El manual del buen ciclista urbano en Bogotá

El manual del buen ciclista urbano en Bogotá

Respeto por el peatón, mantenimiento y una cadena para asegurar la 'bici', algunas recomendaciones.

notitle
01 de julio 2016 , 06:01 p.m.

Los ciclistas urbanos somos sinónimo de cambio, transformación, ejemplo de un modelo de vida según el cual la realización personal y profesional puede darse sobre dos ruedas, sin gasolina. De alguna manera, somos culpables de ‘enamorar’ a otros para que se unan a este fenómeno, que en Bogotá tiene registros para sacar pecho: 500.000 viajes diarios.

El respeto de automovilistas y motociclistas nos lo ganamos con el estilo como nos manejamos en la ciudad. Mientras Bogotá algún día se consolida como la ‘Ámsterdam’ de América Latina, hablemos un poco del ‘buen estilo’ del ciclista urbano.

El peatón es el ser supremo de la movilidad, el rey en el mundo del tráfico vehicular: es nuestro deber bajarnos de las bicis en puentes peatonales, respetar las luces rojas de los semáforos y evitar cualquier tipo de riesgo para las personas que caminan desprevenidas por andenes o ciclorrutas. Evitar la ira que caracteriza a los motorizados es nuestra misión.

El arte del equilibrio: la práctica hace al maestro, y en el ciclismo urbano es determinante el dominio de la bicicleta, el cual se gana pedalazo tras pedalazo. En los tramos donde no hay ciclorrutas o donde por su mal estado tenemos que brincar a la calle, el carácter que le imprimimos a nuestro trasegar lo transmitimos a los motorizados para evitar cierres, atropellos o caídas por el chillido de un pito estridente e intolerante. Aquí es necesario llenarse de valor, razonando que también tenemos derecho a un pedazo de pavimento.

Que no se nos pinche la cadena: al igual que los automóviles y motocicletas, la ciclas deben estar en óptimas condiciones con el fin de aligerar el viaje y evitar percances y/o accidentes. Deben estar en regla frenos, cadena, rines, corazas, balineras y sillín. La comodidad de una bicicleta redunda en la felicidad de nuestros recorridos.

Desinflarse o no desinflarse: ser ciclista urbano tiene sus exigencias; entre las más comunes, pedalear bajo la lluvia o un intenso sol, escalar cuestas y, por supuesto, solucionar autónomamente los pinchazos. Es necesario hacer escuela en eso de asumir con resignación el odiado percance, desmontar la llanta, quitar la coraza, buscar el orificio, pegar el parche, quitar la espina, la tachuela, la puntilla o el vidrio que nos desinfló; subir la llanta y llenar de aire el tubular. Hacerlo en menos de 15 minutos es autosuficiencia.

La cadena es lo único que nos ata: además de la indumentaria reglamentaria para viajar seguro en bici, como el casco, las cintas reflectivas y, si se quiere, guantes y gafas, también es imprescindible cargar una cadena para amarrar la bicicleta dondequiera que encontremos un sitio de parqueo autorizado. Un buen ciclista urbano no puede dar papaya para que le roben su ‘burrita’.

Ciclista urbano 7/24: una vez metidos en esto del transporte alternativo, nuestro compromiso evoluciona y se consolida. Como ya nos son insoportables la multitud del transporte público y los trancones, empezamos a pedalear cinco o siete días a la semana, con o sin lluvia, de día o de noche, pues nunca hay excusas para bajarse del aparato. Incluso, asumimos con tanta propiedad el asunto que llevamos a nuestra pareja a cine o comer helado, en barra.

CÉSAR PENAGOS
Especial para EL TIEMPO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.