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Un disparo a la memoria / El caldero

Un disparo a la memoria / El caldero

Sándwich de brownie: en lugar de la galleta tradicional se trata de un bizcocho de chocolate.

Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
30 de junio 2016 , 06:34 p. m.

Una casata: así llamaban en mi infancia a esas galletas de helado que a veces llevaban mis padres a casa, y que constituía uno de nuestros postres favoritos, por lo general reservado para los fines de semana.

Su nombre venía de la tradicional cassata siciliana, que en realidad es mucho más que una galleta de helado, pues si está elaborada con todas las de la ley, lleva ricota, mazapán, fruta confitada y un delicado bizcocho.

Aquellas casatas, las de mi niñez, desaparecieron de mi panorama durante muchos años, pues las que fabrican industrialmente y ofrecen en los supermercados no son las mismas, por más que pretendan parecerse.

Hace poco, sin embargo, encontré, probé y disfruté una casata tan buena como las que guardo en mi memoria. No se llama así, sino sándwich de brownie, pues en lugar de la galleta tradicional se trata de un bizcocho de chocolate de ese estilo –¡mucho mejor!– y lleva en la mitad helado de vainilla o helado de chocolate.

Y para los que nos morimos por el cacao, se puede pedir con un shot de salsa de chocolate... cremosa, caliente... ¡como si fuera poco!

Me fascinó. No solo por el disparo a la memoria, sino también porque se trata de un postre que reúne las maravillas de la heladería italiana y del chocolate belga.

El lugar en donde ofrecen esta maravilla se llama Michelle y está ubicado en plena zona T –también hay uno, pequeñito, en el parque de la 93–, y el sándwich de brownie es solo uno de sus productos.

En realidad se trata de una heladería en la que hay conos y paletas, pero no cualquier cono ni cualquier paleta: son de verdad especiales. No solo por sus sabores –mascarpone, amarenas o straciatella, por ejemplo– sino también por la textura de sus helados.

No soy de los que piensan que lo mejor de un buen almuerzo o de una buena cena es el postre: de hecho, podría renunciar al postre sin problema, si este me impidiera disfrutar de una entrada interesante, por ejemplo.

Pero no hay duda de que un postre inolvidable –y un café a la altura– constituyen el cierre ideal de una comida en la que se ha invertido tiempo y cariño.

Y uno de estos sándwiches puede ser una opción ideal, sobre todo para quienes nos gusta meternos en la cocina e incluso inventar platos, pero con talento negado para las recetas de dulce.

Michelle. Carrera 12A n.° 83-24, Bogotá

SANCHO
Crítico gastronómico
elcalderodesancho@yahoo.com.co 

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