Colombia: una máquina de hechos positivos

Colombia: una máquina de hechos positivos

Gustavo Castro C. presenta en su nuevo libro algunos de los logros del país por más de un siglo.

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30 de junio 2016 , 10:52 p.m.

Este libro incluye solo temas positivos que nos dan orgullo a los colombianos. Es consecuente con el reiterado reclamo ciudadano para que se difundan las cosas buenas del país.

Sus páginas exaltan a mujeres y hombres excepcionales, que han transformado sus sueños en triunfos, convirtiéndose en personajes del mundo. Registra sus hazañas, descubrimientos y ejecutorias en la ciencia, el deporte, la cultura, las artes y el emprendimiento, honrando a Colombia y generando unión y hermandad espontánea entre los colombianos que celebran sus victorias como propias.

Lo escribí para que las nuevas generaciones accedan a historias que no conocían; y para que los adultos y sus testigos las revivan. Es la sumatoria de proezas con ejemplos de vida para la niñez y la juventud.

Es el libro del orgullo colombiano, un inventario de historias magníficas, algunas poco conocidas, como este hecho magistral: una investigación de la BBC Mundo, (British Broadcasting Corporation), de Londres, eligió en diciembre de 2015 las cinco selecciones deportivas dominantes y más triunfadoras en la historia. Una de ellas fue la de patinaje de Colombia, que ha ganado 14 de los 24 campeonatos mundiales realizados. Nuestros patinadores han cosechado 280 títulos (medallas de oro); 176 de plata y 107 de bronce.

Las otras, fueron: el básquet de Estados Unidos, oro en los Olímpicos de 1992, 1996, 2000, 2008 y 2012. El fútbol de Brasil, campeón mundial en 1958, 1962, 1970, 1994 y 2002. El hockey sobre hielo, de la URSS, ganador de 22 de 34 mundiales; y el rugby, de Nueva Zelanda.

Millones de vidas han sido salvadas en el mundo por los marcapasos de Jorge Reynolds Pombo, (alumno aventajado de Albert Einstein); por el principio de las vacunas sintéticas para 517 enfermedades, de Manuel Elkin Patarroyo; la vacuna del ébola de Ana María Henao; la válvula de Salomón Hakim, y por el método madres canguro, de Édgar Rey Sanabria.

En el mundo reconocen la grandeza del sabio Rodolfo Llinás, en camino a ser Nobel; la del maestro Fernando Botero, conquistador de calles y galerías famosas del mundo; la de Gabo, “el inmortal”; Álvaro Mutis; Adriana Ocampo Uría, líder en la conquista del espacio; Nubia Muñoz Calero, postulada al Nobel de Medicina, y de la científica Martha Gómez, autoridad mundial en clonación. El talento de Carlos Hoyos, que hace 22 años inventó los drones para la fotografía, el cine y la televisión de Hollywood, y los murales de Obregón, en la ONU y el Vaticano. Forbes eligió a Shakira y Sofía Vergara, y la revista Time a Juanes, entre los personajes más influyentes del mundo.
Nuestros deportistas han conquistado más de 400 títulos mundiales. Aparte del patinaje: 93 en boxeo, 18 en ciclismo, 12 en clavados de altura, nueve en bolos y siete en actividades subacuáticas. Cinco en fútbol de salón, masculino y femenino. Cuatro en pesas. En karate, tres; en judo, tres; en béisbol, dos, y otros en atletismo, natación, tiro, gimnasia, hockey, nado con aletas, golf femenino… Y varios colombianos poseen récords Guinness.

Caterine Ibargüen lleva 34 triunfos mundiales en salto triple. Sara López es campeona mundial de tiro con arco, desde 2012. En patinaje, Yersi Puello tiene 27 medallas de oro mundiales, y Chechi Baena, 24. María Isabel Urrutia, 24; Mariana Pajón, 23, y cada una oro olímpico.

Despreciando todos esos logros, un connotado columnista afirmó hace poco: “Somos un país exuberante en fauna y flora, pero escaso en héroes”(…). “Los colombianos son dados a querer descrestar a los demás fanfarroneando con sus mediocres logros o sus hipócritas virtudes”. Los acusa de “falsos patriotismos”, de “dejarse creer que somos lo mejor del mundo”. Y generaliza: “los colombianos son ciudadanos medianamente honestos”.

Pero la grandeza de todos los colombianos protagonistas del libro es una respuesta contundente. Ellos refutan esa visión miserabilista, que recuerda un pasaje de La broma, de Milán Kundera, sobre la tragedia de Ludvik Jahn, en Praga, a raíz del triunfo de la revolución comunista. En una carta, Jahn le escribe a la mujer que está conquistando: “¡El optimismo es el opio del pueblo!”.

Preseleccioné e investigué 300 “grandes momentos de Colombia” y escogí poco más de 100. Otros temas pudieron estar en él, pero no cupieron todos. Los elegidos transitan desde los albores de la patria, antes de que fuera Colombia; la rebelión Comunera, (anterior a la Revolución francesa); el heroísmo y las independencias de Cartagena y Santa Fe; y la campaña libertadora que nos emancipó este 20 de julio hace 197 años.

Van de la Constitución del 86 a la del 91; repasan conflictos armados desde fines del siglo XIX, con énfasis y privilegiando los acuerdos de paz, como el que enterró en 1902 la guerra de los Mil Días; el que aplacó “la violencia política” en 1953; la tregua del Frente Nacional; la paz con el M-19, el Epl, y claro, la paz con las Farc, que cambia balas por votos tras 52 años de horror y muerte.

