Editorial: El 'brexit', un tiro en el pie

Editorial: El 'brexit', un tiro en el pie

El Reino Unido, en una especie de parálisis e incertidumbre, pone en vilo a la Unión Europea.

30 de junio 2016 , 08:40 p.m.

El tsunami económico y político desatado por la decisión, en referéndum, del Reino Unido de salir de la Unión Europea (UE) dista mucho de parar y está llevando a esa nación y a la UE al más temido de los escenarios: el de la incertidumbre, en el que una especie de parálisis ajusta los miedos y devela las mentiras o las verdades a medias de quienes hicieron campaña por el 'brexit'.

En el ámbito político, y a ocho días de cumplirse la consulta, la renuncia del primer ministro conservador David Cameron, aunque había prometido no hacerlo fuera cual fuera el resultado, pone en evidencia el desastroso manejo que le dio a la coyuntura, la pérdida de apoyo dentro de su partido y el aislamiento que sufrirá su país y que se hizo palpable en el reciente Consejo Europeo, en el que los demás líderes lo recibieron con frialdad y desdén.

La ecuación es sencilla: incluso fuera, el natural y más importante mercado de las exportaciones británicas es la UE. Ahora Londres deberá renegociar la manera de no perder ese acceso al mercado único a cambio, muy probablemente, de tener que ceder una de las líneas rojas que los demás Estados miembros le habían consentido antes: la libre circulación de trabajadores. Durante años el Reino Unido formó parte del bloque, pero imponiendo sus condiciones, como el hecho de no adoptar el euro como moneda única para conservar la libra esterlina, y negarse a ese libre tránsito. Hoy, el panorama es dramáticamente diferente.

Y ni hablar del tema escocés, cuyos líderes prometen volver a hacer un referendo para independizarse de Londres, pues votaron abrumadoramente para quedarse en la UE. En efecto, buscan los mecanismos para negociar directamente su incorporación, y eso no les gusta a España ni a Francia por temor a que así se impulsen nacionalismos internos.

Tampoco ha gustado que Cameron no haya invocado de inmediato el artículo 50 del Tratado de Lisboa, que habla del retiro voluntario de un país del bloque y que da dos años para negociarlo. Lo ha puesto a depender de la consulta interna de su partido en septiembre, como para que el nuevo primer ministro que salga de ahí sea el que agarre la papa caliente. Mala señal, porque Londres pone en vilo a toda la Unión por la mecánica interna de un partido, lo cual es un chantaje inaceptable para los demás líderes europeos.

A todo ello se suma que el principal promotor de la retirada, el exalcalde de Londres Boris Johnson, anunció que no se lanzará a remplazar a Cameron como primer ministro, quizás consciente de que lo que se viene para el país será muy difícil de manejar. Y Jeremy Corbin, el líder del laborismo, perdió un voto de confianza de su partido precisamente por hacer muy poco en la campaña para quedarse.

En lo económico el panorama parece más oscuro aún. La libra se desplomó a niveles no vistos hace 31 años y al país le rebajaron un peldaño su mejor nota financiera a AA, al igual que a la UE.

Por eso, como dijo Obama, y ante un hecho irreversible, lo mejor que pueden hacer Londres y Bruselas es “respirar”. Respirar para hacer bien el proceso de salida, o mejor, para minimizar los daños de una decisión que a los ojos del mundo fue como darse un tiro en un pie.

editorial@eltiempo.com

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