Traumas físicos y mentales / Séptimo arte

Traumas físicos y mentales / Séptimo arte

La nueva película de Muccino 'De padres a hijas' no despierta nada nuevo en el espectador.

02 de julio 2016 , 04:23 p.m.

Es duro constatar el declive de la carrera del director romano Gabriele Muccino, un realizador que empezó de manera auspiciosa su carrera en Italia en 1998 y que tuvo en El último beso (L’ultimo bacio, 2001) un enorme éxito de taquilla y con la crítica.

Tras otra película en Italia es llamado por Hollywood, que vio en él dotes para el melodrama. De esa experiencia norteamericana han surgido dos películas bastante manipuladoras protagonizadas por Will Smith, En busca de la felicidad (The Pursuit of Happyness, 2006) y Siete almas (Seven Pounds, 2008), y además el drama Jugando por amor (Playing for Keeps, 2012).

A ese trío de filmes se suma ahora De padres a hijas (Fathers and Daughters, 2015), estelarizada por Russell Crowe y Amanda Sey-fried.

La mayoría de estas cintas de Muccino responden a un patrón común: el de la difícil relación entre un padre y su hijo –aún niño– y como los lazos de amor son los que le dan fuerza a ese adulto para redimirse y reconstruir su figura paterna.

En el caso de la película De padres a hijas es una niña, Katie, el centro del drama. La veremos en dos momentos de su vida: cuando tiene ocho años y pierde a su madre, y a los 33 años cuando ejerce como psicóloga y asistente social.

La película va y viene entre ambas edades, buscando explicar, en los traumas de la infancia, su autodestructiva conducta como adulta.

En esa infancia es Jake, su padre, quien le provee amor y cuidados, hasta que todo se pone en contra de él. La enfermedad física y mental, sumada a un fracaso laboral, lo convierten en una sombra para su hija.

Lo que sigue ya lo hemos visto en las películas de Muccino: el sacrificio de un hombre en pos de intereses más altos y nobles, su búsqueda de redención aun a costa de sí mismo.

Quizá el único giro novedoso del filme es tener la perspectiva de Katie en su adultez, padeciendo aún las heridas psíquicas que su padre involuntariamente le causó.

Por lo demás, De padres a hijas es una película de ‘manual’, sin ningún sentimiento genuino. Todo está diseñado para hacer conmover impúdicamente al público. Sus villanos caricaturizados, las explicitas convulsiones de Jake y las lágrimas de Katie constituyen un anzuelo difícil de resistir, pero doloroso de tragar.

Lástima por Muccino. Sus finanzas personales van bien, pero su cine no.

JUAN CARLOS GONZÁLES A.

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