El coleccionista de juguetes de hojalata

El coleccionista de juguetes de hojalata

Por su colección le han ofrecido hasta $12 millones, pero nada en su habitación está en venta

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03 de julio 2016 , 10:30 a.m.

Mauricio Castro, a sus 42 años de edad, no esconde el niño que lleva dentro y por nada del mundo cambiaría un carrito de hojalata de los años 60 por una consola de Play Station 4.

Castro colecciona juguetes desde hace nueve años, una afición que heredó de su abuelo, el amor y gusto por los objetos antiguos. “Mi abuelo guardaba chatarra, juguetes dañados sin llantas en el sótano de la casa, y aunque mi abuela lo regañaba él siempre decía que lo dejaran con sus cositas y chécheres”, recuerda.

Su historia como coleccionista empezó con un presupuesto de 200.000 pesos, compró una máquina registradora y unas lámparas, las cuales no despertaban mucho interés en sus compradores. Su hermano le dio la idea de vender los productos a través de Internet por una de las páginas de ventas en línea, “en la primer semana ya tenía vendida la mitad de las cosas, ahí me di cuenta que esto era un excelente negocio”, cuenta.

Mauricio cuida mucho su colección de juguetes, cada tres meses se sienta a limpiarles el polvo. Fotos: Jaiver Nieto Álvarez / EL TIEMPO

Su colección de juguetes son de marca Majorette y Matchbox, “esos son los verdaderos y originales, todo me recuerda mucho la niñez. Cada carro que conseguía me enamoraba y no lo vendía, es que si lo vendo cuándo lo vuelvo a conseguir”, dice Castro.

Los juguetes hacen parte de la historia de mucha gente, son juguetes que traen recuerdos de infancia y generan mucha nostalgia en los compradores. “Un cliente se puso a llorar por un pequeño juguete que hace parte de mi colección personal, le recordaba a un regalo que le había hecho su padre ya fallecido”.

En su habitación, Castro comparte su espacio con cerca de 500 juguetes entre carros, aviones y muñecos. El más antiguo es un carro que encontró en una chatarrería aplastado, lleno de tierra y cucarachas.

“La novia me decía cochino por cogerlo, ‘no mija’ cómo voy a dejar esta joya. Le di 7.000 pesos al dueño y me quede con un carro de 1920 de origen japonés”, dice.

'Émilio' es su amigo inseparable, ocupa un lugar importante en su vida. Para muchos Mauricio está loco por tener una relación tan cercana con él.

Su favorito se llama Emilio, el robot de la película de los años 80, Corto Circuito. Lo encontró por los puentes en la estación Prado, “eso fue amor a primera vista, sin pensarlo lo compré, lo limpié, lo organicé. El me cuida la habitación, impacta mucho por su tamaño, cómo será que hasta hablo con él cuando lo limpio. No lo vendo ni por el verraco, uno le coge cariño a los juguetes, ya dicen que me estoy enloqueciendo”, cuenta.

Gracias al proceso de paz, ya no venderá un teléfono que perteneció a las Farc. “Era del papá de un amigo guerrillero, le dije que me lo vendiera y no quería pero con una garrafa de guaro aceptó y me lo vendió por 80.000 pesos”, ahora es parte de su museo de historias.

Una de las joyas de la colección es este teléfono que perteneció al grupo guerrillero de las FARC en el año 1975, con el que el grupo armado hacia llamadas e interceptaba comunicaciones .

Cada vez que viaja recorre las veredas en búsqueda de más juguetes para coleccionar.

TEXTO Y FOTOS: JAIVER NIETO ÁLVAREZ
Fotoperiodista de EL TIEMPO
jainie@eltiempo.com

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