entrevista para el diario The New York Times. Y buscó esa razón en varios frentes, pero sobre todo en la defensa del ser humano frente a las atrocidades de sus semejantes, ya fueran los nazis, las milicias ruandesas, los racistas sudafricanos o los militares argentinos durante la dictadura.

“Tengo que hacer algo con mi vida (...). En mi lugar, otra persona podría haberse salvado. Hablo en nombre de esa persona”, dijo en esa entrevista con el Times.

Elie Wiesel alzó fuerte esa voz, desde la literatura, la prensa, el mundo académico o los foros internacionales en los que participaba. Y, según recordaba el sábado el presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald S. Lauder, aunque era un “hombre de voz suave, su mensaje fue claro y directo”.

También lo destacó así el comité que le concedió el Premio Nobel de la Paz en 1986. “Elie Wiesel es un mensajero de la humanidad; su mensaje es el de la paz, el resarcimiento y la dignidad humana”.

Lo llamaron “el portavoz mundial sobre el Holocausto”, aunque su activismo no se limitó a la tragedia judía. Escribió sobre ella en La noche, la obra que cuenta su paso por los campos de concentración de Auschwitz, Buna Werke y Buchenwald. Le siguieron otras obras, ensayos o artículos periodísticos. Pero su voz se oyó también en el Consejo de Seguridad de la ONU, donde en el 2006 criticó la inacción de la comunidad internacional ante la grave crisis humanitaria generada por el conflicto armado en la región sudanesa de Darfur. “No se puede ser indiferente, como ocurrió en Ruanda”, afirmó allí.

Y es que Wiesel siempre insistía en que uno de los principales enemigos de la dignidad humana es la indiferencia. “Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia”, llegó a decir en una entrevista. Muchos años después de sobrevivir a los campos de concentración nazis regresó allí. En el 2006 volvió a Auschwitz, en un célebre viaje, acompañando a la estrella de la televisión estadounidense Oprah Winfrey. Y en el 2009 acompañó en otro viaje a Buchenwald al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y la canciller alemana, Ángela Merkel.

Obama, al mencionar ese viaje, recordó unas palabras suyas que, dice, no olvidará nunca: “La memoria se ha convertido en un deber sagrado de todas las personas de buena voluntad”.

‘La noche’

Tras ser rescatado al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, fue acogido en Francia por la OSE (Obra Judía de Auxilio a la Infancia) y vivió con la asociación hasta los 28 años.

Durante esta época, Wiesel estudió Filosofía en La Sorbona, y posteriormente se hizo periodista y escritor. En Francia aprendió a amar el francés, “una lengua cartesiana que rechaza el misticismo” en el que se “bañó” durante su infancia y adolescencia, en el que vivió todas sus “aventuras interiores”.

“La única condecoración que porto es la Legión de Honor, por gratitud hacia Francia, a la que tanto debo”, afirmaba este admirador de Molière y Camus, que fue durante años íntimo de François Mitterrand, antes de descubrirse la amistad del presidente francés con un alto responsable colaboracionista del gobierno de Vichy. François Mauriac, premio nobel de literatura y quien firmó el prefacio de su primera novela, La noche (1958), en la que relata sus recuerdos de niño deportado.

Le seguirían decenas de obras más, escritas en francés, inglés, hebreo y yidis, con incursiones en la ficción, el teatro y el ensayo. El testamento de un poeta judío asesinado (1980), en el que cuestiona el silencio de Dios, fue su libro más conocido.

El Congreso estadounidense le concedería la medalla de oro por su trabajo al frente del Holocaust Memorial Council, de Estados Unidos, y en el 2006 recibió la propuesta de presidir el Estado de Israel, que Wiesel rechazó alegando que no era más que un escritor.

Hombre atento y lleno de humor, de voz dulce y mirada intensa, consideraba que todo lo que hacía lo hacía “en cuanto judío”: “Puedo ser judío con o contra Dios. Pero no sin Dios. Mi padre era creyente, mi abuelo era creyente, su propio padre era creyente... ¿Cómo podría yo romper esa cadena?”, se preguntaba.

