En camino de recuperar paz y convivencia

En camino de recuperar paz y convivencia

El presidente Juan Manuel Santos se ha salido con la suya. No fueron en vano sus empeños y esfuerzos

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29 de junio 2016 , 05:41 p. m.

Mientras el terrorismo cosecha el espanto de los asesinatos de al menos treinta y seis seres humanos en uno de los aeropuertos de Estambul, la bella ciudad de Turquía, en Colombia seguimos celebrando el acuerdo de paz entre la autoridad legítima y las Farc, tanto más habiendo tenido efecto inmediato. Es sensación de alivio que compensa pesares y amarguras anteriores y abre la puerta a nueva etapa de trabajo constructivo y de servicio a la patria común.

Aunque respecto del condicionamiento a la aprobación del plebiscito, convocado por el Gobierno, se dé por descontada la respuesta afirmativa de la abrumadora mayoría de los colombianos y las Farc, a su turno, no se sientan limitadas por tal requisito en cuanto se refiere a la vigencia del pacto solemnemente suscrito en La Habana.

Cuando se oían los anuncios de cese del fuego de ambas partes y de renuncia al uso de las armas por esa guerrilla, no se suponía que a una y otra las habían precedido acuerdos minuciosos sobre tantos aspectos de detalle, sin dejar nada al azar. La lectura engorrosa de los borradores preliminares deja la sensación de trabajos y desvelos previos en la penumbra, que habrían de servir de insumo para los acercamientos y avenimientos finales. No es de poca monta haber definido el destino inmediato de las milicias de las Farc en todo el país, localizándolas en 23 zonas “veredales” y 8 campamentos, con condiciones específicas dentro del proceso de reintegración.

Tema caliente ha sido el de permitir, o no, hacer política a los insurrectos acogidos al plan de paz y reconciliación. Pese a las voces discordantes en este punto neurálgico, y teniendo en cuenta ilustrados antecedentes, todo converge a la luz verde para cuantos reúnan las calidades en cada caso exigidas, así este sapo a muchos compatriotas atragante, empezando por el autor de estas líneas. Gobiernos anteriores sentaron precedentes que no parece factible ignorar, conforme se deduce de las declaraciones paladinas del jefe de los negociadores, Humberto de la Calle.

Se ha omitido hasta ahora aludir a la eventual conexidad de la subversión con el narcotráfico. Siendo verdad reconocida en varias oportunidades, valdría la pena clarificarla, al menos en cuanto se roza con lo porvenir, yendo a la raíz del problema, al cultivo de las plantas de coca y a su eventual erradicación. ¿Hasta dónde habría permisividad de las autoridades y hasta qué grado del proceso de producción y comercialización?

Los mismos interrogantes cabrían en relación con la minería ilegal, aunque no sean de similar significación en su comprometimiento humano y en su área de trabajo extractivo. No se sabe exactamente cuál habrá de ser la actitud de las autoridades frente a estas dos actividades, hasta ahora ilícitas e ilegales por naturaleza y, de consiguiente, reprimibles.

En general, el país se encuentra satisfecho con los logros obtenidos y dispuesto a disfrutar de una Colombia en paz, no obstante la testarudez del Eln y de los grupos al margen de la ley que de una u otra manera trafican con fines ilícitos. Quizá el mayor radio de acción de las autoridades para reprimir andanzas criminales, sin exponerse a topar con cuadrillas mimetizadas de las Farc, ya en trance de legalización, las capacite para obtener mejores rendimientos, y la sensación de paz esté al alcance de todos los compatriotas. El presidente Juan Manuel Santos se ha salido con la suya. No fueron en vano sus empeños y esfuerzos.

Respecto de la economía mundial, no cabría ignorar el sismo provocado por la salida de la Gran Bretaña de la Comunidad Europea. Por su peso específico, habría de tener vastas y profundas repercusiones. Las está teniendo, y a nadie le es permisible ignorarlas. Así hubieran sido fruto maduro de su voluntad plebiscitaria.


Abdón Espinosa Valderrama

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