Con luz verde iluminan un pueblo en la selva peruana

Con luz verde iluminan un pueblo en la selva peruana

Investigadores de una universidad de Lima crearon lámparas que funcionan gracias a los electrodos generados por las plantas.

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01 de julio 2016 , 08:53 p.m.

Nuevo Saposoa es una pequeña y muy humilde comunidad indígena de la selva peruana donde los ritmos de vida diarios los rige la naturaleza.

Solo se puede llegar a este lugar navegando durante cinco horas por río desde la ciudad de Pucallpa (en la región Ucayali, ubicada en el extremo oriental del Perú).

Aquí viven 173 personas de la etnia shipibo-conibo, uno de los grupos indígenas más numerosos de este país, pero, al tiempo, uno de los más olvidados. Aquí, decíamos, es el entorno natural el que ordena.

Los árboles y arbustos proveen alimento y medicina, la tierra es fértil en cultivos de consumo diario como yuca y maíz, y el río ofrece una variedad impresionante de peces tropicales.

Pero también hay riesgos: en marzo del 2015, el río creció debido a las fuertes y prolongadas lluvias en los Andes, y se desbordó e inundó todo a su paso. Las rústicas centrales eléctricas locales se dañaron, los cables se estropearon y Nuevo Saposoa perdió la escasa energía eléctrica que tenía. El pueblo quedó a oscuras en medio de la Amazonia.

Un problema que a la distancia podría parecer simple (un pequeño caserío remoto sin luz), para quienes viven en ese lugar era un asunto de gravedad que había modificado sus rutinas. Difícilmente el Estado peruano iba a intervenir eficazmente en el corto plazo, así que había que buscar otras alternativas.

Los adultos supieron adaptarse a la situación, porque las tareas en el campo se realizan de día; además, muchos de ellos ya han vivido varios años sin luz (de hecho, solo el 35 por ciento de la población de la región Ucayali tiene luz eléctrica).

El problema mayor fue para los niños que van a la escuela y que en las noches realizan sus quehaceres y tareas.
“Claro, pueden estudiar, pero con mechero (que utiliza querosene y una mecha de tela), y eso afecta la vista y las vías respiratorias por el humo”, explica Jacques, un enfermero que trabaja en el lugar.

Energía vegetal

La naturaleza originó este problema; es la naturaleza la que debía solucionarlo. Eso no lo sabían los pobladores de Nuevo Saposoa, pero lo pensaba un equipo de profesores y alumnos de la Universidad de Ingeniería y Tecnología (Utec).

La idea surgió en las aulas de esta universidad, ubicada en Lima, la capital del país, pero había que ponerla a prueba en el campo.

Luego de recorrer Nuevo Saposoa, tomar muestras de la tierra y el agua, y de hacer algunas pruebas, el proyecto se materializó con un nombre corto y efectivo: Plantalámparas.

Elmer Ramírez, profesor de la Utec, explica que las ‘plantalámparas’ son lámparas eficientes de bajo consumo (300 lúmenes), fabricadas a partir de la fotosíntesis de las plantas.

“La plantas toman del medioambiente el CO2 (dióxido de carbono) y, debajo de la tierra, el agua y los minerales. A través de estos componentes, obtienen nutrientes para su desarrollo, pero los fabrican en exceso. Las plantas expulsan al terreno los nutrientes que les sobran y, en la interacción con diversos microorganismos en un complejo proceso electroquímico, generan electrones”, explica Ramírez.

El profesor aclara que ellos capturan esos electrones a través de electrodos y los trasladan a una batería. “Esa batería, ya cargada, permite encender una lámpara eficiente de bajo consumo”, dice.

Una 'plantalámpara' puede durar dos horas encendida y se recarga siempre con el mismo proceso que hemos explicado. No solo es un producto amigable con el ambiente, sino inacabable.

Cuando el proyecto había dado resultados en el laboratorio, había que probarlo donde se iba a aplicar.

Un grupo de profesores y estudiantes de la Utec viajó a Ucayali, tomó una embarcación en el río y navegó hasta llegar a Nuevo Saposoa, en plena selva.

Cuando reunieron a los pobladores –los más entusiastas eran los niños, como suele ser– y les explicaron el proceso por el cual una planta, como los miles de ellas que rodean este lugar, podía generar luz eléctrica, había cierta desconfianza.

Cuando se realizaron las pruebas y el primer foco se encendió, lo que hubo fueron risas nerviosas, como si se tratara de un acto de magia y no de ciencia.

“Es una energía renovable que tiene mucho que dar, puesto que tenemos plantas en todo el mundo”, explica Marcello Gianino, un joven alumno de esta universidad. Una compañera suya, Lauren Wong, resume así su satisfacción:
“La parte más bonita es ver el impacto que tienen nuestras obras, nuestro esfuerzo, y cómo esto sirve a los demás”.
Los resultados en la vida diaria de los habitantes de Nuevo Saposoa ya comienzan a sentirse.

Por lo pronto, varios niños esperan terminar la escuela para estudiar alguna carrera universitaria relacionada con la energía y el medioambiente. Cuando eso ocurra, el ciclo se habrá completado.

Ricardo León
Para El Comercio (Perú)

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