Lionel, nunca dejes de ser Messi... (Opinión)

Lionel, nunca dejes de ser Messi... (Opinión)

Te exigen un título para después salir a la calle a gritar "somos campeones". Mentira, no son nada.

notitle
02 de julio 2016 , 03:02 p.m.

Querido Leo, toda carta abierta conlleva el riesgo de la cursilería. Es una frontera difusa entre el cariño y la sensiblería. Por eso intentaré ser directo. También se presta a la tentación de filosofar. Y tiene, además, un componente vanidoso: difundirla, que se enteren otros. Justo lo que nunca harías, Lionel Messi. Pero este tema de tu renuncia a la Selección Argentina movilizó a muchísimas personas a expresar públicamente lo que sienten por vos.

Perdoname el “Leo” y el “querido”, porque no nos conocemos; una sola vez te vi, en una zona mixta al final de un partido de Copa América en 2011. No quise acercarme, me dio vergüenza. Pero he visto prácticamente todos tus partidos, en el Barça y en Argentina: Copa del Rey, Champions, Liga, eliminatorias, mundiales... He leído casi todo de vos, soy tan hincha tuyo que me tomo el atrevimiento de la familiaridad. De ahí el “Leo”. Y el “querido” es por lo mismo, en casa mi esposa me reniega: “Vos querés más a Messi que a tu hijos…” Yo le respondo: “¿Cómo se te ocurre tal cosa…?”, pero lo dejo ahí, no quiero ahondar…

Pasa que después de Pelé y de Maradona no imaginé que surgiría otro monstruo de ese porte. Y apareciste vos… Fue una nueva primavera para el fútbol. Y encima con tu forma de ser… eso es lo verdaderamente notable. Nos das una clase de humildad todos los días. No tenés necesidad de estar proclamando a cada rato cuántos goles hiciste ni cuántos Balones de Oro ganaste. No te tirás de palomita cuando ves un micrófono; les das todo el mérito a tus compañeros. Cero márquetin, cero prensa, cero ego. Aunque no lo creas, cientos de millones en el mundo lo advertimos. Y te lo agradecemos. Es lo que te hace más grande.

Nos das lecciones gratis de modestia y ubicación. Me enseñaste a erradicar de mi lenguaje la palabra “yo”, que puede llegar a sonar tan desagradable, tan pedante. Por vos escribo mis columnas en primera persona del plural. Nunca te escuché decir “Yo hice aquel gol”. Y algunos goles metiste.

No te hagas problemas por ese penal a las nubes. Todos erran. Maradona falló cinco seguidos en el campeonato argentino, en partidos oficiales, por los puntos. Y siguió siendo Maradona. Pelé perdió uno contra Peñarol por la Libertadores; Baggio, que era sensacional, tiró uno afuera en la final del mundo, Cristiano es brillante rematando y malogró varios también.

Hay millones que te aman sin conocerte, que saben todo de vos, que se alegran con tus triunfos y sufren tus derrotas. Sos un orgullo para ellos. Son muchos años de dar un producto noble, fútbol puro, limpio de cualquier partícula contaminante, sin golpe, sin trampa, sin boquilla y sin demagogia, fútbol-verdad. El gran público sabe reconocerlo. Cuando hiciste el gol de tiro libre a Estados Unidos sentí una emoción tan honda como si el gol hubiese sido mío. Esas cosas despertás.

Perder dos títulos con Chile no es deshonra. Chile es un equipazo y ganó bien. Puede superar a Argentina y a muchos. Vidal, Marcelo Díaz, Alexis, Aránguiz, Medel, Vargas, Jara, Isla, Bravo son unos cracks tremendos que aprendieron a anularte, se escalonan, te raspan, te tironean, todas licencias normales dentro de lo que es el juego. De modo que no hay que bajonearse por eso. Chile es un campeonazo, pero Argentina no debe haberlo hecho tan mal porque en las dos copas terminó invicto.

Hay, desde luego, millones de tipos que se sientan en el sillón de la sala, millones que nunca jugaron ni de arqueros en el equipo de la escuela y te dicen “traé el título, pecho frío”. Y muchos periodistas, también, campeones de micrófono. Siempre están y estarán. Y no son pocos. Pero hay que ignorarlos, muchos más valoran tu capacidad, tu talento único. Las exglorias del fútbol, los grandes entrenadores, quienes saben lo que se puede y no se puede hacer en este juego, se rinden a vos.

