La racionalidad en el proceso de paz

La racionalidad en el proceso de paz

Sentimientos como la venganza, el revanchismo y el odio, son más fuertes que el deseo de tener paz.

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01 de julio 2016 , 05:40 p.m.

Un gran porcentaje de la población colombiana ha respondido desde el no al anuncio del fin de la guerra acordado por el Gobierno Nacional y las Farc-ep. Inicialmente, se podría decir que esas personas prefieren la guerra; sin embargo, esta decisión no es racional (entendiendo por decisión racional aquella que maximiza el bienestar de una persona o de un grupo de individuos, en forma independiente de la situación o del ámbito de que se trate). John Elster, teórico social y político noruego, experto en constituciones, establece que las personas no toman decisiones racionales por tres razones, principalmente:

En primer lugar, porque no tienen la información suficiente o la que poseen es equivocada. Así, frente al proceso de paz se ha venido produciendo y reproduciendo muchísima información que no es cierta y que no corresponde con lo que realmente se ha acordado en La Habana frente a los distintos temas que se han negociado. Además, pareciera que en la mayoría de la población nacional existe un bajo, y en ocasiones nulo, interés por enterarse de manera directa de lo que sucede y se acuerda en los diálogos de paz, a través del acceso a la información pública.

En segundo lugar, las personas no toman decisiones racionales porque sucumben a las emociones. En este sentido, sentimientos o emociones como la venganza, el revanchismo y en general el odio, expresado de distintas maneras, así haga daño propio, son más fuertes que el deseo de tener paz. Adicionalmente, muchas personas que no han sido afectadas por el conflicto sí han sucumbido a ‘odios’ infundados de terceros, provenientes de tantos mensajes que invitan, de forma negativa, a rechazar el proceso de paz con las Farc, y se han convertido en verdaderos ‘promotores’ del no a las conversaciones de La Habana sin ningún fundamento de forma o fondo.

En tercer lugar están ciertas creencias y costumbres. Se dice popularmente que la costumbre hace norma: nos acostumbramos a vivir en guerra, y ‘pareciera’ que hace parte del diseño institucional formal e informal del país. Pareciera también, por lo menos para una parte significativa de los colombianos, que el imaginario de lograr vivir en un país en paz es imposible, y que este propósito de la sociedad solo tiene cabida en los sueños de unos ciudadanos idealistas.

El sueño de lograr la paz y poder vivir en un país en esta condición, con todos los beneficios y bondades que se derivarían de este, no puede ser solo el objetivo de un gobierno y algunos grupos de ciudadanos, debe ser un propósito integral y transversal para toda la comunidad nacional. Por supuesto, existe el poder de discernir, de no estar de acuerdo, debatir y proponer, pero, por la importancia mayor de este asunto, debe hacerse dentro del marco del respeto y con la mayor objetividad. Entrar en las trampas de la desinformación, la promoción del odio, el relacionamiento del proceso de paz con partidos y causas políticas únicamente, no solo no es racional, sino que les hace enorme daño al presente y al futuro del país. Las generaciones de hoy tienen una oportunidad dorada para entregar a las venideras un país en paz y con mejores niveles de desarrollo que los actuales.

Carlos Rojas Arenas
* Presidente ejecutivo, Cámara de Comercio de Casanare

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