Rock al Parque, una institución

Rock al Parque, una institución

Ojalá esta expresión cultural siga irradiando su pregón de libertad a nuevos escenarios y ritmos.

01 de julio 2016 , 08:47 p.m.

Al llegar a su edición 22, el festival Rock al Parque parece reflejar su mayoría de edad: el encuentro gratuito de este género más grande de América Latina amplía su espectro, como sucede en medio mundo, para cobijar a diferentes ritmos, diferentes públicos, diferentes sonidos, aunque con la misma pasión del primer día.

Cuando hoy se abran las puertas del parque Simón Bolívar, en Bogotá, miles de jóvenes y adultos dispondrán sus oídos para recibir a las 61 bandas nacionales y extranjeras, sin que necesariamente estén atadas a los parámetros tradicionales del rock.

Por la tarima de estos tres días desfilarán propuestas de fusión tropical como la de Puerto Candelaria, sonidos del sur del país como los de Bambarabanda, y tonadas más delicadas, como las de Pedrina y Río. Esta apertura musical en nada resta legitimidad al festival que más hondo ha calado en el público de la capital. Es, por el contrario, una muestra de madurez y un tono de tolerancia más que bienvenido en las actuales circunstancias del país.

Y si bien los fanáticos de las guitarras y las baterías más radicales tendrán su cuota asegurada, con nombres como Sepultura, Napalm Death o Suicidal Tendencies, quizás el mensaje de este año se sintoniza con los nuevos vientos que soplan en Colombia, en el marco de escuchar otras voces y reconocer la diversidad.

Aunque parezca una paradoja, Rock al Parque ya es una institución. Por su historia han desfilado grandes exponentes de todas las vertientes del rock, con ediciones emblemáticas que han atraído a más de 400.000 espectadores en sus mejores días. Y esa trayectoria lo ha convertido en el decano de los festivales a cielo abierto en el continente.

Por ello su responsabilidad trasciende las fronteras del género musical que lo originó: es un mensaje de vitalidad y convivencia, una experiencia de comunidad que puede enseñar más lecciones de respeto que las que muchos jóvenes reciben en la academia.

Ojalá esta expresión cultural siga irradiando su pregón de libertad a nuevos escenarios y a otros ritmos. Que siga siendo al parque, aunque no parezca tan rock.

editorial@eltiempo.com

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