Según una investigación de Cifras y Conceptos, “hay un sentimiento positivo que están ejerciendo sobre los colombianos sus ídolos en deportes, cultura, entretenimiento... que nos unen e influyen en nuestro estado de ánimo”.
No es que “nos dejemos creer que somos lo mejor del mundo”, es que como ya hemos visto, lo somos en otras cosas, no solo en los mercados mundiales de café, esmeraldas, flores y carbón.

¿Será “fanfarronear con mediocres logros” que nuestros deportistas ostenten más de 400 títulos mundiales, amén de las conquistas de nuestros científicos, artistas, héroes, cineastas, y reinas, como Luz Marina Zuluaga o Paulina Vega Dieppa?

¿Es un falso patriotismo reconocer la gloria de Nariño, Santander, Acevedo y Gómez, y Camilo Torres; la de ingenieros como Julio Garavito, (con cuyo apellido fue bautizado un cráter de la Luna), y Antonio Páez Restrepo, que hace medio siglo impactó al mundo al correr el edificio Cudecom, de 8.000 toneladas? Ahí están los grandes éxitos de Martha Senn; los de Las Gaviotas, de Paolo Lugari; los de dos colombianos secretarios de la OEA; el de Cristian Samper entre los más famosos biólogos del mundo. La destrucción de un submarino Nazi por un buque de la Armada, en la Segunda Guerra Mundial, y el heroísmo de nuestros soldados en la guerra de Corea.

A veces, en el exterior saben que alguien es colombiano y le preguntan si es de la tierra de: Mutis, Reynolds, Llinás, Patarroyo, Juan Pablo Montoya, Nairo, Urán, James, la Toti, Shakira, Juanes, Vives, Lucho Herrera, el Pibe, Bacca o Falcao. Y destacan a muchos otros compatriotas universales.

Con frecuencia la prensa nos exalta; recientemente titularon: “Botero conquistó a China”, “Nairo otra vez campeón”; “¡Gabo inmortal en museo de Texas!”; “Respaldo total del Consejo de Seguridad de la ONU a Colombia”; “Fernando Gaviria otra vez campeón mundial”; “Dayana Cordero: título mundial de boxeo”; “El abrazo de la serpiente nominada al Oscar”; “Luis Alberto Moreno, reelegido por tercera vez en el BID”, “Mariana Pajón imbatible…”.

Muchos hechos del libro han inmortalizado imágenes que son del orgullo patrio, como la entrega del Nobel a Gabo; la ‘Operación Jaque’ que impactó al mundo. Los triunfos en el cine y la televisión, de Ciro Guerra, Carlos Julio Ramírez, Sofía Vergara, John Leguízamo, Julio Medina, Sergio Cabrera; las hazañas de Cochise, Kid Pambelé y el ‘Happy’ Lora.

Los batazos de Édgar Rentería, y Orlando Cabrera, que hicieron a sus equipos campeones de las Grandes Ligas. Los triunfos de Millonarios, el histórico ‘Ballet Azul’; de Santa Fe, campeón suramericano; las copas Libertadores de Nacional y Once Caldas; los de Jossimar Calvo y Jackeline Rentería; de la Selección Colombia campeona de América y consagrada, (como James Rodríguez) en Brasil 2014. El 1-1 Colombia vs.Alemania; el 4-4 con Rusia, el 5 a 1 a Brasil, en el Preolímpico 1980; el 5-0 a Argentina, Y la gloria de Marcos Col, Willington, el Tino, Rincón, Falcao, Bacca, el Tren, el Pibe, Higuita y su famoso escorpión. Los triunfos de Juan Pablo Montoya en la IndyCar y la Fórmula 1 que estimularon una generación de pilotos exitosos, como Tatiana Calderón Noguera, primera mujer en un podio de Fórmula 3 Británica, y en camino a la Fórmula 1

Están Helmut Bellingrodt, Bernardo Tovar, los títulos mundiales de la golfista María Isabel Baena; en la tragedia de Armero, la mayor operación mundial helicoportada de rescate; los heroicos pilotos del incendio del edificio Avianca; las más de 100 versiones mundiales de Betty la fea; el heroísmo de María Isabel Trujillo, en la Maratón del Desierto del Sahara; el desfile triunfal de Juan Valdez, en Nueva York.

El inolvidable 1, 2, 3, de Víctor Mora, Álvaro Mejía y Domingo Tibaduiza en la maratón de San Silvestre 1981. El de Carlos Huertas, Juan Pablo Montoya y Carlos Muñoz en la IndyCar, Houston 2014. El 1, 2, 3, de Miguel Ángel López, Nairo y Dayer Quintana, en el Tour de San Luis; otros del patinaje, y muchos 1, 2, como el de Nairo y Urán, en el Giro de Italia 2014.

Millones de honrados jóvenes y adultos colombianos, sobresalientes aquí y ante la comunidad internacional que los valora, desvirtúan eso de que “los colombianos son ciudadanos medianamente honestos”, como lo hacen millones de valientes e intachables familias que derrotan la pobreza, ascendiendo socialmente por méritos, a través del trabajo y el esfuerzo, y no mediante el dinero fácil e ilícito o la corrupción de algunos malos colombianos exaltados a veces por la televisión, que basa el éxito en el paraíso de los senos, en perversos modelos humanos de capos, sicarios venidos a más (“buenos”), y hasta de cantantes impunemente célebres.

Muchos protagonistas de Grandes momentos de Colombia provienen de hogares humildes, honestos, que superaron a pulso sus desventajas económicas. En lo más alto de los podios mundiales con gloria agitan nuestra bandera y gritan: ¡Viva Colombia!

GUSTAVO CASTRO CAYCEDO *
Especial para EL TIEMPO

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