Los chicos de cinco, siete, diez años te idolatran. Justamente quienes aún están inmunes al exitismo desaforado de los grandes. Chicos de todo el mundo, entre ellos cientos de miles de pibes argentinos para quienes sos Supermán. Ellos te ven así: van a chocar dos trenes, llegás volando justo, te parás en la vía, estirás los brazos y los frenás. Y todo el mundo salvado, aliviado, feliz. Ven eso traspolado a la cancha. No les quites esa ilusión de ser su superhéroe. Ellos te ven haciendo en cada partido la proeza de eludir a todos y meterla en el ángulo. Y si no podés, igual te adoran.

Me acuerdo de Ringo Bonavena cuando peleó con Alí, un atleta todopoderoso en el ring. Ringo perdió, ¡pero le aguantó los 15 rounds a Alí…! Al final, las piernas le temblaban como un flan y se cayó dos o tres veces, pero más allá de esas caídas la mayoría valoró el coraje de haber subido al cuadrilátero a darse piñas con el más fabuloso boxeador de la historia. Fue una demostración de guapeza que todavía conmueve. Era diez veces menos boxeador, pero tiraba manos como un remolino. Desde ese día lo ubiqué en un pedestal. Y había perdido. También hubo, entonces, miles de cracks de sofá que le reprocharon a Ringo no haber traído el título. No te preocupes por esa gente, hacé de cuenta que no existe. No te pueden doblegar; te exigen un título a vos para después salir a la calle a gritar “somos campeones”. Mentira, no son nada.

El mismo domingo a la noche triné que estaba bien que renunciaras, que no tenías que volver más, de rabia por las críticas injustas. Ahora me doy cuenta de que fue emoción violenta la mía. Enseguida me arrepentí, ¿Cómo no vas jugar vos…? Tiene razón Lineker, no nos dejes sin Messi en el Mundial de Rusia. Además, sin vos a Rusia no llegamos. Te garantizo que el día que vuelvas a la Selección se rompe el estadio. Y que cuando vayas a Chile, a Ecuador, a Colombia, a Bolivia, Perú, Uruguay, a todos lados los hinchas de las otras selecciones te van a ovacionar. O aplaudir. La gente se deja llevar, pero en el fondo sabe quién es cada uno. Cuando recibas ese reconocimiento en los demás países te va a resultar maravilloso sentirlo.

Vi toda la campaña de Maradona y vi a Pelé incluso en campo, hasta siendo un pichón de periodista. Dos genios totales. Pero con la pelota no eran más que vos. Los vi. De modo que, con todo respeto, aunque ellos fueran campeones del mundo, no sos ni un milímetro menos. Y vos jugás en un fútbol de mucha más velocidad, de más intensidad y presión, con más obstáculo. ¿O creés que a Pelé alguna vez lo rodearon nueve chilenos como llegaron a rodearte a vos en una jugada…? Si Burruchaga definía mal contra Alemania en el ’86 también hubiesen dicho que Maradona se borraba en los mundiales. Solo no se puede, el fútbol es un juego de once.

Cuando un jugador hace un gol como el que le marcaste al Bayern tras derribar a Boateng con un amague y pincharla de derecha a la salida de Neuer ¿importa si fue campeón del mundo…? Cuando alguien convierte un gol monumental como el tuyo después de eludir a medio Athletic de Bilbao a 200 kilómetros por hora y esquivando guadañazos ¿importa si ganó una Copa América…? Cuando un futbolista da dos funciones de gala semanales durante once años consecutivos, haciendo montañas de goles y batiendo récords, un mundial es una anécdota, dalo por seguro. Di Stéfano y Cruyff tampoco ganaron un mundial, y son leyendas. A los hinchas verdaderos no les debés nada, ya diste millones de alegrías. Un título más o menos no cambiará el jugador que sos. Date el gusto de otro mundial. Por el placer de jugarlo y no por la obligación de ganarlo.

No te vayas, Leo, no dejes la Selección; como dice Kempes, no les des el gusto. Esos son campeones en la sala, frente al televisor. Lo único que te pido: si algo te sale mal, no bajes la cabeza, no estás en deuda con nadie. Das alegría a millones, jugás como no jugó nadie.

Abrazo grande, toda la suerte del mundo. Y nunca, nunca cambies como sos. Ese día, aunque ganes un mundial, dejarías de ser Messi para pasar a ser un simple campeón del mundo.

JORGE BARRAZA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.