Movimiento pro champeta ahora se toma Bogotá

Movimiento pro champeta ahora se toma Bogotá

Este ritmo avanza en su lucha por convertirse en patrimonio inmaterial de Cartagena.

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03 de julio 2016 , 07:10 p.m.

"Oye, mírame, Paola, te crees la última Coca-Cola, deja el estiramiento, que te puede llevar el viento".

La estrofa corresponde a una de las canciones de Jhon Jairo Sayas, más conocido como el Sayayín, el mismo de La nubecita y Paola. Sus melodías retumbaron en el prestigioso teatro Adolfo Mejía, de Cartagena, en bares de la capital y hasta en Nueva York.

Y aunque este ritmo musical ha sido durante años criticado por los más conservadores, que lo califican de vulgar, sus defensores insisten en que sea declarado oficialmente patrimonio inmaterial de la Heroica. Mientras avanzan en esa campaña, en Bogotá crece una expresión cultural pro champeta: en la Alianza Francesa, por ejemplo, hay una exposición de fotografías que muestra la cultura urbana alrededor de este ritmo.

¿Por qué? ¿De dónde viene este género? La champeta nació en los años 70 y, según sus grandes exponentes, es una expresión artística manifestada principalmente por grupos marginados afrodescendientes, por lo que ha estado asociada a procesos discriminatorios sociales.

Bogotá ‘champetúa’

Aunque en la gran mayoría de bares y discotecas de la ciudad suene al menos una canción de champeta durante una noche de rumba, particularmente en tres es infaltable: Latora, Candelario y Cine Tonalá. Allí, la Universidad de la Champeta, un colectivo que nació en el 2009 bajo la guía de cuatro músicos, busca reproducir las clásicas verbenas de los barrios cartageneros y barranquilleros.

El grupo, que ocasionalmente se presenta en esos bares, fue bautizado así por el cartagenero DJ Najle, quien junto con sus compañeros logran que cada toque resulte siendo una especie de ‘taller’ en el que se enseñan no solo los movimientos, sino el lenguaje que gira en torno a la práctica costeña. Por eso es común que convoquen un ‘Taller de pura sabrosura’ o un ‘Taller de vacile efectivo’.

“La vida champetúa bogotana crece en torno al rolo al que le gustan los sonidos diferentes a los que se escuchan en la fiesta normal bogotana”, dice Camilo Corredor, uno de los músicos y ‘decanos’ del sabor. (Además: El color de la champeta)

Además de la expresión auditiva, también se han conformado otras iniciativas visuales que exaltan el género. Por ejemplo, los fotógrafos Joaquín Sarmiento y Hanz Rippe son algunos de los bogotanos que han seguido de cerca la rumba ‘champetúa’ en las zonas populares de la Heroica y en los lugares más cotizados de Bogotá.

Sus fotografías fueron expuestas en la Universidad de los Andes y en Palenque, Bolívar, como parte de un homenaje organizado por la Fundación Semana, Creatividad en Acción y dicha institución educativa.

De otra parte, la artista francesa Leslie Moquin mantiene su exposición ‘Hasta abajo’ en la sede Chicó de la Alianza Francesa de Bogotá. La muestra, que va hasta el 15 de julio, reúne fotografías que abordan la noción de territorio en el Caribe colombiano, asociándolo con la champeta y el reguetón.

Un largo recorrido

La iniciativa de declarar la champeta patrimonio inmaterial completa más de una década y se ha enfrentado a radicales posiciones, como la de prohibir su baile al considerar que incita a niños y adolescentes al sexo temprano.

El año pasado, por ejemplo, el concejal Antonio Salim Guerra, de la capital bolivarense, presentó un proyecto con el que buscó regular los bailes sexuales y eróticos entre los menores de edad de Cartagena, argumentando que esta práctica sería la causa principal del aumento de embarazos en niñas y adolescentes.

Sin embargo, pese a las polémicas, la propuesta de declarar patrimonio inmaterial el ritmo musical ha tenido avances. El pasado 27 de mayo, luego de que numerosos artistas y seguidores se manifestaron públicamente en el centro de Cartagena, se firmó una ‘Declaratoria ciudadana pública’ en la que se fijó a la champeta como patrimonio inmaterial de la ciudad.

Entre tanto, en Bogotá se consolida esta expresión musical a través del arte.

ANDREA MORANTE
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM

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