Tierra natal cuestionada

Los judíos de Rumania lloraban ayer la muerte de Wiesel, quien trabajó para que Bucarest reconociera su responsabilidad en ese oscuro capítulo de la historia que fue el Holocausto. “Lamentamos muchísimo la muerte de Elie Wiesel, un hombre que nos legó el deber de preservar la memoria del Holocausto y de vigilar para que esta tragedia no vuelva a producirse”, declaró a la AFP el presidente de la Federación de Comunidades judías de Rumania, Aurel Vainer.

“Fue gracias a su trabajo como Rumania proclamó en el 2004 un Día Internacional del Holocausto, marcado todos los años el 9 de octubre”, fecha en la que comenzó la deportación de judíos comandada por el mariscal pronazi rumano Ion Antonescu en 1941, en la región de Transnistria (controlada en la época por Rumania).

En el 2003, tras la ola de indignación internacional provocada por declaraciones del expresidente rumano Ion Iliescu en las que relativizaba la existencia del Holocausto, Bucarest decidió poner en marcha una comisión internacional de expertos para esclarecer el papel (negado hasta el momento) de Rumania en la exterminación de judíos durante el nazismo. Elie Wiesel sería nombrado presidente de esa comisión.

Según el informe resultante, publicado en el 2004 y validado por Bucarest, entre 280.00 y 380.000 judíos rumanos y ucranianos murieron bajo el régimen de Antonescu entre 1940 y 1944 en territorios controlados por Rumania.

“Elie Wiesel se involucró mucho en esta comisión y trabajó para que concluyese con un consenso sobre numerosos puntos”, explicó Vainer.

“Yo nací en Rumania y había leído todo lo que concierne al Holocausto. Sin embargo, ignoraba lo ocurrido en Transnistria. No sabía que había habido tanta brutalidad nacida exclusivamente del antisemitismo”, confesó Wiesel en el 2004, luego de la publicación del informe.

‘Una gran pérdida’

“Es una gran pérdida no solo para la comunidad judía, sino para toda la humanidad”, aseguró a la AFP Liviu Beris, otro superviviente del Holocausto que trabajó con Wiesel en la comisión de expertos.

Según Beris, Wiesel, miembro de la Academia rumana desde 1996, jamás olvidó su ciudad natal y ni a la gente que marcó su infancia.

En Sighet (actual Sighetu Marmatiei), la casa en la que nació fue convertida en el 2002 en lugar de memoria del Holocausto. El premio nobel de la paz visitó Rumania por última vez ese año, cuando fue condecorado por Iliescu por su labor de “promoción de la paz”.

Dos años más tarde devolvió la medalla al exjefe de Estado, en denuncia por la decisión de este último de condecorar también a dos “antisemitas y negacionistas reconocidos”: el poeta y líder de la extrema derecha Corneliu Vadim Tudor y el historiador Gheorghe Buzatu.

“Con la desaparición de Elie Wiesel hemos perdido una de las voces más fuertes contra el olvido y el negacionismo”, afirmó el presidente rumano, Klaus Iohannis, en un comunicado.

Despedida

Familiares y amigos le dieron el último adiós ayer a Elie Wiesel en Nueva York, en una ceremonia religiosa de carácter privado. También se realizó un oficio fúnebre en una sinagoga del sector de Manhattan.
En declaraciones a los periodistas, uno de los participantes en el oficio, el rabino ortodoxo y escritor Shmuley Boteach, afirmó que el activista, con su dura lucha, se había convertido en una “luz para las naciones”.+

Reacciones

Barack Obama: Presidente de Estados Unidos

“Elie Wiesel era una de las más importantes voces morales de nuestro tiempo y, en muchos sentidos, la conciencia del mundo”.

Ángela Merkel: Canciller de Alemania

“Estaba convencido de que solo manteniendo vivo el recuerdo del Holocausto se podía evitar que se repitiese ese oscuro capítulo”.

Benjamín Netanyahu: Primer ministro de Israel

En la oscuridad del Holocausto, en el cual seis millones de nuestros hermanos perecieron, Elie
Wiesel fue un faro de luz”.

EFE Y AFP

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.