Turquía, blanco crítico

Turquía, blanco crítico

El atentado en Estambul tiene lugar en un momento crítico en términos de la política exterior turca.

29 de junio 2016 , 08:32 p. m.

Otra vez, la demencia en forma de fanatismo armado golpea a Occidente. Ahora el turno le correspondió a Estambul, puerta de entrada a Europa, bisagra entre el Viejo Continente y Asia y principal ciudad de Turquía, miembro insigne de la Otán.

El martes pasado, dos individuos –yihadistas ligados al Estado Islámico (EI), según todos los indicios– abrieron fuego de manera indiscriminada en el aeropuerto Atatürk para posteriormente inmolarse al detonar las cargas de explosivos que llevaban adheridas a su cuerpo. Ataque suicida e infame, cuyo saldo fue de 41 víctimas mortales y 239 heridos y que generó particular atención en Colombia, dada la incertidumbre que reinó durante varias horas sobre la suerte del gimnasta Jossimar Calvo, presente a esa hora en la terminal aérea.

El atentado, cuarto en un año en este país, que durante años supo mantenerse al margen de las tensiones que abundan en su vecindario, tiene lugar en un momento crítico en términos de la política exterior turca.

Y es que tras no pocas vacilaciones, que prendieron las alarmas entre sus aliados de la Otán, el gobierno de Recep Tayyip Erdogan endureció por fin su postura frente al Estado Islámico. De acuerdo con algunas lecturas críticas de cara a dicha agrupación, el EI habría aplicado la máxima ‘el enemigo de mi enemigo es mi amigo’. Esto, en alusión al pueblo kurdo, por décadas antagonista de Ankara y que hoy es también férreo contrincante de la agrupación terrorista. Coincide también con el propósito de normalizar relaciones con Israel y Rusia, tras episodios en los que mostró una actitud desafiante hacia ambos.

En este complejísimo y a veces enrevesado ajedrez que se ha generado en torno a la amenazante irrupción de Isis, el papel de Turquía es fundamental. El desafío ahora, para un gobierno que decidió nadar contra la corriente que representan décadas de laicidad, imprimiendo un controversial sello religioso en la esfera pública, es el de enviar un mensaje contundente respecto a que sus prioridades, no obstante lo anterior, son las que señala el sentido común.

Esto es, velar por la seguridad de todos los ciudadanos, cuyas vidas son moneda de cambio para los cobardes, y ser aliado efectivo de quienes hacen causa común para contener a Isis y su barbarie.

editorial@eltiempo.com

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